Serotonina

#21FDiadelaDemocracia

lunes, 09 de enero de 2017 · 00:00
Se fue el 2016 y se confirmó lo que muchos decían: "este será el año noevo” y así fue. Los propios afines al régimen admitieron que 2016 fue un año muy malo para ellos, pero reafirmaron que sus yerros fueron por culpa de las trampas, mentiras y patrañas de la derecha neoliberal. 
 
No fue un año para el señor Evo Morales, pero, como en todos los casos, él no sabe nada, él no puede entender y él no está informado porque, por salud mental, sólo ve Fox Sport. Y como está en la luna de Paita del año 2005, pues buscó terminar el 2016 con el ensalzamiento de su poder y de su persona en dos eventos (Montero y Villa Tunari) que lo elevaron a las cumbres más allá de Machu Pichu, declarándolo comandante (de qué?) y haciéndole escuchar algo que él sí sabe y está reconvencido hasta los tuétanos: que es insustituible, que es único, que no hay más nadie -ni su vicepresidente de 20.000 libros- que le llegue siquiera a la uña del dedo meñique del pie izquierdo.
 
 Se cree tan poderoso y gigante que las leyes humanas le estorban. Él está por encima de esas pequeñeces, él se guía por las leyes de su divinidad y, por lo tanto, cualquier ley humana que lo perjudique tiene que ser ignorada o cambiada. El retorno del Pachacutic lo expresa él y ha venido a instaurar un reinado de más de 2.000 años. Así que nada lo puede detener en las una y mil repostulaciones que quiera. A él lo sacarán en pose horizontal, porque de su propia voluntad o designio legal humano él no se irá jamás. 
 
  Los mortales ciudadanos vemos horrorizados cómo una cohorte de amarrahuatos se solazan diseñando estrategias para destruir la CPE y seguir loteándose el país en espacios de poder y corrupción. Es un hecho que a 11 años del régimen ya no queda ni la pisca de lo que prometieron ser, pues todo, sí todo lo que criticaron lo tienen en sus entrañas hoy, corregido, aumentado y sahumado. Por ello, el MAS ya no es futuro, y su presencia actual es el retorno a las prácticas del peor de los pasados que ellos criticaron: la colonia, porque tratan a Bolivia como su encomienda, su lugar de explotación, de enriquecimiento rápido, y a los ciudadanos como a sus vasallos y mitayos. Carlos V es un piojo tuerto ante el rey Evo I y su colonia Evostan.
 
 Empezamos el 2017 y a pesar del circo de cuatro ruedas, y autoridades judiciales amansadas al Poder Ejecutivo, es muy difícil que se pueda volcar la atención del pueblo. La falta de agua, la falta de empleo, la corrupción en ascenso y el cinismo en la gestión como norma marcan la agenda ciudadana, que los políticos, por más enamorados, poderosos y sinvergüenzas que sean, no podrán cambiar. No podrán cambiar los temas que la gente de a pie siente día a día. 
 
 El Dakar es y fue una apuesta circense que deja muy poco al país y, en las circunstancias actuales (Potosí entre los últimos en desarrollo humano del país, Oruro con su Poopó desaparecido, La Paz sin agua en cientos de barrios) es un sopapo a lo importante en favor, una vez más, del despilfarro. Desprecian la inteligencia ciudadana bajo la certeza de que pueden hacer lo que les venga en gana.
 
 Sin embargo, se equivocan. Este país tiene raíces profundas de rebeldía y libertad que ningún rey-inca va  a erradicar, callar, ni doblegar. El silencio no es sinónimo de estupidez ni la paciencia de socapamiento. Por nuestras venas corren los glóbulos de la paz, pero también de la guerra. El 21 de febrero del 2016, en democracia y en paz, les dijimos que no queremos que se toque el artículo 168 de la CPE y que se vayan a su casa cuando termine su mandato, ya de por si inconstitucional. Nos robaron varios puntos de la victoria porque no tenemos un Órgano Electoral creíble, pero no se atrevieron a volcar la voluntad popular porque saben de las consecuencias de la rebeldía.
 
 Pero como la tozudez, la estulticia y la angurria es lo dominante entre los gobernantes, después de su derrota han inventado cien argumentos para no reconocer el veredicto popular y en Montero nos han dicho a todos los bolivianos que se pasan por el forro del trasero no sólo las leyes, sino la Constitución y cualquier referendo que les impida quedarse en el poder los años que ellos quieran. Nos han escupido en la cara su desprecio por la legalidad y la democracia. Es, a todas luces, es un atrevimiento que hierve la sangre, un desafío a que no perdamos la calma, pero que les enseñemos lo que es democracia.
 
 Y es así que decenas de colectivos ciudadanos, reunidos en la plataforma #21Fdiadelademocracia + #21Flapatriaenlacalle estamos organizándonos y convocando para que este 21 de febrero de 2017 (a un año de la victoria del pueblo) salgamos a las principales plazas para expresar nuestro repudio a este desprecio por la Constitución, la voluntad popular y la democracia. No estamos derrotados, no abusen de nuestra paciencia. Usaremos todos los mecanismos constitucionales para que entiendan que este país no se pisa, no se lo ultraja, ni humilla de la forma en que lo están haciendo. Si ya no les interesa gobernar por el bien común, organicen su pandilla de asaltantes y dejen de hablar a nombre del pueblo para hacer lo que están haciendo a nombre de la democracia.
 
Se hacen daño, pero más daño le están haciendo a la patria que juraron respetar, amar y engrandecer. De grandes idealistas se han convertido en meros fantoches de una revolución inexistente. La fuerza de la esperanza ya no está en sus manos, hoy está en millones de ciudadanos que amamos la democracia y que por ella, y con ella, los derrotaremos. El próximo 21F será al pueblo que verán y no a 6.000 serviles loando al rey-inca del siglo XXI.

Ivan Arias Durán es ciudadano de la República de Bolivia.
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