# VerdadesSinFiltro

Lo que me asusta de Trump

jueves, 01 de junio de 2017 · 00:00
Después de George W. Bush creí haberlo visto todo y de alguna manera quedé convencido de que mi capacidad de asombro en política había llegado a un límite imposible de superar. 

El mundo, sin embargo, puede ser muy cruel cuando se trata de enseñarnos límites. Hoy, comparado con Donald Trump, el buen W es un erudito, un lujo de político y un estadista de la talla de John F. Kennedy.

Ya lo sé, lo que digo no es ninguna novedad para nadie y usted, amable lector, ha debido pensar exactamente lo mismo hace tiempo, pero confieso que siento la necesidad de escribirlo aunque se trate de una obviedad, pues el asunto está comenzando a asustarme.

También debo confesar que cuando supe que el hombre de pelo amarillo iba a ser indefectiblemente el presidente de Estados Unidos (disculpen la falsa modestia pero eso ocurrió seis meses antes de la elección), no sentí el miedito que siento ahora.

En el fondo la idea me causaba incluso una especie de satisfacción algo morbosa; pensar que hasta los gringos podían mandarse una cagada tan grande seguramente me aliviaba el peso de saber que no solamente los bolivianos éramos capaces de equivocarnos tan feo.

Por otro lado, el aparente absurdo de su presunta elección confirmaba mis viejas hipótesis referidas a que el desfalco de los banqueros al mundo entero en 2009 iba a acarrear una serie de facturas políticas y sociales que recién tendríamos que pagar años después, de maneras inimaginables.

Una vez que asumió el cargo, tampoco me preocupé mucho, pues sospechaba que muchas de las imbecilidades que había repetido durante la campaña no las pensaba realmente y eran solamente una manera de garantizar su victoria.

De ultima, pensé fríamente, la institucionalidad y sobre todo los poderes establecidos norteamericanos se ocuparán de hacerle entender que allá  eso de "yo le meto nomás y después les digo a mis abogados que arreglen” no funciona, y que si por otro lado tocas las teclas incorrectas y molestas a los que no debes, te pueden sentar la mano por las buenas (con un buen impeachment) o por las malas (con un buen balazo en la cabeza, como le ocurrió  a un presidente que menciono líneas más arriba).

Lo sigo pensando, pero el tipo igual me sigue dando miedo, pero no por las grandes señales y los tumbos políticos que da ante el pasmo de propios, y extraños, sino por los pequeños gestos que podrían develar su personalidad.

Vamos a ver. Una cosa es decir huevadas (con libreto o sin él) y otra, muy distinta, es que se te salgan impulsos físicos desquiciados que no puedes controlar. ¿Vieron el empujón que Trump le tiró al Primer Ministro de Montenegro en la cumbre de la OTAN, para quedar en la primera fila de los mandatarios? Un tipo con impulsos tan primitivos, incapaz de controlarlos mientras sabe que todo el universo lo está mirando, eso sí que me da miedo.

Ya sus agresivos apretones de manos habían llamado la atención de la prensa y esos gestos comenzaban a dibujar el carácter y las maneras del líder del mundo libre.

Tampoco nos hagamos los exquisitos. Presidentes brutos e ignorantes hemos visto por doquier en los cinco continentes, pero lo que en este caso inquieta es que esa brutalidad provenga de un individuo que ignora y/o desprecia los códigos básicos no solamente de la política, sino los de la convivencia civilizada entre personas.

Un hombre desprovisto de humanidad y de sentido de sociedad gobierna la primera nación del mundo, elegido por voto popular. Eso es lo que me asusta.
   
Ilya Fortún es comunicador social.

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