Raíces y antenas

Ir a la escuela es una gran pérdida de tiempo

Ir a la escuela es una gran pérdida de tiempo
Ir a la escuela es una gran pérdida de tiempo
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domingo, 04 de marzo de 2018 · 00:15

El informe sobre el Desarrollo Mundial 2018 del Banco Mundial (BM) titulado Aprender para hacer realidad la promesa de la educación  es un torpedo directo a la línea de flotación de los resultados sobre desarrollo económico en el mundo porque muestra lo poco que hemos avanzado en materia de educación de calidad. 

Si hay un consenso en el debate económico y social -que también está presente en el imaginario popular- es que la educación es central en la lucha contra la pobreza, en la búsqueda de una mejor distribución de los ingresos y, al final, en el cambio del modelo de desarrollo. No obstante  esta unanimidad, los resultados en este tema aún son muy pobres porque las políticas públicas se sobreconcentraron en la escolarización, medida en los años que los niños y los jóvenes asisten a las escuelas y no así en el aprendizaje.

El Informe del BM estima que 1.500 millones de párvulos van a algún colegio por año en el mundo. Financiar esto representa el 5% del producto mundial, pero los resultados son vergonzosos.  

En algunos países de África se pidió a alumnos del tercer grado que leyeran una frase muy sencilla como: el perro se llama Fito. El 75% de ellos no entendió lo que leía. En la India o en Brasil, los estudiantes tienen enormes dificultades de hacer operaciones aritméticas de dos dígitos. En Nicaragua, en  2011, de los alumnos de tercer grado, sólo la mitad pudo resolver la suma de cinco más seis. Bachilleres de América Latina no entiende textos universitarios básicos.  

El informe presenta muchos casos de éstos y resalta también la brecha educativa con los  países desarrollados. Por ejemplo, a Brasil, al ritmo que avanza ahora, le tomará 75 años alcanzar la puntuación promedio en matemáticas de los alumnos de los países ricos; en lectura, le llevará más de 260 años. No quiero ni pensar si estos datos se calculan para Bolivia.  

Ahora bien, estas informaciones son paradójicas, porque en África y América Latina han aumentado los niveles de escolarización. Más niños y jóvenes van a la escuela e inclusive obtienen un diploma. En Bolivia, en 2016, el 91% de la población de seis a 19 años de edad asistía a una unidad educativa. Para el mismo año, los años promedio de estudio eran de 9,34%. 

Si bien el BM no usa los datos del país, analizando realidades económicas y sociales similares sostiene que el hecho de que más niños y jóvenes vayan al colegio es una pérdida de tiempo y de recursos, pero sobre todo una gran injusticia, en especial para los hogares más pobres, porque a muchas familias se les ha dicho que la educación mejoraría sus oportunidades e ingresos. 

Analizando los datos de varios países en vías de desarrollo,  el mensaje central del Informe del BM es que escolaridad no es lo mismo que aprendizaje.  Éste está en una gran crisis  económica y moral, de la cual prácticamente somos responsables todos. 

En efecto, los niveles de aprendizaje son muy bajos, existen muchas desigualdades entre ricos y pobres, y entre hombres y mujeres, por ejemplo. Y los avances, que sí los hay, son muy lentos.

Las razones para el déficit de aprendizaje son múltiples. Los niños y jóvenes llegan a la escuela malnutridos, con hambre y algunas veces enfermos. En los colegios existe poca participación de los padres y los profesores no tienen competencias, son mal pagados, con bajísimos niveles de motivación y en muchos países los maestros se refugian en corporaciones burocráticas para  defender sus intereses grupales. Además, los niños y jóvenes encuentran aulas sin condiciones de trabajo, no existen insumos escolares y menos aún tecnología. Así mismo, la mala administración y gobernanza conspiran contra el proceso de aprendizaje. 

¿Qué hacer frente a este panorama dramático? El informe del BM recomienda: primero, medir, evaluar, analizar y entender de manera más profunda el fenómeno. Sobre todo usar indicadores cualitativos y comparables. Por ejemplo, participar de los exámenes PISA. 

Por supuesto que a los gobiernos sólo les interesa inaugurar infraestructura, mostrar datos de

cobertura de educación e índices de alfabetización general. No hay métricas para medir la calidad. Y este es, justamente,  el segundo desafío según el BM: calidad y participación. 

Profesores, administrativos, hacedores de políticas públicas, padres de familia  y comunidad deben construir coaliciones y alinear a todos estos actores para que todo el sistema favorezca al aprendizaje. 

Tercero, al que madruga Dios lo ayuda. Cuando más temprano se inicie con la educación de calidad mejores preparados estarán los alumnos de grados posteriores. Nada como una muy buena base de preparación. 

Finalmente, el Informe del BM sugiere usar las tecnologías de la información de manera selectiva y cuidadosa. No es una solución mágica. 

Siempre es bueno recordar que la creación de riqueza y desarrollo están en el capital humano basado en una educación de calidad, especialmente ahora que vivimos la cuarta revolución industrial basada en el cambio tecnológico.  El capital humano es fuente inagotable de los recursos más poderosos que se conocen: las ideas. El crecimiento económico y el desarrollo sostenible dependen de la producción de ideas y del conocimiento colectivo. Los productos y los servicios, y la distribución de éstos pueden ser vistos como conglomerados de ideas.
 

Gonzalo Chávez A. es economista.

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