Alias Agatha

Whiphalas vemos…

Whiphalas vemos…
Guadalupe Peres-Cajías
viernes, 11 de agosto de 2017 · 12:00:00 a.m.
"   Hermanas y hermanos gracias a la conciencia del pueblo, gracias a la lucha de los movimientos sociales y especialmente del movimiento campesino, indígena, originario (…) hemos recuperado nuestra identidad, y como consecuencia nuestra dignidad y soberanía (…) Los pueblos indígenas del mundo entero debemos estar organizados, unidos y movilizados para defender la vida en el planeta (…) Nuestra Madre Tierra está amenazada, la propia existencia de la familia humana está en peligro, nosotros nos hemos convertido en el principal peligro que afronta la misma humanidad”.

En abril pasado, el presidente Evo Morales Ayma hacía esta y otras declaraciones, en el Foro de las Naciones Unidas, respecto al 10° aniversario de la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas del Mundo.

Como en otras ocasiones, su capacidad discursiva lo hace parecer en el ámbito internacional -e incluso todavía en el nacional- como un verdadero defensor de los pueblos indígenas, su soberanía y sus derechos, violentados durante siglos.  

Hoy, frente a la aprobación del proyecto de ley 266, que elimina la intangibilidad del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) y con su promulgación, prevista para este domingo,  se reconfirma la contradicción entre las expresiones meramente enunciativas y el ejercicio práctico del gobierno de turno, en relación al mundo indígena. ¿Por qué?

Porque a diferencia de lo que muchos creímos (el "nosotros” es intencional), el gobierno de Evo Morales construyó un sistema simbólico, utilizando recursos del mundo indígena, para legitimar su apuesta política y, principalmente, su llegada y permanencia en el poder. Sin embargo, como ha ocurrido históricamente en el país: "lo indígena” es el medio, pero no el fin.  M. Foucault (1971, 1977) sostuvo que las estructuras de dominación necesitan construir aparatos discursivos que les permitan sostenerse, a través de una legitimación reconocida por la población. 

La biografía del presidente de turno y la connotación de la misma en las poblaciones usualmente marginadas; la presentación de la whiphala como una bandera paralela a la tricolor republicana; la nominación del "Estado Plurinacional”; el uso oficial de vestimentas que combinen telas europeas con trazos "originarios”, han sido parte del aparato simbólico construido estratégicamente por el Movimiento Al Socialismo (MAS). 

La intención, evidenciar una representación indígena y plural. No obstante, el desconocimiento del Decreto 22610 de 1990, que implicó una victoria para los pueblos del oriente boliviano, al reconocerse su autonomía y soberanía territorial, legitimada posteriormente con la Ley INRA de 1996, así como el olvido de la Ley 180 de 2011, expresa lo contrario.  

Más aún, por los modos en los cuales se ha producido esa contradicción. La intervención en Chaparina, en 2011; la posterior y estratégica división de la población originaria, en pro del poder central; la reciente expulsión policial de los opositores a la nueva ley, en la Plaza Murillo; los tantos insultos a los dirigentes de ese sector son ejemplos que muestran el fondo de la voluntad política del MAS, en relación a las poblaciones indígenas:  

Ser originario de estas tierras sólo parece tener sentido si se coincide con los criterios del presidente y su séquito masista. Aquel que tenga un pensamiento diferente o, peor aún, el que ose contradecir a la máxima autoridad boliviana y su entorno, pierde su condición y sus derechos como indígena. Se lo llama "hermano” en intervenciones públicas, pero se lo golpea e insulta al plantear cuestionamientos. Perversa estrategia, cuando el verdugo sonríe a su víctima. 

Frente a estos acontecimientos, y en vista de que somos nosotros, los ciudadanos, quienes permitimos que un poder se legitime como tal… ¿es posible seguir creyendo en el aparato simbólico indígena del actual gobierno? ¿Es posible seguirle atribuyendo el lema de "gobernar obedeciendo al pueblo”? 

Dejo las preguntas a mis estimados lectores que lo siguen haciendo… al menos, duden.
 
Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria y especialista 
en investigación en comunicación. 
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