Alias Agatha

¿Por qué Chile se resiste a negociar?

¿Por qué Chile se resiste a negociar?
¿Por qué Chile se resiste a negociar?
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viernes, 23 de marzo de 2018 · 00:04

“Lo que se gana con sangre, no se regala”; “Lo que Bolivia no conquistó peleando como hombres, hoy pretende conseguirlo lloriqueando como mujeres”; “El mar es y será siempre nuestro. Si estuviera vivo, Bolivia sería Chile y Evo mi chofer” (consigna impresa en una foto del dictador Augusto Pinochet).

Con ese tono, cientos de internautas -aparentemente chilenos- respondieron a una publicación reciente de la cuenta de Twitter del presidente Evo Morales, sobre la demanda boliviana en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), en La Haya.

Aquellas expresiones –aunque no son oficiales y tampoco representan a toda la ciudadanía chilena–  parecen ilustrar los recientes alegatos orales del vecino país. Estos pretenden refutar los argumentos presentados por Bolivia para instar a Chile a negociar, respecto a una posible salida soberana al Pacífico.

Tal como dijo el agente de la defensa chilena, Claudio Grossman, “La disponibilidad de un Estado a conversar con sus vecinos no acredita una obligación a negociar, ni menos de llegar a un acuerdo”. 

Sin embargo, cabe recordar que la negociación no sólo es parte de las relaciones diplomáticas, sino humanas, que pretende conducir a soluciones que dirimen las posturas encontradas. En ese sentido, ¿por qué el Estado chileno se resiste a tal práctica, en el marco del juicio en La Haya?

Además de los alegatos de la parte chilena –que contradicen las instancias históricas para negociar con el Estado boliviano– habría que pensar en la forma en cómo Bolivia ha encarado esta demanda y en la dificultad histórica –transversal a la condición humana– de reconocer la otredad para negociar con ella.

Los recientes alegatos orales, de la delegación chilena, han girado en torno a la negación de la posibilidad de negociar. Sin embargo, sus representantes –tanto Daniel Bethlehem, como Jean-Marc Thouvenin, Kate Parlett y Sam Wordsworth– coinciden en reconocer que hubo capítulos de diálogo entre ambos países, lo que justificaría la viabilidad a la demanda boliviana para negociar.   

Estas declaraciones contradecirían la expuesta por Bethlehem: “La invocación de Bolivia apela al sentimiento, no al derecho”. Pues si sólo se tratara de sentimiento, el Estado chileno no habría tenido ningún acercamiento a Bolivia para tratar el tema marítimo. Y si fuera un conflicto meramente emocional, la CIJ no habría aceptado proceder con el juicio solicitado por el Estado boliviano.

Por lo mismo, es importante ser lo más racionales y analíticos en relación a esta demanda, como lo han ilustrado, en sus declaraciones y alegatos orales, los abogados que representan a Bolivia (Antonio Remiro Brotóns, Amy Sander, Payan Akhavan y Mathias Forteau).

Esta capacidad para utilizar datos y argumentar a partir de los mismos debe ser replicada a lo largo de la discursividad boliviana, diplomática, académica y ciudadana. Pues una de las falencias bolivianas, que podría explicar parte de la resistencia chilena a negociar, es el tono agresivo que ha utilizado Bolivia contra Chile, en el marco de la demanda marítima.

Desde el historiador Roberto Querejazu, al nominar a su libro Chile, enemigo de Bolivia antes y después de la Guerra del Pacífico (2004), hasta las expresiones de líderes políticos que han expuesto discursos “explícitamente beligerantes e incitadores respecto a la recuperación de una salida al océano Pacífico” (como afirma el texto de H. Vera (2009) sobre las fiestas cívicas en el contexto nacionalista del siglo pasado), Bolivia ha planteado un tono de resistencia y enfrentamiento frente a Chile, que poco ha contribuido a su causa.

Sin embargo, esta forma de encauzar la demanda marítima podría cambiar si se sostuviera y transversalizara el reciente discurso del presidente Evo Morales al respecto. Sereno, respetuoso y conciliador –como quizás no se lo veía hace mucho– muestra un avance de Bolivia, no sólo en el marco del juicio en la CIJ, sino en la valiosa capacidad de dialogar con el otro, con el diferente.

Ojalá Chile acepte la invitación de Morales para que “impere la razón” y “recuperar la confianza entre países vecinos”. Y ojalá el Presidente replique estas ideas en otros asuntos de interés nacional.

Guadalupe Peres-Cajías

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