Alias Agatha

Por el arte

viernes, 14 de julio de 2017 · 12:00:00 a.m.
Hablar de liberales y anarquistas es comparar el día y la noche en numerosos elementos. Sin embargo, cual aura que conecta a la luz con la oscuridad, ambas corrientes han compartido un interés común: su voluntad por fomentar el arte. 

La obra arquitectónica de inicios del siglo XX, época triunfal de los liberales, que aún tiene secuelas (cada vez más escasas) en la ciudad de La Paz, o el desaparecido teatro en las minas, dirigido por el eterno anarquista Liber Forti, son ejemplos de esta curiosa relación. 

Sin embargo, en la Bolivia plurinacional se extraña no contar con una política concreta para fomentar el arte y las culturas, más allá de un anteproyecto de ley y una serie de premios en nombre de un héroe, quien poco tiene que ver con el mundo artístico. 

¿Qué demora desarrollar esta política pública? 

Inicialmente, la respuesta recaería en los límites presupuestarios. Sin embargo, considero que la política de arte y culturas aún está pendiente por dos razones fundamentales: el intento por cooptar lo artístico bajo la ideología de turno, que sería frustrado al contar con una política institucionalizada, y el desinterés por el arte en sí mismo, a pesar de su valor humano, cultural y social. 

En 1935, en el congreso de los escritores antifascistas, el novelista austriaco R. Musil ironizó sobre el arte en servicio a determinadas ideologías. "La política puede concernir a todos... como también la higiene. Pero no debe pedírsenos que desarrollemos por ‘ella’ una pasión especial”. 

Cabe aclarar que esto no contradice el intento por generar reflexión desde el arte (como propuso Stuart Hall (2012) en relación a los museos y su posibilidad de inspirar provocativos pensamientos sobre la historia de las sociedades). La diferencia es que la reflexión no debería estar condicionada. Artista y espectador deben ser libres en su interpretación. 

Actualmente, y felizmente, el país goza de esa libertad. Sin embargo, puede perderse si se continúa fomentando obras casi exclusivamente relacionadas con la pseudo "revolución cultural”. 

Pues, precisamente en la multiplicidad radica una de las principales riquezas del arte. Multiplicidad de formatos, géneros, intérpretes y productos culturales que incitan el desarrollo humano y, en consecuencia, el social. 

Contemplar una paleta de colores sobrepuestos, sonreír al escuchar una composición musical, perpetuarse en las páginas de un libro, conmoverse con una propuesta actoral, son acciones producidas por el arte que permiten generar sensibilidades para mejorar nuestro ser en sociedad. 

Además, como afirmaba Hall, el arte puede permitir ver el pasado de una sociedad, pero también visualizar su futuro. La sociología del arte y ramas afines han coincidido en ver en el arte una posibilidad para entender la sociedad y proyectarla. Los artistas se caracterizan siempre por su mirada vanguardista, aún cuando presentan obras clásicas. 

En ese entendido, ¿cómo no invertir de manera estructural e institucionalizada en la orquesta sinfónica nacional, en una escuela actoral o en mejorar la que ya existe de bellas artes? 

Al respecto, me sumo a las palabras del director teatral Oskar Eustis, al abrir un espectáculo de Shakespeare en un parque público, lejano a los que nos rodean: "creemos que (el arte y) la cultura pertenece a todos; eso significa que es y debe ser un derecho fundamental”. 

Que así sea. 

Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación. 
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