Desde la acera de enfrente

Sin patrón

miércoles, 10 de agosto de 2016 · 00:00
A pocas cuadras de Enatex, hoy convertida en Senatex, un ente que nadie sabe muy bien en qué consiste, pero que lo más seguro es que se convierta en otro cadáver de la industria textilera nacional, funciona la fábrica Punto Blanco.

Esta fábrica también fue declarada en quiebra por su gerente propietario, Raúl Valda. Al igual que Ametex, no pagaba ni sueldos ni AFP y estaba siendo descapitalizada por el empresario para abandonarla y dejarla en la ruina, llevándose él los millones en el bolsillo y fuera del país.  

Los empresarios bolivianos no pierden. Quiebran y son capaces de destruir sus propias fábricas para impedir que sean los trabajadores y trabajadoras, que son quienes realmente levantaron las fábricas, los y las que puedan tomarlas y demostrar que sin empresarios, ni gerentes es posible echar a andar una industria. 

¿Con qué plata vive Iberkleid en Estados Unidos? Con la plata generada por Ametex, sin duda. ¿Dónde estará Raúl Valda? No lo sabemos, ¿con qué plata? con la plata generada por Punto Blanco, sin duda. Ambas fábricas, como muchas otras, recibieron todo tipo de créditos y ventajas del Estado, y ese es dinero público, que conste en acta. 

El empresariado boliviano, compuesto por hijos de papá que no se comprometen con sus trabajadores, que tienen una mentalidad explotadora, que no se comprometen con la producción y que aspiran a tener vida de monarcas es un rasgo típico. Un empresariado boliviano que juega golf y estrena carro de lujo cada año, pero no tiene para pagar jubilaciones ni hacer aumentos salariales, ni mejoras en la calidad de vida de las y los trabajadores. Un empresariado que, al mismo tiempo, no tiene objeciones en llevarse bien con el Gobierno, sobarle la espalda al poder y seguir pidiendo ventajas y subvenciones para sus bolsillos, a nombre de la industria nacional. 

Por todas estas razones, que todos conocemos y  que nos indignan, es que el ejemplo silencioso que están demostrando hoy y todos los días los y las trabajadoras de Punto Blanco nos conmueve profundamente.
 
 Trabajadores que han remontado el momento dramático y que han peleado por lo que ellos y ellas habían construido. Manos expertas que producen productos entrañables,  sin capataces de por medio asisten a su trabajo, se ponen su uniforme de la empresa y, bajo el ruido de máquinas obsoletas, nos enseñan todos los días que la autogestión obrera no sólo es una posibilidad escrita en los libros de marxismo, sino una realidad concreta. 

 Nos demuestran que un producto boliviano, que ya está en el corazón de la gente, puede enfrentar la invasión china. Nos demuestran que una fábrica, cuando no tiene que pagar millonarios sueldos a gerentes hijos de papá, pueden pagar sueldos y sostener la productividad. 

Los más viejos, de rodillas en el suelo, a plan de combos, martillos y alicates, echan a andar las máquinas obsoletas. Con ingeniosos trucos las reparan porque de esas máquinas ya no existen ni los repuestos. 

Yo misma le vendí al Vicepresidente, en alguna feria del libro, el memorable libro Sin patrón, que relata el proceso de las fábricas recuperadas en Argentina. Un proceso histórico para el postmenemismo. Hoy en Bolivia, en Punto Blanco y al estilo boliviano, está sucediendo exactamente lo mismo, a pesar que el empresario tuvo toda la mezquindad de destruir la fábrica antes de abandonarla, entrando por el techo a destrozar todo lo que pudo. Los y las trabajadoras la remontaron de la nada y hoy es autogestionada. Se pagan los salarios, se reciben los pedidos, se mantienen los mercados y la calidad de las prendas.

El Banco Central es dueño de la deuda y no se ha procedido a la entrega jurídica definitiva de la fábrica a los y las trabajadoras. Le pido al Vicepresidente que consulte su libro Sin patrón y proceda entregar la fábrica a sus legítimos dueños: los y las trabajadoras. 

Desde esta columna, que cada día gana fuerza, pido la condonación de la deuda de Punto Blanco a favor de los y las trabajadoras, y la entrega jurídica definitiva de la fábrica tomada. Lo pido, en nombre del socialismo, lo pido en nombre de la justicia.  Y pido a la gente que compre prendas Punto Blanco. Detrás de cada chompa hay manos bolivianas, hilo boliviano, esperanzas bolivianas. La calidad es buena, el precio también. Y, lo más valioso, detrás de cada producto Punto Blanco hay autogestión obrera. 

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.

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