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Los albañiles bolivianos

lunes, 25 de julio de 2016 · 00:00
Tú no eres el presidente de la Cámara de la Construcción, tú eres el presidente de los albañiles. Ese fue el criterio vertido por mi amigo, el doctor Guillermo Bedregal Gutiérrez, cuando dirigía los destinos de esa prestigiosa institución que aglutina en su seno directa o indirectamente a empresarios, emprendedores, maestros, albañiles, transportistas, proveedores  de agregados, materiales de la construcción y otros.

 La Cámara Boliviana de la Construcción fue fundada el 8 de julio de 1949 y, posteriormente, fue descentralizada en cámaras departamentales el 28 de mayo de 1985, hasta nuestros días.

 Durante todo este largo y dilatado tiempo siempre fuimos contrarios a la vigencia de empresas constructoras extranjeras por el simple hecho de que todas las obras las construimos los profesionales bolivianos, con nuestros albañiles, con la mayor parte de  nuestros equipos y maquinarias.

 Este nuestro sector de la construcción, como ningún otro, se constituye en  víctima de la corrupción, pues si se ha cumplido a cabalidad con todo lo referente a precios, informes técnicos o económicos, garantías, equipo, maquinaria, experiencia profesional etcétera de un llamamiento a licitación, cualquiera no se asegura de poder ser elegido, porque si el burócrata de turno no consigue su propósito habrá el segundo o el tercero que sí llene las expectativas del iluminado. 

 Es cierto de la corrupción, por una parte, o el tráfico de influencias, por otra, son casi imposibles de demostrar pero sabemos que son evidentes.

Si la perorata de las boletas de garantía, en lo que a obras públicas de construcción se refiere, continúa es porque simplemente no les ha dado la gana de buscar una alternativa para beneficiar a las constructoras bolivianas, como lo han hecho en los países vecinos. Por ejemplo, dividir las obras grandes e importantes o aceptar pólizas de seguros con cláusula de inmediata ejecución que sustituyan las boletas bancarias, para dar accesibilidad a los albañiles bolivianos.

 Todos los proveedores, sin excepción alguna de equipos, maquinaria, tecnología y otros tienen como función principal vender sus productos. De lo que se trata es de tener la capacidad de negociación, como compradores para poder obtener estos productos en las mejores condiciones posibles, más aún cuando se trata de proyectos del Estado y de fondos que provienen de nuestras reservas internacionales. 

Este no es el caso de proyectos "llave en mano”, donde ahora los chinos nos imponen condiciones de proveedores, elaboración de proyectos, ejecución de los mismos y, lo peor, la no utilización de mano de obra boliviana, sea esta profesional o de obreros, incumpliendo las normas elementales de la Ley de Trabajo porque se trata de un crédito chino.  

Por otra parte, en todos los tiempos -y peor ahora- esa tecno-burocracia impostora de impuestos  siempre fue la enemiga de nuestro sector. No existe un caso de "fiscalización” en el que se hubiese  hecho la revisión y evaluación de una empresa, y no hubiese salido un informe que no tenga cargos de todo tipo en los últimos 50 años.

Por último, el cobro  de las boletas de garantía bancaria está de moda al antojo y discrecionalidad de las "autoridades”, a diferencia del tratamiento preferencial que se les da a las constructoras que vienen de afuera.

En la vieja Europa, antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, nunca permitieron el ingreso de constructoras extranjeras, al extremo que todas sus obras grandes de infraestructura fueron ejecutadas con su propia gente, incluso con prisioneros.   Todos y cada uno de estos reales antecedentes nos colocan, como nunca antes, en la situación actual de vivir en un constante  colonialismo dentro de nuestro propio país.
  
José Guillermo Torrez G. O.  es ingeniero y administrador de empresas.