El satélite de la luna

El aborto, desde la ley, la ética y la cultura

sábado, 03 de junio de 2017 · 12:00:00 a.m.
No pensaba referirme a la controversia en torno al aborto, pero la tajante línea editorial y la asimetría con que el periódico que me aloja en La Paz trata esa temática me obligan a hacerlo sin tapujos, con la libertad que nace de la amistad y el respeto.

Soy un católico convencido de las bondades del Estado laico, opinión que he sostenido en varias sedes, y creo que uno de los aciertos de la actual CPE es haber afirmado con claridad que Estado e Iglesia son distintos y tienen misiones distintas, pero no separadas, porque tanto el Estado como la Iglesia miran al mismo pueblo y buscan su bienestar, aunque por diferentes medios y con diferentes fines.

Aceptar la laicidad del Estado implica que sus gobiernos pueden aprobar las leyes que se les canten, mientras esas leyes tengan la legitimidad de responder al mandato de la mayoría de la población. Por ejemplo, aprobar una ley que obligue a los niños a consumir hojas de coca seguramente encontraría la resistencia de las familias.

Por su parte, la Iglesia debe respetar las leyes vigentes, aunque no le gusten y vayan en contra de sus enseñanzas. Sin embargo tiene también derecho a proclamar la verdad de Cristo y a exigir el respeto a la libertad de conciencia de sus seguidores. Más aún, siempre conservará la mirada misericordiosa hacia las personas involucradas en un pecado (antes que delito), no con el afán de "despenalizar” el pecado o de imponer actos de heroísmo a las madres, sino de perdonar y redimir a la persona, mirando a las mil causales que ninguna ley puede llegar a contemplar y supliendo la resignación, y la abdicación del Estado a fomentar soluciones en favor de la vida, alternativas al aborto.

Dando por descontado que el MAS tiene la mayoría suficiente para aprobar cualquier ley, cabe preguntar si es legítima una ley que amplía inconsultamente las causales del aborto. No comparto en absoluto la propuesta de dirimir esa cuestión mediante un referendo, pero una consulta bien hecha puede ayudar a los asambleístas a percibir el sentir de sus electores, sin tener que actuar atemorizados por grupos de poder y de interés, como los que operan al interior del MAS en torno a esta temática.

Entre las falacias que se repiten hasta el cansancio, está la que pretende que el tema del aborto sea un tema exclusivamente de mujeres, como si ellas engendraran solas al nuevo ser, o si, al llevar una vida en su vientre, no asumieran también una responsabilidad social de la buena custodia de esa vida. Cabe preguntar: ¿cuáles mujeres? ¿Todas? ¿Las embarazadas o las que aún pueden embarazarse? Niñas y adultas mayores abstenerse. Por otro lado, si es lícito hablar sólo de lo que se experimenta, ¡únicamente deberían tener voz las mujeres que han abortado alguna vez!

Se reivindica el derecho a "decidir sobre mi cuerpo”, aunque de ahí a justificar la eutanasia y el suicidio hay sólo un paso. En fin, es "mi cuerpo” y con él puedo hacer lo que quiero, hasta inmolarlo en medio de un concierto con niños presentes. No son temáticas sencillas ni dirimibles a nivel general. Cada país, con su cultura y sensibilidad ante la vida y la muerte, es un mundo diferente. De hecho, subsisten cuestiones abiertas a un mayor debate científico y ético.

Sin embargo, en Bolivia resulta incomprensible e injustificable la hipocresía de un gobierno nacido con la careta (una de las tantas) de la revalorización de las culturas indígenas. ¿Sabrán algo Evo Morales y David Choquehuanca acerca del nivel de rechazo al aborto que se da en el campo? 

¡Son ésas "nuestras” culturas y no la imposición globalizante de activistas de las Naciones Unidas y de ONG multinacionales alineadas con la que el "Hermano Papa Francisco” condena como  "cultura del descarte”!

Francesco Zaratti es físico  y analista.
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