Alias Agatha

Renovar, una necesidad fundamental

Renovar, una necesidad fundamental
Renovar, una necesidad fundamental
Por 
viernes, 29 de diciembre de 2017 · 00:04

“Latinoamérica ha cerrado el año sin grandes cambios en su escenario político, con una tendencia de los gobernantes y los votantes a la reelección y un presagio incógnito para 2018 sobre si ha llegado o no el momento de las alternativas”. Así inicia una importante y alarmante nota de la agencia española EFE, difundida hace una semana por diferentes medios del continente. 


En aquella  se explica la tendencia en la región por mantener y reelegir líderes políticos, “en desafío a la Constitución de sus países”, como es el caso venezolano y boliviano.  


Pero también  se advierte la falta de candidatos, nuevos y pujantes, que puedan marcar una diferencia en sus respectivos países. Chile es un ejemplo, pues a pesar de respetar el mandato constitucional, la presidencia se ha sorteado, en los últimos 11  años entre Michelle Bachelet (2006-2010; 2014-2018) y Sebastián Piñera (2010-2014; 2019-2023). 


“Es increíble ver cómo los expresidentes (y los actuales) buscan y buscan reelegirse (...) deberíamos ver nuevas caras, nuevas propuestas, nuevas ideas” comenta el analista Armando Regil, en consulta con la agencia EFE. A pesar de la claridad de esta afirmación,  y aunque para muchos parezca obvia, creo pertinente insistir en reflexionar ¿por qué es importante la renovación en la política? 


Considero que se deben contemplar tres factores fundamentales para responder esta pregunta. El primero es de índole conceptual, pues uno de los pilares fundamentales de la Democracia es precisamente la rotación del poder. Además, como el factor histórico puede evidenciar, la rotación debe venir acompañada de la renovación para hacer posible el progreso social. Por último, y como varios filósofos han advertido, la permanencia excesiva en el poder conduce inevitablemente a una descomposición, llena de arbitrariedades y castigos, donde se busca eliminar la diferencia para mantener la dominación.  


Como ya mencioné en artículos anteriores, es imposible pensar la Democracia sin la rotación del poder. Este sistema político -originariamente griego- fue readoptado en la era moderna por los ilustrados y progresistas, que buscaban sepultar el absolutismo longevo de la monarquía medieval. El poder, antes consagrado a una sola familia y a un heredero en particular, debía rotar entre líderes de diferentes tendencias, a través del voto popular. 


Esta característica, entre tantas otras, le otorgó a la Democracia un valor político y social trascendental. Por ello, millones de ciudadanos en el mundo han buscado sostener este sistema y otros miles han insistido en retomarlo, cuando lo vieron cooptado por ordenes dictatoriales. Tal es el caso argentino, boliviano o chileno, en la segunda mitad del siglo XX. 


Sin embargo, en ese contexto histórico, no sólo se buscó el retorno a la Democracia, sino la renovación del orden político y social, a la cabeza de jóvenes dirigentes, urbanos y rurales. Desde entonces, el cambio estuvo asociado a las nuevas generaciones políticas y el progreso se reafirmó como resultado de la innovación y la renovación. 


Por lo mismo, en las elecciones bolivianas de 2005  la mayoría de la población apoyó a un candidato joven, diferente e innovador, quien pudo acceder a la presidencia precisamente porque el sistema democrático lo permitió. 


No obstante, hoy se busca quitar esa opción del orden político boliviano  al alterar las normas y leyes que nos rigen, y al pretender promover otras tantas, con la finalidad de impedir la innovación política y un nuevo -y necesario- proceso de cambio. 


Esto es consecuencia de la decenaria vigencia de los actuales mandatarios, que ha confirmado el peligro más perverso de la política: su adicción. Por ello, es fundamental promover la renovación política; sin ésta, la perversión humana y social es casi inevitable. 


Ahora, sólo queda pensar si podremos hacer algo para evitar este alarmante destino o si nos dejaremos engullir por tal perversión.  

Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación. 

150
9

Otras Noticias