Alias Agatha

Conversemos

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viernes, 06 de abril de 2018 · 00:05

Exacervados, reactivos, polarizados y enfadados. Así se han mostrado los ciudadanos bolivianos en el contexto de las redes sociales, en los últimos años. El enojo colectivo parece desatarse con facilidad.

Basta la difusión de una canción folklórica para enardecer a la crítica feminista cibernética, la presentación de la obra de una artista para que mentes cerradas quieran lanzarla a la hoguera o el discurso de un político para que sea reprimido por su línea opositora.

 
Todo lo que tiene un rango “controversial”, por fuera y dentro de la arena política, parece desatar reacciones extremas y efusivas, sin necesariamente pasar por filtros de información, reflexión ni de consideración por el Otro. 


Este contexto, aunque no es reciente, preocupa cada vez más al ilustrar la fragmentación entre los integrantes de nuestra sociedad. En consecuencia, se pone en riesgo el concretar un proyecto común nacional, o al menos, se dificulta el camino para alcanzarlo. En aras de evitar aquello… ¿qué podemos hacer los ciudadanos para sabernos más integrados?   


Inicialmente, sugiero recordar la propuesta de Habermas (1986, 2000) para la construcción de la esfera pública, donde el diálogo y la racionalidad crítica jugarían un rol fundamental. A esto, sumarle la sugerencia de Benjamin Arditi (2005) de crear “un espacio polifónico en el cual múltiples voces hablan desde distintos lugares de enunciación”. 


En la Grecia de los Sofistas, el diálogo era entendido como el arte de la discusión. Pues para estos intelectuales, el significado de lo que se decía no radicaba necesariamente en los contenidos, sino en el cómo aquéllos eran expresados.    


Así, a diferencia de un mero intercambio lingüístico, el diálogo se perfilaba como una sofisticada manera de entablar una conversación con el Otro, que sería idealizada por autores posteriores, como el citado Habermas. Para este, sin el reconocimiento del Otro ni el acierto de saber cómo interactuar con él, sería imposible generar entendimiento. Ergo, el “nosotros” sería imposible y el futuro de la sociedad también. 


En ese sentido, los insultos, las expresiones peyorativas o los adjetivos que deslegitimen al interlocutor deberían reconsiderarse en futuras interacciones. Más aún, porque aquellas formas agresivas son representaciones de un bajo nivel reflexivo.


Esto último permite pensar en otro elemento idealista, propuesto por Habermas, para la construcción colectiva: el uso de la racionalidad crítica en el ámbito de lo público. Esto implicaría “una discusión argumentada”. Es decir, la posibilidad de interactuar con el uso de referencias, datos y reflexiones complejas sobre los temas públicos en cuestión. ¿Cuántas veces se busca información o referencias antes de “re-twittear”, “likear” o comentar? 


La prisa a la cual nos arrincona la dinámica contemporánea, ilustrada en el uso de las redes sociales, tiende a justificar la falta de este paso previo (y sumamente necesario) en el proceso de interacción.

Sin embargo, los minutos que se otorguen a la pesquisa informativa podrían salvar a los interlocutores de expresar contenidos que acaben por fragilizar el vínculo con el Otro.


Ese Otro, expresado con mayúsculas voluntariamente, parece ser el elemento que más cuesta administrar en el proceso comunicativo contemporáneo. Pues es aquél quien representa el temor de nuestros tiempos: la diferencia. 


Para ello, la sugerencia de teóricos como Arditi -sobre la polifonía, multiplicidad y diferencia de voces que deben fomentarse en la construcción política y social- es fundamental. Pues en estos conceptos se reconoce a la diferencia, al Otro, y al hacerlo, se visibiliza la construcción de un nosotros.


La tendencia cada vez más frecuente por interactuar exclusivamente con quien comparte nuestro criterio y negar o, dicho en términos cibernéticos “bloquear”, al Otro, motivados por la falta de inclusión de la diferencia, impedirá que podamos pensar en un proyecto común de beneficio colectivo.


A partir de todo lo mencionado, considero fundamental autoreflexionar sobre nuestra propia forma de interactuar y celebrar escenarios que pretenden construir un diálogo reflexivo y plural. Entre ellos, el espacio “Conversemos”, inaugurado anoche por la Alianza Francesa. 


En buena hora. Ojalá más nos sumemos a esta práctica.
 
Guadalupe Peres-Cajías es docente universitaria y especialista en investigación en comunicación. 

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