Alias Agatha

¿No hay nada más que debatir?

¿No hay nada más que debatir?
¿No hay nada más que debatir?
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viernes, 15 de diciembre de 2017 · 00:04

“La acción sólo es política si va acompañada de la palabra, del discurso (…). Es gracias a la acción y a la palabra que el mundo se revela como un espacio habitable, un espacio en el que es posible la vida”.


Cuando Hanna Arendt desarrolló esta y otras reflexiones en torno a la política y a la construcción de la esfera pública, ciertamente no pensaba ni en Bolivia ni en el siglo XXI. Sin embargo, considero pertinente “traerla” a este contexto, dados los recientes acontecimientos sobre la posible e inconstitucional candidatura del presidente Evo Morales Ayma, en las próximas elecciones nacionales, y particularmente por las recientes declaraciones de Álvaro García Linera.


Hace tres días, el Vicepresidente boliviano afirmó en una conferencia de prensa que el referendo del 21F (2016) y la decisión del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) del 28N (2017) “simplemente son dos temas distintos y no hay nada más que debatir”.


Sin embargo, esta declaración es rotundamente cuestionable. Primero, por la distancia que se pretende establecer entre un evento y otro, cuando en ambas ocasiones, el oficialismo buscó la postulación indefinida de Evo Morales como candidato presidencial. La negación del 51,3% de los bolivianos a esta opción en el 21F instó a los oficialistas a buscar otro recurso, utilizado por el TCP, para satisfacer el anhelo del gobierno de turno. 


Un anhelo que contradice la citada consulta ciudadana, la Constitución del Estado Plurinacional –aprobada por voto popular en 2009– y las tantísimas declaraciones del oficialismo (ahora demagógicas) sobre la democracia y el respeto al electorado. 


Por ende, no puede afirmarse que son dos temas distintos. Por el contrario, la decisión de los representantes del Tribunal Constitucional, ha logrado invisibilizar y deslegitimar la acción política ciudadana, del 21F, en términos de la citada Arendt.


Pero además, ahora se pretende dar el debate por concluido, alterando nuevamente la condición política de los ciudadanos y sus representantes; marcando una distancia cada vez mayor con el Estado de Derecho, con un Estado democrático.


Aunque Arendt tiene algunos cuestionamientos sobre este tipo de organización política, resalta permanentemente la necesidad de respetar la pluralidad para motivar el intercambio discursivo entre los miembros de un orden social. Asimismo, insiste en la necesidad de incentivar espacios públicos  que permitan “iluminar los sucesos humanos al proporcionar un espacio de visibilidad y revelar quiénes somos mediante la acción y la palabra”. 


Estos escenarios tienen el potencial de reunir a los sujetos y motivar su acción colectiva, pues. “los humanos tenemos el extraño poder de interrumpir los procesos naturales, sociales e históricos” afirma la teórica alemana. Por lo mismo, los dueños del poder, embriagados del mismo, cuestionan o vetan este tipo de iniciativas de debate e interpelación ciudadana, porque temen el cambio que pueda producirse, a partir de las mismas.


En Bolivia, ese temor se hace cada vez más visible en el oficialismo. Por ello, pretenden dar el debate por concluido, alegando criterios poco creíbles, tales como la distancia entre el 21F y el 28N o el supuesto “destino divino” del presidente boliviano, que éste utilizó recientemente para justificar su exacerbada ambición política. 


En este contexto, la ciudadanía debe actuar con urgencia y consistencia, de manera inteligente, articulada y constante. Fomentar, ampliar y sostener espacios, en las redes o en las calles, para continuar con el debate público, que conduzca a una acción política colectiva para resistir a la imposición oficialista. De lo contrario, en términos de Arendt… Nos habremos quedado sin vida. 

Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación. 

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