Nada es lo que parece

Cómo derrocar a un tirano

viernes, 01 de diciembre de 2017 · 00:58

1º Recordando que un tirano no aparece de la noche a la mañana.Que comenzó desde el primer día de su gobierno cuando recibió la banda presidencial con lágrimas de cocodrilo para que todos juntos compartamos la emoción de tanta democracia. Por fin el indio presidente que todos esperábamos. Un indio que por haber vivido la opresión colonial tenía derecho a vengarse, a sancionar, a insultar, a perseguir a los colonizadores, como si eso fuera justo. Pero dos tercios estaban ciegos y un tercio quería seguir creyendo que todo tiempo pasado fue mejor.


 2º Sabiendo que un tirano es un tirano; no importa que parezca indio.


Hasta que los indios que son indios dijeron que quieren seguir siendo indios y que no querían convertirse en cocaleros y marcharon el año 2011 por tierra y territorio y, sobre todo, para que la dignidad de la identidad indígena no sea usurpada. Y el tirano desenmascarado, revelada su piel imperial y su conciencia colonizadora, respondió con la represión en Chaparina e inmediatamente después, otra vez con lágrimas de cocodrilo, les dijo que él era indio, que cómo los iba a traicionar, que ahí estaba la ley para asegurar la intangibilidad del TIPNIS. Pero era mentira. Ahora sabemos que un indio no nace indio sino que un indio se hace indio.


 Que el tirano se deshizo indio y, bajo él, siglos de lucha anticolonial se convirtieron en la paradoja del racismo invertido para alegría del tirano y discursos victimizados de los pobrecitos indios pachamamistas para asombro de la cooperación internacional.


 3º Sabiendo que un tirano es un usurpador; no importa que parezca democrático.


Entonces se cayó el precio del gas. Entonces se supo del engolosinamiento del tirano por la Zapata.

Entonces la corrupción aquí y allá y más allá nos ahogaba en su inundación incontenible. Pero el tirano contraatacó, seguro de su tiranía de colores nos desafió a jugar en su cancha de elecciones a votar en el referéndum de febrero de 2016. Y entonces perdió. Preparó el escenario de su venganza durante un año y nos violó el martes 28 de noviembre de 2017.


 4º Sabiendo que un tirano es solamente un tirano; no importa que parezca inmortal.


Doce años de tiranía no se superan fácilmente, al fin y al cabo hemos elegido a nuestro propio tirano a nuestra propia medida. Por nuestros propios traumas. Históricos, políticos, subjetivos. Porque cada cual cava su propia sepultura. Pero en esta sepultura democrática radica nuestra propia liberación.


 5º Expulsando al tirano de nuestras entrañas, no sólo b/votándolo del palacio.


No todo tiempo pasado fue mejor. La democracia que nosotros construimos el 82 fue insuficiente y deficiente. Mientras lo vayamos derrotando en las urnas y en las calles tenemos que expulsarlo de nuestras entrañas; tenemos que entender que la democracia no se reduce a la elección sino que se extiende a la vida política cotidiana. Elegimos un tirano porque renunciamos a la política. No lo debemos volver a hacer. Todos debemos ser políticos y respirar política.


 6º Construyendo unidad, pero no una unidad cualquiera.


No toda unidad es buena. Una unidad electoral sólo para más elecciones no sirve de nada porque repite los vicios del pasado. Una unidad de bloqueos y huelgas sólo para expulsar al tirano tampoco sirve porque no hay con quien sustituirlo. Una unidad de resistencia para más y mejor democracia no es suficiente porque fueron precisamente esos traumas los que nos condujeron a este tirano.

Necesitamos una unidad para diseñar y construir otra democracia. 


Una democracia que sea más democrática: que elijamos todos todo y siempre aunque tantas elecciones nos agoten. Una democracia que sea mejor: que no elijamos sobre todo personas sino sobre todo proyectos y programas. Una democracia que sea otra democracia: que no elijamos representantes sino canales de decisión para que el representante sea un delegado que decida lo que todos decidimos. 


 7º No es fácil derrocar al tirano pero es posible.


Expulsarlo de nuestras entrañas, restablecer la vida política como responsabilidad cotidiana, construir una buena unidad política, y mirar lejos, muy lejos, desde este rincón del mundo.


Guillermo Mariaca es ensayista.

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