Raíces y antenas

El futuro de las empresas en las nubes

domingo, 03 de septiembre de 2017 · 12:00:00 a.m.
Que los refrigeradores se conecten directamente con supermercados para auto abastecerse, que desde el automóvil se puedan encender las luces de la casa antes de llegar, que ciertos productos se los elabore de manera personalizada, que se pueda predecir con cierto grado de precisión la cantidad de lluvias para la agricultura, que los autos no tengan conductores, que la traducción de idiomas se la haga en tiempo real, que la empresa más grande del mundo de taxis no tenga un sólo coche o que la mejor clase de robótica del MIT se la pueda tomar desde Villazón son algunos pocos ejemplos de los grandes cambios que se están produciendo en el mundo empresarial. Detrás de estas innovaciones y transformaciones comerciales y culturales están ideas como: la Big Data, el internet de las cosas, la minería de datos y otras revoluciones  tecnológicas. Hoy quiero comentarles dos libros que de manera similar y fascinante intentan responder: ¿Cuáles son los modelos de negocios y tendencias estructurales que están por detrás de todos estos revolucionarios cambios? ¿Qué tipo de empresas están ya navegando en los mares de competencia cibernética? Para dar respuesta a estas y muchas otras interrogantes, por un lado, está  el libro de Thomas Friedman Thank You for Being Late, que es una investigación periodística magnífica y también el trabajo  de Andrew McAfee y Erik Brynjolfsson Machine, Platform, Crowd, de características más académicas.
 
En la era de la aceleración cibernética, McAfee y Brynjolfsson sostienen que las empresas e instituciones deben jugar en tres tableros de ajedrez simultáneos. Primero, lo que es la inteligencia artificial (AI por sus siglas en inglés); segundo, está el uso intensivo de plataformas; y tercero, la descentralización de la innovación y la producción de bienes y servicios.
 
La AI  lleva a las empresas, en todos sus procesos,  a una división/complementación más radical entre el hombre y la máquina, que ahora comparten la inteligencia para realizar un trabajo. La inteligencia que gestiona datos, procesa información, analiza informes, hace predicciones y experimentos, realiza frecuencias, comparte opciones, usa métricas, cada vez más,  la están haciendo las máquinas. En cuanto, la inteligencia que usa el sentido común,  la intuición, la creatividad, el sentimiento para tomar decisiones, la empatía para manejar gente continuará por mucho tiempo bajo el control de las personas. Las complementariedades de ambas inteligencias, la artificial y la humana son múltiples y complejas. En este nuevo contexto, el desafío de cada empresa o institución deberá ser encontrar su justo medio entre ambas inteligencias, nos dice Friedman.
 
En concreto, la administración, la contabilidad, la comunicación, la logística, por mencionar cuatro áreas de una empresa, cada vez será hecha por la AI, pero el liderazgo, la visión de un proyecto, el cierre de un negocio y las oportunidades dentro de una compañía seguirán por mucho tiempo siendo dominio de la gente, trabajadores y gerentes.
 
El segundo cambio profundo en curso es el uso de las plataformas en el internet. Empresas reales que tienen espejos virtuales o empresas que sólo existen, en lo que Friedman llama, la supernova o la nueve del ciberespacio. Aquí es donde convergen el poder de las máquinas que trabajan en red, el poder de los flujos que democratiza el conocimiento, las nuevas ideas, el asesoramiento médico, la innovación, el comercio, la colaboración, pero también temas delicados como el terrorismo, el tráfico de drogas, los rumores y el fanatismo. La red también impulsa el poder de uno. Como nunca en la historia de la humanidad una persona tiene acceso a mucha información y conocimiento, con sus virtudes y peligros. Finalmente, la supernova   amplifica el poder de muchos, la mayoría de los seres humanos actuando en red pueden movilizarse e influir sobre varios temas desde los medio ambientales hasta asuntos religiosos. El poder de las plataformas a nivel empresarial ha revolucionado los modelos de negocios. La mayor empresa de taxis del mundo no posee un solo carro (Uber), la más grande empresa de hoteles no tiene un sólo cuarto (Airbnb), o la empresa minorista más gigante del planeta no posee inventarios (Alibaba). En el mundo virtual, y a través de las plataformas, se crearon nuevos mercados. Productores y consumidores se encuentran en páginas web y compran, venden o intercambian millones de productos o servicios cada segundo.   
 
Para McAfee y Brynjolfsson, el tercer cambio es desde el núcleo hasta la multitud. El núcleo son las grandes empresas, las gigantes instituciones centralizadas, las enormes corporaciones, los centros de investigación únicos. La multitud se refiere a los participantes (proveedores, freelancers, investigadores, programadores, diseñadores, contadores y decenas de otras actividades) descentralizados, auto-organizados. Estos se juntan en la red, ya sea para desarrollar el diseño parcial de un software, contribuir a Wikipedia o la investigación del genoma humano.  Las multitudes anónimas y competentes trabajan conectadas creando, innovando, produciendo y vendiendo complementariamente a las grandes instituciones o compitiendo con ellas.
 
El economista Ronald Coase sostenía que cuando los costos de transacción para producir un bien o servicio son altos, las empresas hacen estas tareas internamente, por ejemplo investigación y desarrollo de producto. Pero con la revolución de la información, los cambios en la tecnología y la sociedad en red bajaron radicalmente los costos, por lo que producir bienes o servicios fuera de la empresa (outsourcing) ha crecido significativamente. Parte de un programa de software de la gigante Microsoft está siendo hecho en Cochabamba y el diseño de la nueva cafetera de General Electric la crea un ingeniero en Bangalore.
 
Estos son cambios y desafíos polémicos, difíciles y complejos tanto para las empresas como las personas pero como dice Friedman la era de la aceleración no parará. Así que no queda otra que respirar profundo y enfrentar los desafíos.

Gonzalo Chávez es economista.
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