Raíces y antenas

Lava Jato vs O bem amado

domingo, 19 de febrero de 2017 · 12:00:00 a.m.
Brasil es conocido por su excelente dramaturgia televisiva.  Seguramente mucha gente de mi generación recordará O Bem Amado, del genial guionista Dias Gomes.  Cabe recordar que la trama de la novela era sobre un político corrupto que administraba Sucupira y cuyo principal objetivo de política pública era inaugurar un cementerio, en una ciudad donde nadie se moría. O novelas más recientes, como Baila conmigo, Roque Santeiro, Vale tudo o Avenida Brasil, que poblaron las noches de millones de telespectadores en el mundo con sus mirabolantes historias de amor, tracciones, intrigas, corrupción y engaños. Pero estas obras de ficción, muy bien logradas, fueron superadas con creces por novelón, Lava Jato, escrita con sangre, robo, y cinismo por la clase política brasileña, tanto de izquierda como de derecha, en el corazón de la empresa petrolera más grande de América Latina. 
 
 En los años 80, Cazuza, el poeta y roquero,  profetizaba en su música, El tiempo no para, lo que pasaría en el vecino país: "En las noches de frío es mejor no nacer, en las noches de calor, se elige matar o morir. Y así nos convertimos en brasileños. Te llaman de ladrón, de maricón, de marihuanero. Transforman el país entero en un putero, pues así se gana más dinero. Tu piscina está llena de ratas. Tus ideas no corresponden a los hechos. El tiempo no para. Yo veo el futuro repetir el pasado. Yo veo un museo de grandes novedades. El tiempo  no para. No para. No para” 
 
 Y el tiempo no paró y la piscina, en realidad, era un inmenso lago de corrupción donde se ahogaron ideales, principios e ideologías del proyecto político que más esperanza había suscitado en Brasil y toda América Latina. El Partido de los Trabajadores y su líder histórico, Ignacio  Lula da Silva,  sucumbió  al poder del dinero, así de simple. Los partidos tradicionales, como el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el Partido de la Social Democracia Brasileño (PSDB) y otros también participaron del asalto al Estado, mejorando prácticas deshonestas ancestrales originadas en el coronelismo, el prebendalismo y el populismo de los años 30.  Asesinaron a mansalva a la Nueva República, como fue conocido el periodo posterior al régimen militar en Brasil. Odorico Paraguasu, el político corrupto de la novela O bem amado,  se reencarnó en centenas de senadores, diputados y ministros que inauguraron, no solamente el añorado cementerio, sino centenas de obras públicas amañadas que les posibilitó llenarse de dinero los bolsillos por varias generaciones, como es el caso emblemático del exgobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, quien está preso junto a su esposa.  
 
 Pero como para bailar el tango de la corrupción se necesita dos, parte importante del sector privado constructor, las "empreiteiras” como las llaman en portugués, también entraron de lleno en los negocios. Políticos y empresarios hicieron centenas de contratos lesivos al Estado brasileño. La Nueva República fue substituida por la Patria Contratista. 
 
 El mejor ejemplo fue Odebrecht, considerada por mucho tiempo como la mayor empresa de infraestructuras de América Latina, la constructora brasileña tiene ahora su reputación hecha añicos por revelaciones según las cuales montó una red de pago de sobornos a políticos y funcionarios en una decena de países del subcontinente. Según informes de prensa, Odebrecht habría pagado más de 780 millones de dólares en sobornos, asociados a más de 100 proyectos en varios países. Sin embargo, hay que entender el fenómeno desde una perspectiva más integral: no es sólo Odebrechet, podrían estar comprometidas también OAS, Camargo Correa y otras empresas brasileñas, porque esto es un rebalse, a la región, del gran escándalo de corrupción "Lava Jato” en Brasil.
 
 El caso Odebrecht es la punta del iceberg que muestra una forma de gobernar mafiosa público-privada que se instituyó en Brasil. La compañía dijo que invertía un millón de dólares para recuperar cuatro millones; es decir, la "mordida” estaba en torno al 25% del negocio.
 
 Este esquema de corrupción, realizado por las empresas de construcción, ha afectado el alma del sistema político brasileño y ha contaminado a Perú, Venezuela, Ecuador y Colombia. Algunos políticos de estos países habrían recibido sobornos de la empresa  Odebrecht. 
 
 En 2014 Odebrecht tenía ingresos por 30.000 millones de dólares, casi el tamaño del PIB boliviano. En el país la empresa brasileña realizó dos obras: en 1993 hizo la carretera Santa Cruz-Trinidad y en 2007 el tramo carretero El Carmen-Arroyo Concepción. Ojalá que estos contratos hayan sido conseguidos de manera lícita, pero no estaría mal investigar. 
 
 En Brasil hay una pelea feroz entre un "establishment” político tradicional que estuvo involucrado en serios problemas de corrupción, cuyo principal ejemplo es "Lava Jato”, y un Poder Judicial que busca mantener su independencia para así llevar adelante procesos que podrían ayudar a lavar el alma de Brasil. La crisis política es muy sería y el gobierno del presidente Michel Temer no tiene ni la legitimidad ni autoridad moral para resolverla. En realidad es parte del problema.
 
  No se vislumbra una salida en el corto plazo y si a ello sumamos la crisis económica en curso en el vecino país, la situación es muy delicada y amenaza con desestabilizar a ciertos vecinos de la región latinoamericana.  El diagnóstico es reservado, pero todo el mundo asiste día a día a la novela que superó la ficción. El culebrón "Lava Jato” es mejor que el clásico O bem amado.  Los Odoricos Paraguasus salieron de la obra de Dias Gomes y tomaron el poder, muchos de ellos levantando el puño izquierdo, pero lleno de sucio dinero. 
 
Gonzalo Chávez A. es economista.
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