Desde la acera de enfrente

Salvarse de la familia

miércoles, 15 de noviembre de 2017 · 12:00:00 a.m.
Claro que hay crisis en la familia. Se trata de una crisis profunda, de carácter histórico.

Una de las causas más profundas de la crisis de la familia como estructura social es la violencia machista ejercida por el padre contra la madre y muchas veces contra los hijos, y las hijas. Es una violencia que tiene como origen la crisis de un "padre” que se siente amenazado por la libertad de la madre.

 Es la crisis del lugar del padre cuando la madre se sale del lugar de sumisión y servidumbre, y decide trabajar, estudiar, tomarse tiempo para ella misma, vestirse como le gusta, tener amigas.
 
Todas prácticas de libertad de la madre, que el padre experimenta como una amenaza y que muchas veces han terminado en feminicidios, de los cuales los niños y las niñas han sido testigos.

 Hay crisis de la familia fruto del disgusto y el reclamo de las mujeres de no aceptar la forma cómo está distribuido el trabajo doméstico, descargado por el padre en las espaldas de la madre. 

 Hay crisis en la familia en la relación con los hijos y las hijas, y el acceso autónomo de ellos  y ellas a una cantidad importante de información sobre la vida, de la cual ni el padre ni la madre  son los portavoces, portadores y muchas veces ni siquiera los interlocutores.  

 También hay una crisis específicamente sexual en la familia porque: hay una  madre portadora de una insatisfacción sexual de la que no se habla, hay hipocresía en relación a las prohibiciones sexuales sobre las hijas y las permisividades sexuales sobre los hijos, hay incesto y violencia sexual que se calla, hay hipocresía y doble moral paterna. 

 Querer salvar la familia de trans, maricas y lesbianas para preservarla moralmente es un gesto entre otras cosas ridículo. 

 Hace un siglo que se ha conquistado en Bolivia el divorcio y es uno de los mecanismos socialmente más intensamente usados para que especialmente las mujeres decidan más bien "salvarse de la familia” y formen nuevas y múltiples formas de familias más complejas y más lejanas de la autoridad  absoluta de un padre patriarca y patrón.

Con su última sentencia contra la transexualidad, el Tribunal Constitucional le da la espalda a la historia y se aferra a un concepto de familia caduco  y en crisis interna. 

Cristianos y católicos fanáticos que quieren atribuir la crisis de la estructura de la familia patriarcal a la existencia de lesbianas, trans, parejas homosexuales  a otras formas de amor y de construcción de convivencia, lo que están haciendo es buscar, por fuera de los problemas intrínsecos de la familia nuclear patriarcal, un responsable para satanizarlo, condenarlo, para humillarlo y, a través de ese gastado mecanismo de odio, suponer que salvan su pequeño reducto de poder.

Lo que está ocurriendo en Bolivia con la Ley de Identidad de Género, con el aborto, con la Ley 348, con el Nuevo Código de Familias son un conjunto de respuestas incompletas y cuasi desesperadas de parte del Estado de legislar la crisis conceptual y cultural del contrato sexual vigente. Legislan sin realmente ni entender lo que está ocurriendo, ni discutirlo. Ese conjunto de normativas tienen varios errores que expresan el miedo a tratar a profundidad lo que está ocurriendo. 

 Las sectas cristianas fundamentalistas y la Iglesia Católica, por su parte, han penetrado muchas estructuras en los diferentes poderes del Estado. No olvido que Silvia Lazarte, indígena cocalera y expresidenta de la Asamblea Constituyente, corrigió de forma unilateral y arbitraria la definición de matrimonio presente hoy en la Constitución. Lo hizo como cristiana fundamentalista. Se trató de un sabotaje más a la necesidad urgente de redefiniciones conceptuales de la familia, de la maternidad y de la paternidad,  de las libertades sexuales y de formas de soberanía, como el derecho al aborto, que son urgentes.

La Ley de Identidad de Género debió llamarse ley de cambio del dato de sexo en el documento de identidad, pero más allá de eso quienes han hecho ese cambio han accedido a todos los derechos que su condición de hombres o de mujeres les suponen. Prohibirles el matrimonio no es prohibir el matrimonio homosexual, sino prohibir el matrimonio heterosexual; así de nefasto e incompetente, así de ignorante es nuestro Tribunal Constitucional. 

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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