Nada es lo que parece

La herencia

Por 
viernes, 29 de junio de 2018 · 00:12

“En una dictadura la ley es, en efecto, despreciable, porque no es el resultado del difícil acuerdo entre todos sino del fácil compadreo entre unos pocos”. Esta definición de dictadura que Javier Cercas propone se queda corta cuando se trata de describir a nuestros tan elementales tiranos. En nuestro caso, el compadreo no se limita a organizar la complicidad para abusar del poder, sino que se expande a la ambición de la eternidad. Pero, para suerte nuestra, estos tiranos elementales no son maquiavélicos, son, apenas, tiranos.

 Esa diferencia sustancial entre un político maquiavélico y un tirano elemental es la expresada en los últimos quejidos de las dos testosteronas que nos gobiernan. La testosterona del falo Murillo se quejaba así: “Quieren asaltar el Estado, quieren venir a inaugurar nuestras obras, quieren farrearse nuestra plata”. La testosterona bachiller lo hacía asá: “Cuando hemos celebrado los Juegos Odesur han venido a insultarnos, eso han hecho, da rabia”.

  Quejidos más o menos sólo alcanzan para intentar imponer la fuerza para que la historia no los alcance. Creen que todos son asaltantes del Estado o de la democracia, creen que todos ponen sus urgencias personales por encima del interés general de la república.

 El presupuesto asignado a la promoción de sus caprichos y al alquiler de las conciencias es cada vez más millonario. Los años 2015 y 2016 alcanzó  a 3.500 millones y 2.150 millones de bolivianos. En 2018 el Ministerio de la Presidencia tiene un presupuesto cercano a los 4.000 millones. Como para nuestros elementales tiranos el dinero público es su propiedad privada, el Estado su chaco, y la voluntad popular apenas un insulto, se quejan pero persisten en la ostentación de su vanidad. Un político maquiavélico no lo haría. Optaría por la hipocresía, por la pose del martirio, por la insistencia en la lástima. Un tirano, en cambio, persiste en la angurria; la testosterona así lo exige (¿no habrá sido una confusión del vicetirano cuando se refirió a sus escasas neuronas, no habrá querido decir sus muchas testosteronas?).

 Si esos tiranos no fueran nuestros, deberíamos dejarlos que se quemen en la hoguera de sus vanidades. Su impostura los conduciría, inevitablemente, a formar parte de las olvidadas cenizas de la historia. Pero no debemos ignorarlos. La impostura es siempre uno de los riesgos mayores cuando se trata de construir democracia. Por eso hay que denunciarla, reiterar que Bolivia dijo no, recordarles que cuando se ha perdido el respeto ya no se lo recupera.

 Pero, además, hay que dar nuevos pasos. Diseñar un plan para el bien común. Elaborar un pacto de unidad. Y hacerlo hoy mismo. No puede ignorarse que la tiranía de los impostores es también obra nuestra, obra de nuestra indiferencia, de nuestra complacencia con el consumo de burbujas de colores. No deberíamos confiar en que esa secuencia de casualidades que llevó a los tiranos a deleitarse con su impunidad, termine por la decrepitud de sus actos. Los nuevos pasos deberán ser un proceso de transición diseñado de antemano y no una continua improvisación que resiste la consecuencia de su propia insensatez.

 Todos cargamos con el peso de la tiranía. Depende de nosotros que dejemos eso como herencia. Una herencia que viene de nuestra indiferencia y de nuestro trauma. Si pretendemos disculparnos afirmando que todo fue confuso, como si hubiésemos estado flotando en una niebla de malentendidos, entonces será que merecimos vivir con esos tiranos de tragicomedia.

 Ojalá que la herencia que dejemos sea la democracia y no la guerra. Porque la democracia apela a la razón y a la memoria. Nos prepara cada día para no repetir el peor pasado. Si, en cambio, dejamos la guerra (eso quieren los tiranos), estaremos dejando la violencia total, la abyección absoluta. Convertirnos en gente que viva cargando una vergüenza sin denunciarla y resistirla, y expulsarla. Ésta no puede ser, esta no será nuestra herencia.

 
Guillermo Mariaca Iturri es ensayista.

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

186

Otras Noticias