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Dictadura light

Dictadura light
Dictadura light
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jueves, 23 de noviembre de 2017 · 00:05

La semana pasada me faltó el espacio para decir las razones por las cuales voy a votar nulo en la farsa convocada por el MAS, bajo el título de elecciones judiciales.


Y es que hay docenas de razones de fondo y de forma para oponerse a este amañado proceso, y para justificar la decisión de votar nulo; pero estoy seguro, por lo menos, en lo que a mí concierne, que la principal de ellas tiene que ver con el hecho de que es el uso político de la justicia  lo que ha convertido al MAS en una dictadura encubierta.


Yo sé, y entiendo, que el uso de la palabra dictadura puede parecerle un exceso a mucha gente cuyo interés central no es la política y, en el otro extremo, puede parecerle una gruesa imprecisión a los teóricos de la política.


Es por eso que esta opinión dejará indiferentes a quienes poco les importa la salud de la democracia mientras les vaya bien económicamente y recibirá probablemente críticas o comentarios condescendientes de los que han preferido leer la política desde la frialdad de la teoría.


A usted y a mí lo que ocurra en la política nos interesa más allá de nuestra economía personal, porque nos importa la vida en sociedad y porque entendemos que aquello tendrá consecuencias directas en la vida de nuestros hijos; y no creo equivocarme si digo que nos importa un pepino, eso sí, lo que digan los libros acerca de lo que es y lo que no es una dictadura.


El debate teórico me encanta y nunca lo he reuhido, pero me parece que hoy puede ser una peligrosa trampa para todos, menos para el Gobierno. 


Las cosas, sobre todo cuando las papas queman, hay que decirlas claras y por su nombre: Evo Morales y el MAS han convertido a la justicia y al sistema judicial en su principal instrumento de represión política, lo que, a mi parecer, es un rasgo autoritario que pone al Gobierno en el terreno dictatorial.


No hacen falta únicamente tanques en las calles y parlamentos cerrados para constatar la existencia de una dictadura. Hoy estamos viviendo una dictadura light, cuyas formas y apariencias se asemejan a una democracia, pero cuya esencia es absolutamente autoritaria y, por lo tanto, tiende al totalitarismo.


Un gobierno dictatorial es, al final de cuentas, un gobierno que no admite la posibilidad del disenso y que lo castiga, y lo reprime. Así funcionan Evo Morales y su gobierno: no conciben la diferencia, la discusión y menos aún el debate. Para ellos, quienes no se someten y se cuadran a sus designios deben ser estigmatizados como delincuentes.


Pero nada sería eso; quienes osan disentir son perseguidos sistemáticamente por un sistema judicial al servicio de la represión política. Prueba de ello es la escandalosa colección de juicios que enfrentan todos los líderes de oposición y todo aquel que ha tenido el atrevimiento de ejercer el derecho a la oposición. Eso sin contar con la inmensa y vergonzosa cantidad de presos y de muchos otros que han tenido que dejar el país, escapando del sistema judicial masista.


 Es cierto, la justicia siempre fue un desastre en Bolivia, pero nunca antes la justicia ordinaria había sido utilizada para perseguir opositores. La justicia estaba evidentemente cuoteada por los partidos, pero no fue instrumento sistemático de eliminación política de los adversarios; la prueba de ello, curiosamente, es Evo Morales.


El uso de la justicia como arma represora contra quienes nos oponemos a los atropellos del MAS es la principal identidad de este Gobierno. ¿Cómo entonces podría yo legitimar esa  monstruosidad votando valido este 3 de diciembre? 

Ilya Fortún es comunicador social.

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