Nada es lo que parece

Periodismo educativo

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viernes, 23 de marzo de 2018 · 00:07

Hace diez años  tres instituciones colombianas se reunieron y publicaron un libro necesario que hoy es imprescindible: ¿Cómo informar sobre la educación en Colombia? La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, el Ministerio de Educación y una fundación, Educación, un compromiso de todos, asumieron la responsabilidad de materializar algo que, para nosotros, sería sencillamente impensable.

Con ejemplos, sugerencias, información y un diccionario muy útil y breve concretaron en un “manual” las recomendaciones de un congreso internacional sobre periodismo educativo que se había realizado un año antes con el auspicio de casi las mismas instituciones. 


 En Francia, por otra parte, existe la Agencia para la educación y formación, un servicio privado de noticias especializado en educación en el que trabajan 50 periodistas. Esa agencia vende sus noticias a los medios y, no sorprendentemente, es rentable. En la región de Murcia, en España, hay un premio anual de periodismo educativo con un monto de 15.000 euros. La Universidad Complutense de Madrid ofrece también un premio anual al periodismo educativo elaborado en instituciones educativas.


He mencionado únicamente casos que en otros países y en otras culturas periodísticas son habituales o, cuando menos, no son extraordinarios. Y, sin embargo, se quejan. Los últimos porque el periodismo verdaderamente especializado, según afirman, no existe entre ellos. Lo que existe es el periodista que tiene una formación más bien personal que le permite aproximarse con algún conocimiento de causa a su fuente.


Siguen lejos del modelo anglosajón o el francés de periodismo que requiere una formación de postgrado para que un periodista pueda llamarse periodista especializado. Los primeros, es decir, varios periodismos latinoamericanos, también se quejan. Porque la investigación, el reportaje y, particularmente, la crónica siguen siendo excepciones. Y como estos géneros periodísticos hacen posible la comunicación de experiencias y no sólo la transmisión de información, resulta que el periodismo especializado entendido así continúa siendo una excepción.


Nosotros, claro, no tenemos nada de qué quejarnos. No hay periodismo especializado ni bajo el modelo anglosajón ni en el modelo tan innovador en América Latina del periodismo literario. ¿Es que acaso uno se queja de lo que no tiene, de lo que no conoce? Lo digo con sarcasmo, pero también con vergüenza: si de periodismo educativo se trata, no tendríamos motivo alguno para la queja.


La educación, comenzando por lo elemental, es el factor central del desarrollo; el incremento de un año de buena escolaridad superior en la población que trabaja implica un crecimiento de hasta un 9% de lo que produce un país según el PNUD. La CEPAL afirma que la educación es la herramienta clave para superar la pobreza y para resolver los problemas de inequidad en la distribución de la riqueza, y del ingreso. 


La educación es el principal factor de calidad y productividad del trabajo. La educación genera mejores condiciones para ejercer y exigir derechos de ciudadanía y para lograr avances sostenibles en el desarrollo humano. Es siempre un factor determinante para la integración nacional, regional, étnica, de clase y de género.


Y, claro, es un derecho humano fundamental para alcanzar la igualdad de oportunidades. Según PISA, la variación de resultados entre las escuelas finlandesas, es sólo del 6%, frente al 18% en Canadá, el 23% en Estados Unidos y el 30% en el Reino Unido. Un sistema educativo tan profundamente democrático como el finlandés produce una profunda y sostenible ciudadanía. Uno como el nuestro, de tan mala calidad y con brechas de equidad tan hondas, parece condenado a producir despotismo.


Por consiguiente, si no hay periodismo educativo ni nos enteramos de todo eso. Y no hay motivo para la envidia. Ni razón para mirar más allá de nuestro ombligo. Total, ojos que no ven, corazón que no siente. Y el Gobierno, como cree que el aparato educativo debe rendir culto a la personalidad del presidente y a su partido, feliz con la ceguera.

Guillermo Mariaca Iturri es ensayista.

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