Marlene tendría 22

miércoles, 18 de octubre de 2017 · 00:00
La primera víctima mortal de la masacre de octubre de 2003 fue Marlene.  Tenía ocho años, estaba en Warisata con su mamá, tuvo el atrevimiento de asomarse a la ventana y un francotirador del Ejército boliviano la asesinó de un tiro dirigido a ella. Su corazón, reventado por una bala, estalló en el pecho de todos y todas nosotras; estalló en el pecho de alteños y alteñas, y su muerte, el fin de su vida que apenas empezaba, encendió la rebeldía generalizada. Ella no es una heroína, es una víctima que ocupa esa gigantesca palabra con todo su cuerpo, como quien ocupa un ataúd. Se le ha quitado lo único que tenía, la vida.
 
Es una víctima muerta por haber nacido en Warisata, por haber nacido india, por haberse atrevido a asomarse a la ventana, dejándonos como único rastro suyo la curiosidad y la desobediencia. 
 
Hoy Marlene tendría 22 años, quiero imaginar lo que podría haber sido su vida, para arrancarle a la lágrima seca ya una última pregunta sin respuesta: ¿por qué?
 
Si Marlene hubiera sobrevivido al paso de los militares por su pueblo, hubiera crecido con el firme recuerdo de ese día y del miedo. Marlene no entendería por qué el gobierno de Evo Morales, que sube al poder gracias a la revuelta de todo el pueblo alteño, los mineros y las provincias del altiplano, se une a los militares, los reconoce y aumenta todos sus caprichos y sus privilegios. 
 
Marlene no sería masista y pensaría que el Gobierno realmente no ha hecho nada por las víctimas de octubre del 2003. Conocería a los papás de la niña muerta en Warisata y sabría que ellos buscan justicia solos, gracias al favor de unos abogados norteamericanos que no les están cobrando nada. 
 
Marlene, con 22 años, pensaría que en Warisata y Achacachi poco ha cambiado. Hay una nueva escuela grande pero ella no ha alcanzado a salir de allí, porque se ha construido recién en el 2015. Hay nuevos ricos que construyen grandes casas en Achacachi, pero esos nuevos ricos son masistas, son atrevidos, altaneros y el bienestar, lo que se dice vivir bien, no ha llegado realmente a su pueblo.
 
Sus productos se venden baratos en los mercados, no alcanza la plata para nada. El transporte de sus productos a La Paz para venderlos  sigue siendo un tormento, la leche de sus vacas o el queso que hace su madre se vende poco y barato en las calles de El Alto, como siempre.
 
Marlene estudia Trabajo Social en la Universidad Pública de El Alto. Le cuesta muchísimo leer y tomar la palabra en la clase, es tímida y va vestida de chota chola. Su educación en el colegio en Warista no ha sido de buena calidad, por eso la universidad le cuesta el doble de esfuerzo.
 
Marlene,que no ha muerto de bala militar en Achacachi, ve sus sueños cada vez más lejos. Sus papás no le pueden ayudar porque su situación no es buena, tampoco encuentra trabajo en El Alto. Ayuda a una tía en la feria los jueves y domingos, y tiene unos 500 bolivianos al mes para vivir y no le alcanza. No puede comprar libros y la biblioteca no es muy buena, no tiene buena iluminación, ni ventilación, ni suficiente espacio. 
 
No hay becas ni nadie a quien le interese la situación de Marlene, una migrante más del campo que quiere ser universitaria. Sueña con terminar la carrera, pero sabe que eso tampoco le garantizará un trabajo. Para tener trabajo hay que estar en el MAS y Marlene es una joven a quien los discursos del MAS y los partidos le parecen todos, simplemente y en sus propias palabras, "puras mentiras nomás”. Las guirnaldas con las que Evo entrega las obras y sale en los periódicos son los ataudes de las víctimas de octubre 2003.
 
Marlene hoy no tiene oportunidades, en la Universidad Pública de El Alto a nadie le interesa todo lo que ella sabe del campo. Habla un aymara perfecto, pero eso en la universidad tampoco le sirve para nada. Sabe hilar y hacer aguayos en telares, y eso tampoco le sirve para nada. Sabe hacer chuño, sabe sembrar y cosechar pero eso no le sirve para nada. Marlene es una anónima, una chota chola migrante perdida en la inmensidad de la planicie de El Alto, en busca de sueños que no alcanza. 
 
Hay nacionalización, hay bonanza, hay gobierno indígena, hay mucha plata, pero nada de eso le ha llegado a esta Marlene que cumple hoy 22 años. 
 
 "El Alto de pie nunca de rodillas”, gritan a lo lejos mientras ella pasa. Y Marlene callada piensa: "El Alto es una escalera y mientras sea un escalera, va a seguir nomás de rodillas”.  

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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