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Guillermo Mariaca Iturri
Nada es lo que parece

Cocaína para el mundo

Cocaína para el mundo
El primer gobierno moderno que tuvo lazos sólidos con el narcotráfico fue el de la dictadura de Hugo Banzer Suárez. Durante esos años la producción de coca destinada a la cocaína creció de 6.800 toneladas a 16.817, materia suficiente para 62 toneladas de cocaína, según afirma el reportaje de Rafael Sagárnaga, de 2016. Aún si el narcotráfico era una actividad que formaba parte de la economía más o menos subterránea, sus lazos políticos con los últimos gobiernos militares fueron indispensables durante Banzer y, sobre todo, durante la narcodictadura de García Meza. En este último gobierno, el carácter gubernamental del narcotráfico se convirtió en fundamental y, por consiguiente, en parte de las relaciones internacionales con la CIA y los intereses geopolíticos del gobierno de Ronald Reagan.

En la otra cara, la estrictamente delincuencial, Roberto Suárez Gómez, inició la fase "industrial” en los años 70 con la producción de pasta asociado al primer cartel propiamente latinoamericano de cocaína: el cartel de Medellín. A principios de los 80, su sobrino, Jorge Roca Suárez, abrió la segunda fase -digamos "global”- produciendo cocaína y ligándose al cartel mexicano del Golfo.
 
Hoy, con datos de 2015, se incorporaron al mercado delictivo ese año 177 toneladas de pasta base o 142 toneladas de cocaína. Las 142 toneladas, estimando muy conservadoramente un precio de  5.000/kg dólares puesto en frontera, se convierten en 710 millones de dólares. A partir de la nueva ley, serán  800 millones de dólares, equivalentes al 2,5% del PIB.

Las noticias relacionadas al narcotráfico en nuestro país son cada vez más cotidianas y las cantidades alcanzan dimensiones inimaginadas hace relativamente poco tiempo. El 9 de abril la Policía decomisó 366 kilos de cocaína en Beni. Días antes, el 30 de marzo, un grupo relacionado al Primer Comando de la Capital -el más importante grupo mafioso brasileño- asaltó en la Chiquitanía una remesa de Brinks con -dicen-  1.300.000 de dólares. El impacto en nuestra economía, por ahora, es importante pero no excesivo. El impacto social -trata y tráfico, secuestros, blanqueo de capitales- es cada vez más profundo. El impacto en nuestra política es determinante como lo prueba la recientemente promulgada Ley General de la Coca.

La cocaína estuvo ligada profundamente a la política durante los gobiernos dictatoriales. Hoy la producción de cocaína en Bolivia se ha consolidado y tiene una relación formal con un gobierno democrático -los sindicatos cocaleros son la parte sustantiva de su base social- y una relación cada vez menos, menos subterránea con la economía. Por consiguiente, en nuestros últimos cuarenta años de historia la cocaína ha tenido una presencia evidente porque somos uno de los tres países en los que se produce la materia prima. 

Ni la DEA ni la industrialización "legal” son respuestas reales. Pero nosotros, sin embargo, nos negamos a pensar nuestra responsabilidad "cocainera” y definirla desde nuestra historia y nuestro horizonte.

"Probablemente, la solución más radical, la legalización de la producción y comercialización de la cocaína, es la única salida del laberinto. Para los países latinoamericanos los problemas del narcotráfico tienen su origen en la ilegalidad del mercado: la condena de algunas sustancias, y no de otras, revela que en ese aspecto la moralidad parece ser sólo el prejuicio de la mayoría.
 
Pero la calidad moral de las leyes no puede ser juzgada sólo por sus intenciones, sino, sobre todo, por sus efectos prácticos. Cuando las leyes que pretenden conservar valores morales generan mayores problemas de los que quieren remediar, es necesario reconsiderar sus fundamentos. Hasta que ese problema no se aborde sin prejuicios, el problema de la violencia delictiva en América Latina estará lejos de encontrar una solución” (Luis Manrique).

En el mejor libro sobre la cocaína escrito en los últimos diez años, Roberto Saviano afirma: "Mira la cocaína: verás polvo. Mira a través de la cocaína: verás el mundo”. Si nuestro gobierno fuera serio y reconociera que, finalmente, la cocaína no sólo forma parte de nuestra historia moderna sino también de nuestra vida contemporánea, se dejaría de hipocresías políticas, de artificialidades económicas y de esquizofrenias sociales. Propondría al país y al mundo la legalización regulada de todas las drogas.

Guillermo Mariaca Iturri es ensayista.
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