# VerdadesSinFiltro

El difícil encuentro entre lo ciudadano y lo partidario

jueves, 20 de julio de 2017 · 12:00:00 a.m.
El movimiento ciudadano, expresado en una diversa y heterogénea variedad de colectivos, irrumpió en el escenario político con fuerza y jugó un papel decisivo en dos momentos de inflexión: el referendo del 21 de febrero de 2016 y la gran movilización nacional realizada un año después, el 21F de este año.

Muy poco se ha dicho y se ha escrito al respecto, pero está claro que sin el concurso de estas fuerzas probablemente no se hubieran podido consolidar ambos hitos, que resultaron en las dos peores derrotas del Gobierno, después de diez años de una cómoda hegemonía.

Las condiciones para ganarle a Morales en su aventura prorroguista del 21F/16 estaban dadas, pero la clave del éxito estaba en que la voluntad del NO, no fuera representada en aquel momento por los líderes y los partidos políticos tradicionales. Las encuestas y los asesores de marketing político constataban una vez más la crisis de representatividad que aqueja al sistema político tradicional.

Afortunadamente aquellos partidos atinaron en comprender y aceptar la situación, encarando su trabajo en el referendo con un perfil bajo, lo que tampoco quiere decir que no hubieran jugado un papel importante. Esas circunstancias propiciaron mayor presencia y protagonismo de voces ciudadanas, que de alguna manera terminaron encarnando y representando la victoria del NO.

El 21F/17 pasó algo similar: el movimiento ciudadano, ya mucho más organizado, tuvo que negociar con los partidos su forma de participación en las movilizaciones, en la medida en que nuevamente quedaba muy claro que el humor ciudadano resistía la posibilidad de que las concentraciones adquirieran un tinte partidista. Al final, se encontró la manera de sumar esfuerzos, sin desvirtuar la esencia de la conmemoración y se le asestó otro golpe mortal al régimen.

Como es lógico, todo este proceso generó una efervescencia en la movida ciudadana en todo el ámbito urbano nacional, multiplicando energías, voluntades y espacios de participación, en momentos en los que, tanto las organizaciones sociales como los partidos, han dejado de conectar y canalizar las demandas, y las angustias de la gente.

Paradójicamente, los colectivos ciudadanos parecen hoy tener mayor capacidad de representar, de generar ideas y de movilizar, pero carecen de las indispensables capacidades institucionales. Su principal fortaleza es, al mismo tiempo, su potencial debilidad.

El movimiento ciudadano se debate en el conflicto entre la legitimidad y la carencia de siglas y de recursos que puedan posibilitarles convertirse en fuerza electoral: enfrenta además una enorme dispersión agravada por cierta incapacidad y articulación. Y es que en lo ciudadano hay de todo.
 
Allí convive la novedad y la frescura con el viejo ostracismo, y la inoperancia política.

El todavía incierto movimiento ciudadano goza de un potencial del que carecen los partidos, pero enfrenta el desafío de responder a las expectativas de un nuevo proyecto político sin repetir los vicios de la pugna por protagonismos y pequeños espacios de poder, incluso antes de conseguir convertirse en un bloque político.

Pero ojo, el desafío también aplica a los partidos en el entendido de que difícilmente podrán prescindir de la energía ciudadana; en estas circunstancias, todo indica que tanto partidos como colectivos son necesarios, pero no suficientes por separado.

Habrá que ver entonces si los partidos tienen todavía la claridad y la sagacidad suficientes como para nutrirse de lo ciudadano, sin la fácil tentación de simplemente absorberlo  para mejorar su alicaída imagen.
         
Ilya Fortún es comunicador social.
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