Alias Agatha

Si estoy en tu memoria…

viernes, 12 de enero de 2018 · 00:04

Dicen que aquella mañana hacía frío en la ciudad de La Paz. El cielo estaba gris. “El clima parecía presagiar la tragedia”, afirma Luis González Quintanilla. Pero fue recién en la tarde cuando tuvo lugar.

Entre las 17 y 17:30, narran algunas crónicas. Entonces, se escucharon disparos tan fuertes “que el piso se movía”, cuenta Gloria Ardaya, la única sobreviviente de la masacre de la calle Harrington, uno de los eventos más crueles de la dictadura de Luis García Meza. 


Faltando tres días para  conmemorarse los 37 años de este fatal suceso, y en el marco de las múltiples demandas actuales en defensa de una democracia plena, considero importante analizar cuáles podrían ser los principales aprendizajes que nos dejó, como sociedad, este acontecimiento en particular.


Inicialmente, cabe mencionar que Luis Suárez Guzmán, Arcil Menacho Loayza, José Reyes Carvajal, Ramiro Velasco Arce, Artemio Camargo Crespo, Ricardo Navarro Mogro, Jorge Baldivieso Menacho y Gonzalo Barrón Rendón fueron asesinados por defender y buscar el retorno a la democracia, a través de un  determinante compromiso político, marcando un punto de inflexión en la última dictadura militar en Bolivia y en su historia republicana.


La democracia en Bolivia fue interrumpida en 1964, con el golpe de Estado encabezado por el general René Barrientos. Y de manera casi continua, el periodo de dictaduras se extendió hasta 1982. En todo ese fatal corte de tiempo, la ciudadanía –principalmente juvenil– se vio obligada a buscar maneras para retornar a un sistema político, que, a pesar de sus imperfecciones, ofrece la posibilidad de renovación política, la libertad de expresión, la interpelación y construcción ciudadana y el respeto a la diversidad. 


Por ello, en los países que se vieron ensombrecidos por las dictaduras miles se sacrificaron para poder recuperarla. Bolivia no fue la excepción. Los asesinados en la calle Harrington fueron parte de ese sacrificio. No por nada son recordados, junto a otros, como “los mártires de la democracia”. 


Pero no fue sólo el fatal destino de los ocho dirigentes el que inspira a recordarlos, sino el compromiso asumido con sus ideales políticos. Como indica Dehymar Antezana, “ese día la calle Harrington (…) si bien se tiñó de luto, los hombres que asumieron el sacrificio de la intolerancia e ignorancia militar, se convirtieron en un ícono de valor y compromiso para sus compatriotas”.  En plena dictadura, cuando la consigna era obedecer al punitivo régimen o “caminar con el testamento bajo el brazo”, como advirtiera Luis Arce Gómez (entonces ministro del Interior), asistir a una reunión política parecía una imprudente locura. Pero para sujetos políticos con convicciones determinantes esta era una tarea más en la resistencia. La acción política era una consigna, muchas veces, de vida.  


“¿Hoy todavía es posible la acción en ese sentido enfático? (…) La máquina digital y la máquina del capital ¿no constituyen una terrible alianza, que aniquila esa libertad de acción?”, se cuestiona Byung-Chul Han en un ensayo sobre el contexto actual de movilización política. 


Me sumo a esa interrogante, pues incita a pensar si el compromiso político que se asumía otrora, como en el periodo dictatorial, es posible en la coyuntura actual. Hoy, cuando el sujeto político, principalmente juvenil, tiende a actuar casi exclusivamente a través de las redes sociales; hoy, cuando los intereses particulares parecen sobreponerse –más que antes– a los colectivos. 


Sin ánimos de idealizar el pasado, sí pienso que hoy aún falta fortalecer el compromiso político que permita consolidar la defensa de una democracia plena. Marchas, protestas, “posts”, “tweets” y otras expresiones de descontento y rechazo, al intento gubernamental de desvirtuar la democracia en Bolivia, son importantes. Sin embargo, si carecen de una convicción más sólida no podrán tener sostenibilidad en el tiempo. 


¿Cómo hacer para lograr esto? Formarse, leer, entender y también recordar. No se puede olvidar el costo de la democracia, ni a aquellos que la hicieron posible. Como reza aquella consigna: “Si estoy en tu memoria, soy parte de la historia”. 

Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación. 

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