#VerdadesSinFiltro

TIPNIS recargado

jueves, 31 de agosto de 2017 · 12:00:00 a.m.
El TIPNIS fue sin duda el problema más grave que enfrentó el Gobierno en más de 10 años de gestión. Allí se rompió algo definitivamente entre el MAS y ciertas clases medias urbanas, allí se originaron fuertes disidencias internas y allí se explicitaron descarnadamente la naturaleza conservadora y el talante autoritario del Gobierno. Fue un punto de quiebre a partir del cual nada fue igual.

Seis largos años les tomó rearmar el tema para volver a la ofensiva y cumplirle la promesa a sus socios más íntimos. Seis años de comprar dirigentes, seis años de perseguir a los que no se dejaron comprar, seis años de dividir organizaciones, seis años de meter plata a la mala y de fraguar consultas para desconocer la voluntad de la gente.

Fieles al estilo y a las amenazas de Morales, que nos ha dicho innumerables veces que las cosas que se les ocurre hacer, se hacen tarde o temprano, querramos o no querramos, han vuelto al ataque, exponiéndose nuevamente a la posibilidad de una nueva derrota, esta vez de consecuencias imprevisibles.

Ante todo, no tenemos que pecar nuevamente de ingenuos, pensando que esto se trata de un capricho o de una simple venganza ante la humillación sufrida en 2011.

Esta vez lo del TIPNIS es parte de un conjunto de medidas, aparentemente inconexas, que forman parte de una agresiva estrategia geopolítica, orientada a permanecer en el Gobierno indefinidamente.

La Ley de la Coca, la Ley del TIPNIS, la revisión de las TCO y el enorme talegazo de plata a los cooperativistas mineros vienen en combo y sustentan una seria y temible estrategia de poder.

En el caso del TIPNIS, el tiro no solamente consiste en regalarles el área protegida a los cocaleros del Chapare para que hagan lo mismo que hicieron en el Polígono 7; de que habrá más cocales, seguro que los habrá, de que habrá más narcotráfico, seguro que lo habrá y de que habrá más violencia delincuencial, también seguro que sí.

Detrás de ellos entrarán los colonizadores para arrasar con la madera, para esclavizar a los indígenas, para traficar con tierras y para copar, ocupar y someter completamente el territorio, sus recursos y sus propios habitantes. Se trata del avasallamiento colonizador que despoja a los indígenas de su territorio y que despoja a todos los bolivianos de sus parques nacionales.

Y se trata, finalmente, del potenciamiento económico y del asentamiento territorial de las huestes más cercanas y leales al Gobierno, que deberán garantizar la permanencia de su jefazo en el poder, como sea y a como dé lugar.

Está más claro que el agua, entonces, que este es evidentemente un tema nacional que nos incumbe y nos afecta a todos los ciudadanos y que trasciende largamente los intereses de cocaleros, medioambientalistas e indígenas.

Los instintos y el olfato político de la gente no fallan, y así parece que lo han sentido y comprendido. Así se explican de alguna manera los alineamientos naturales y espontáneos entre plataformas ciudadanas e indígenas de tierras bajas, y de éstos con campesinos de Achacachi, y de éstos con cocaleros de los Yungas, y de éstos con maestros urbanos, y así sucesivamente.

Todo indica que muchos nos hemos dado cuenta de cómo viene la mano del Gobierno, y de que estamos en un momento propicio para articular fuerzas y combatir el abuso, la prepotencia, el autoritarismo y el continuismo antidemocrático.

El TIPNIS vuelve al tapete cargado de nuevos significados y conectado a nuevos actores, con el potencial explosivo de reproducir otro momento de quiebre para un gobierno miope, expuesto a tropezar de nuevo con la misma piedra.


Ilya Fortún es comunicador social.

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