El satélite de la luna

Clarividentes

sábado, 16 de diciembre de 2017 · 00:07

“La  clarividencia  es una hipotética capacidad de  percepción extrasensorial  que permitiría a algunas personas recibir información de acontecimientos futuros.  No existe ninguna evidencia científica de que tal capacidad exista, sólo existen testimonios de personas que se adjudican a sí mismas esta capacidad” (Wikipedia).


Para justificar la “rererere”, el ministro de Gobierno, Carlos Romero, ha puesto en el tapete de la política nacional una nueva controversia, al afirmar que una de las capacidades de Evo Morales que justifica nuevos mandatos es el ser “clarividente”.


No tardaron en aparecer evidencias de esa tesis. El infame fallo leído por el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) no sorprendió a nadie en el MAS; por supuesto no a sus presuntos redactores (“¡Maitre Pathelin!”, les dijo sarcásticamente J.A. Morales), menos a los visionarios militantes que ya habían proclamado a su líder para una elección aún lejana.


A su vez, el émulo local de Teodoro Obiang Nguema previó con claridad meridiana que en la siguiente elección ganaría cómodamente con “más del 70%” de los votos, poniendo en serios apuros al Tribunal Supremo Electoral, en plena tarea de auditar un impugnado Padrón Electoral, con la ayuda de la OEA.


En la reciente posesión del Alto Mando de las Fuerzas Armadas, el Presidente - incapaz de decepcionar lo que él “siente” que el pueblo quiere (otra manifestación de clarividencia)- instó a los militares a prepararse para el tiempo después de la victoria en La Haya. Aunque no especificó cómo, queda claro que su percepción del futuro veredicto de ese Tribunal Internacional no deja margen de acción a unos jueces conocidos por su “salomonidad”.


Los últimos días han confirmado que la clarividencia se contagia, especialmente en el sector de los hidrocarburos.


Durante la firma de precontratos de exploración, el Ministro de Hidrocarburos ha dado nuevas muestras de sus tradicionales facultades adivinatorias, detallando volúmenes y rentas de pozos aún no perforados. Así, su clarividencia de las reservas de gas no fue suficiente para convencer a Petrobras.


Sin embargo, en esta semana se ha superado a sí mismo -en una demostración de que prever el futuro no implica necesariamente conocer el presente- declarando que la planta de úrea no estaba parada. Luego tuvo que corregir esa aseveración, diciendo que se trataba de un paro por “mantenimiento programado” (a tres meses de la inauguración y después de dos años de retrasos y pruebas). No tardó mucho el Ministro de marras en recuperar sus dotes clarividentes, precisando, sin ruborizarse, que el paro se debía a una falla electrónica: ¡programar una falla no es de hombres, es de dioses!


 En este concurso de clarividencia, no podía faltar el Vicepresidente, cuyas pericias mentales no son inferiores  a las de nadie. Hablando sobre el mismo tema con la lucidez que lo caracteriza, no sólo confirmó la clarividencia de su colega de gabinete, sino que nos previno que habrá más fallas y paros en el futuro, porque toda planta que cuesta mil millones de dólares al pueblo suele tener fallas y paros.


Tanta concentración de clarividencia en Bolivia en estos días es asombrosa y puede volverse epidémica. La OMS, la OEA, las NNUU y la inefable Ministra de Comunicación ya deberían estar tuiteando. Lástima que no hubo clarividentes en los casos Catler, Fondioc, Zapata y Banco Unión.

¡Cuánto nos hubiésemos ahorrado en dinero y en juicios! 


En fin, semejante derroche de fenómenos paranormales me trae a la mente a un famoso prestidigitador que hacía desaparecer un conejo dentro su sombrero cada noche. Cuando le preguntaron cómo lo hacía, respondió cándidamente: “No lo sé; no soy yo. ¡Es el conejo que es capísimo para esfumarse!”.

Francesco Zaratti es físico. Twitter: @fzaratti

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