Folio político

¿Se puede enfrentar eficazmente el cambio climático?

sábado, 29 de abril de 2017 · 12:00:00 a.m.
La conferencia sobre el cambio climático de París, celebrada entre el 30 de noviembre y el 12 de diciembre de 2015, alcanzó vitales acuerdos reconocidos por 195 países. Por ejemplo, fue trascendental reconocer que debe limitarse el calentamiento del planeta tierra por debajo de 2° C a partir del año 2020, redoblando los esfuerzos para colocarlo en 1,5° C. Los países industrializados deben implementar planes de actuación con el fin de mitigar el cambio climático por medio de la reducción drástica de sus emisiones de dióxido de carbono.

La Unión Europea y otros países desarrollados tendrán que seguir financiando la lucha contra los efectos devastadores del cambio climático, ayudando al mismo tiempo a los países en vías de desarrollo a reducir sus emisiones y aumentando sus posibilidades de resiliencia ante los efectos del deshielo del Polo Norte. Sin embargo, se presenta como algo imposible el hecho de detener la máquina del desarrollo con el objetivo de reducir los efectos demoledores del aparato industrial y la racionalidad instrumental del capitalismo global.

¿Cómo se podría generar un pacto sostenible entre los intereses económicos de las grandes potencias del mundo, la supervivencia de las futuras generaciones y la preservación de los equilibrios medioambientales en el mundo? ¿Se puede pactar con la madre naturaleza para evitar desastres ecológicos masivos? Estas preguntas no tienen respuestas inmediatas en los debates sobre el cambio climático como emergencia universal.

La principal duda en cuanto a las soluciones para enfrentar al cambio climático gira en torno al poder de la economía, que siempre se impone por encima del medioambiente y los desastres naturales. Las acciones políticas no son capaces de regular por completo las alteraciones y posibles efectos devastadores provenientes de la explotación irracional de los recursos naturales, donde el consumo de fuentes de energía limpias y contaminantes, por igual, responde a los intereses económicos y a la industrialización constante, antes que a la protección de los ecosistemas.

El optimismo está a punto de terminar mal porque las economías de las potencias industrializadas, junto con los países en vías de desarrollo, no pueden comprometerse a trabajar en un tratado único con el propósito de establecer nuevos fondos para afrontar el cambio climático y estimular transformaciones en los patrones de conducta de millones de ciudadanos, acostumbrados a no prever posibles catástrofes medioambientales.

Los acuerdos de París del año 2015 entraron en vigencia en marzo de 2016 y se espera que 195 países firmen sus compromisos hasta el 23 de abril de 2017. Pero, el nuevo presidente de  Estados Unidos, Donald Trump, fue enfático al considerar que el cambio climático es una retórica improbada y se negó a reconocer los acuerdos apoyados por Barack Obama en París. Si Estados Unidos no se une fervientemente para proteger los compromisos de París, otras potencias como China, India, Rusia y algunos países árabes seguirán por su lado, desbaratando un esfuerzo global para combatir el cambio climático como un hecho que, necesariamente, debe restringir los procesos de industrialización y crecimiento económico.

El cambio climático golpeará con mayor inclemencia a los pobres y la gente sencilla de América Latina. Según la organización internacional no gubernamental Save The Children, prácticamente 175 millones de niños en el mundo morirán al año por desastres naturales y como consecuencia del cambio climático. Debemos luchar por la supervivencia infantil previendo muchas acciones. A veces, se pueden realizar cambios simples, por ejemplo, dejar de comer carne vacuna. Está comprobado que el consumo de carne es una forma de desperdiciar el uso del agua y, además, crea muchos gases de efecto invernadero, poniendo una enorme presión sobre los recursos de la tierra.

Una dieta vegetariana será mejor. La efectividad, entonces, no pasa necesariamente por esperar que las potencias industriales y los organismos internacionales hagan algo. Aquí hay mucha incertidumbre. Parte de la solución está en la sociedad civil y en los patrones de consumo: ser vegetariano, utilizar bicicletas, negarse a comprar tecnología computacional y telefónica. Ser más austero y volver, en gran medida, a las conductas frugales del siglo XIX podría ayudar enormemente. ¿Es esto posible?

Franco Gamboa Rocabado  es sociólogo político, catedrático de ciencias políticas de la Universidad Mayor de San Andrés.