Nada es lo que parece

Juntas de vecinos

viernes, 02 de junio de 2017 · 00:00
Uno de los pocos aportes de Bolivia al mundo es su tradición política. Generosamente definida, la política boliviana podría ser entendida como la persistente vocación por el bien común. Por eso no reducimos la democracia al instante del voto ni el Estado a la prebenda corporativa. Pero, al mismo tiempo, como es tan difícil construir colectivamente y compartir socialmente una sola comprensión de bien común, esa tradición tiende a la fragmentación. Por esta tensión tan aguda entre los variados intereses comunes y los muy diversos intereses individuales, nuestra tradición política sólo emerge cuando el daño nacional es muy intenso. De ahí la concentración épica; de ahí, también, el gusto por la grandilocuencia y el populismo.

 Hoy, sin embargo, nuestra tradición política diseñada por las élites y realizada por las masas durante todo el siglo XX está viviendo una fractura por el cambio en los hábitos de convivencia.
 
Ya no somos un país predominantemente campesino; 75% de la población vive en ciudades. Por consiguiente, nuestros conflictos y nuestros acuerdos demandan otras conductas sociales y están desarrollando nuevas vías. Muy particularmente, la exigencia por servicios públicos ha generado una respuesta estatal (elección de gobiernos municipales) y una iniciativa ciudadana (la organización de juntas de vecinos). Claro que, como era inevitable, las juntas vecinales muy rápidamente se han convertido en espacios de poder, no de servicio. Y esta tentación prebendal ha dificultado su maduración política.

 Hace un par de semanas, la junta de vecinos de La Paz -la única que tiene legitimidad y reconocimiento vecinal real- convocó a una marcha en protesta contra los reiterados abusos de los transportistas. Dado el poder de convocatoria de la Fejuve de La Paz, la marcha fue masiva.
 
Hace unos días, unos grupos de militantes del MAS, patrocinados por ese prebendal programa de acción "social” que se llama Evo Cumple, bloquearon algunos puntos de la ciudad en defensa de sus avasallamientos de las áreas de equipamiento municipal. Lo extraño fue que los medios paceños de comunicación no informaron en absoluto sobre la marcha masiva y, en cambio, sí mencionaron el bloqueo del MAS, otorgándole el reconocimiento de junta de vecinos. ¿Cómo es posible que haya sucedido esa paradoja?

 No hay duda de que las organizaciones vecinales son todavía muy débiles. No tienen la capacidad de proponer modelos de desarrollo urbano o barrial, de fiscalizar la gestión de los gobiernos municipales ni de comunicar sus iniciativas. Por esto su actividad se limita a la protesta o a la demanda cuando son políticamente independientes. Y cuando son prebendales, como en la mayoría de los casos, a recolectar migajas del Gobierno central a cambio de movilizaciones contra los alcaldes opositores.

Sin embargo, los medios de comunicación que tienen recursos y experiencia suficiente debieran distinguir claramente entre una organización social independiente y un grupo de loteadores; informar sobre las medidas de defensa del bien común de la primera y denunciar el avasallamiento del segundo. Pero no lo hacen. 

Entiendo que el escándalo tenga mayor rentabilidad noticiosa; entiendo también las consecuencias de trabajar bajo ese permanente chantaje económico gubernamental. Pero ya no es aceptable que ni siquiera le dediquen una foto y un par de líneas a una importante y masiva acción de defensa ciudadana.

 Ojalá una siguiente movilización de Fejuve La Paz ya no sólo proteste contra la mafia de los transportistas. Ojalá demande la inmediata masificación del PumaKatari. Ojalá proponga un modelo de ciudad bajo normas ecológicas a partir de este año. Ojalá se convierta en una herramienta política que defienda el bien común. Ojalá sea el ejemplo de iniciativa ciudadana para la construcción de la democracia participativa.

Guillermo Mariaca Iturri es ensayista.