Desde la acera de enfrente

Nuestras armas contra Donald Trump

miércoles, 25 de enero de 2017 · 12:00:00 a.m.
Nuestras armas contra Donald Trump, contra su odio a las mujeres: no callar, tomar la palabra, alzar la voz desde todos los rincones del mundo sin cansancio y sin pausa. Replicar todas y cada una de las veces su desprecio, para impedir que quede escrito en nuestras vidas y en nuestros corazones. Sabemos que es muy grave que un hombre así gobierne un país poderoso. Sería más grave aún si nos callamos.

El racismo de Trump es el mismo racismo de Hitler. Contra su racismo, usarlo a él mismo como pizarra para volver a explicarle al mundo, a los niños y las niñas, qué cosa es el racismo y por qué la lucha contra el racismo es lucha de todos y todas nosotras en todas partes del mundo contra su racismo.

Alzar la voz, construir esas alianzas insólitas que el patrón no espera y no permitir que nos divida en mil pedazos.

Contra su odio a los exiliados y exiliadas del neoliberalismo que buscan subsistencia en los EEUU, alzar también la voz; hacer  eso que llamamos política concreta: organizar desayunos, plantones, dormidas tener colchones calientes y frazadas, y entender que la lucha política si no es concreta se la lleva el viento, por eso la mejor resistencia contra el odio de Trump es la vida cotidiana y no el discurso de ocasión.

Contra sus políticas de eliminar la esperanza, resistir teniendo esperanzas a montones.

Organizar el aborto ilegal, clandestino, desobediente y seguro, como lo venimos haciendo en toda América Latina. Gritar que abortamos, escribir nuestras historias, grabar nuestras voces, explicar al mundo nuestros motivos.

Contra su misoginia, responder con libertad, descaro  y alegría. Contra su fascismo, responder con desorden y alegría. Esto es una cuestión de vida, de nuestra vida.  Contra su odio a los medios de comunicación, volvernos todos y todas periodistas, caricaturistas, cronistas: informar, informarnos y tener periódicos en el barrio, en la escuela y en la universidad; en el sindicato y en el club de deporte. En todas partes revertir su odio y utilizarlo más bien para organizarnos, para salir del letargo, para experimentar una vez más el poder de la palabra, de nuestra palabra.

Melania es su muñeca, su esposa comprada, su estandarte de cosificación de las mujeres y es uno de sus poderes simbólicos centrales. Luchar contra todas las formas por la  barbieficación de las mujeres, hasta que todas las Melanias de la política mundial tengan que pedir el divorcio, opten por la bigamia, el lesbianismo, salgan gritando en escandalosa huida por la ventana de la Casa Blanca. 

Hay que saber que nos estamos jugando la vida, no el futuro, sino el hoy. En los transgénicos nos jugamos la vida, en la guerra por las materias primas nos jugamos la vida, en la guerra por el control de los precios de las materias primas nos jugamos la vida. Por eso, todas las luchas son importantes y para entenderlas las alianzas insólitas son nuestra única salida. Es urgente  reorganizarnos,  volver a juntarnos en asambleas deliberativas, para compartir amaneceres donde nos relatemos utopías, para apagar la televisión y encender la lucha. 

Que Donald Trump de ser el anuncio del Apocalipsis se convierta en el pretexto para reorganizar la vida. 

Contra el control de la sociedad, volver a la calle que es siempre el gran y verdadero parlamento.
 
Tomar la calle para marchar y marchar cantando y bailando. Tomar la calle para gritar y gritar cantando. Tomar la calle para grafitear y grafitear pintando. Hacer de la desobediencia y la creatividad nuestra principal arma de lucha.

Es el fin de la democracia liberal: votar no sirve para nada. Donald Trump no es un presidente democráticamente elegido, sino que es el resultado de un aparato mundial que hace tiempo en toda elección confisca el voto. Votar no sirve para nada. Las letras donde está escrito que todos somos iguales ya con el neoliberalismo habían perdido todo su significado. Es el tiempo de inventar nuevas utopías y de reescribir nuestras propuestas. Hay mucho por hacer, mucho por disfrutar, mucho por qué luchar. 

Que no te ate el trabajo, porque es una jaula.

Que no te ate la casa, porque más seguro es un barco a la deriva.

Que no te ate la jubilación porque ya la negociaron. 

Que no te aten los hijos, porque las hijas están en peligro. 

Que no te ate nada, ni nadie porque lo que nos estamos jugando es la vida.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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