Nada es lo que parece

TIPNIS somos todos

TIPNIS somos todos
Guillermo Mariaca Iturri
viernes, 25 de agosto de 2017 · 12:00:00 a.m.
En las ciudades, en el mejor de los casos, ronda la idea de que la invasión gubernamental al Territorio Indígena y Parque Nacional IsiboroSécure puede ser una amenaza al equilibrio ecológico nacional y parece ser un abuso de poder contra dirigentes indígenas que no se someten a los caprichos del Presidente ni al supuesto socialismo de su segundo. Ronda la idea, apenas gatea, ni comunica ni entusiasma ni moviliza a gran parte de las clases medias que ya se han aposentado en una cultura del consumo fugaz.

La arremetida gubernamental no sólo está dirigida al ocupamiento del TIPNIS, sino a profundizar el extractivismo en las 22 áreas protegidas -algunas ya destrozadas- y, por consiguiente, a la cancelación de la visión de mundo de los indígenas de tierras bajas. Como a los otros, a los aymaras y quechuas de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia ya los convirtió en Ponchos Rojos al servicio de su majestad, ahora resta hacerlo con los pocos que todavía resisten. Por esto el TIPNIS es nuestra última frontera. Las 22 áreas protegidas albergan a pueblos indígenas y naturaleza que todavía conservan algunos valores y algunos recursos que son la resistencia final ante la arremetida del capitalismo salvaje y el autoritarismo político porque han sido capaces de vivir en equilibrio con la naturaleza y, como dice Jorge Riechman, "en sociedades de la sobriedad, de la contención, de otro tipo de realizaciones y plenitudes no asociadas a la adquisición constante de pertenencias, de propiedades, de productos de consumo”. Porque es en el TIPNIS donde la legitimidad de las autoridades orgánicas de los tres pueblos que lo habitan lo han convertido en un modelo de lucha contra la invasión neocolonial.

En la noche del martes 22 de agosto el Gobierno logró la elección de Pedro Vare como presidente de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB) que reúne a los pueblos de tierras bajas. Alrededor de 330 representantes indígenas votaron por elegir esa posición y sólo 50 votaron por la única candidata que defendía el TIPNIS. Esta derrota marca la correlación de fuerzas entre indígenas que quieren dejar de ser indígenas y los pocos que todavía creen en su extraordinario lugar en el mundo; al mismo tiempo define cuáles indígenas son aliados en esta lucha tan desigual y cuáles no. Vare declaró que "los pueblos indígenas no podemos seguir viviendo como pajaritos, como simples animalitos. Tenemos derecho a desarrollarnos productivamente y económicamente, incluso a nivel empresarial. Que lleguen los caminos y los proyectos”. Vare no repite de memoria las palabras racistas del vicepresidente porque ha vendido su conciencia a pesar de haber participado en las marchas para preservar la intangibilidad; cree en ellas porque después de venderse se ha convertido en creyente del consumo colonial. 

El año 2011 todos los indígenas de tierras bajas resistieron la invasión al TIPNIS y lograron detenerla. Hoy sólo quedan unos pocos que todavía creen en esa enorme responsabilidad y están dispuestos a pelear. Pero el TIPNIS no es sólo un territorio indígena, es también un parque nacional que por su ubicación como fuente hídrica asegura la provisión de agua a Cochabamba, es también uno de los núcleos de biodiversidad en Bolivia, es también un lugar donde la tierra no es tierra mercantil ni propiedad privada cocalera sino territorio natural, es también, sobre todo, un territorio indígena, un territorio que alberga el futuro. Por esto, la defensa del parque nacional no es responsabilidad exclusiva de los tres grupos indígenas que lo habitan; es también responsabilidad de todos los bolivianos y, particularmente, de ese 75% que vive en las ciudades. Más aún, si las palabras de Pedro Vare representan efectivamente la conciencia indígena actual, los ciudadanos citadinos tenemos la responsabilidad de preservar el TIPNIS contra la voluntad indígena de destruirlo.

¿Es posible? Quizá. Si el XXXII Encuentro de Corregidores y Comisarios del TIPNIS resolviera una convocatoria a una asamblea de representantes de las 22 áreas protegidas y la realización de la X Marcha -porque eso no podemos hacer los citadinos-, todos los otros ciudadanos podríamos participar en la asamblea y marchar junto a los indígenas que resisten. Y desde las ciudades organizar un enorme referéndum nacional en rechazo a la invasión neocolonial. No encuentro otra manera de preservar el TIPNIS.


Guillermo Mariaca es ensayista.
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