Desde la acera de enfrente

Hambre de dignidad: para Antonella

Hambre de dignidad: para Antonella
María Galindo
miércoles, 22 de noviembre de 2017 · 00:05

“Tener un pene no te hace hombre”, son las palabras con las que Antonella explica su condición de mujer, en el timbre de su voz se siente la profundidad interna desde donde sale esta afirmación, se siente su tensión, su firmeza, sus ojos que miran fijamente y que, aunque no llora, están cargados de lágrimas que no saldrán porque no invoca la pena cuando habla.


 Aunque Antonella sólo intenta explicar su condición de mujer transexual, su afirmación va mucho más allá; no sólo se explica a sí misma, sino que inquieta, interrumpe, pone en jaque las definiciones de hombrecito y mujercita con las que crecemos, con las que construye su discurso misógino la Iglesia Católica y las sectas cristianas, definiciones en las que el propio Estado se apoya.


 La condición sexual no es una mera genitalidad, el sexo no es fijo, rígido, ni binario y no es cuestión de estar o no de acuerdo, sino que es una realidad dada que puedes entender o ignorar. 


 Con esta sola afirmación, que hace desde su cuerpo y con su cuerpo, las instituciones fundadas sobre el binarismo de sexo se sienten amenazadas. Salta la Iglesia a condenarla y salen a la palestra las voces más conservadoras a defender lo indefendible: que ella no puede ser, ni existir, ni ocupar lugar alguno en la sociedad. 


 Antonella ha dado cientos de talleres en todo tipo de espacios para explicar su condición y convertir su historia, y su cuerpo en un libro donde reaprender -qué es el sexo y qué es la sexualidad-. Ha hecho de su cuerpo un espejo donde tú puedas mirarte con otros ojos. La sentencia de inconstitucionalidad de la Ley de Identidad de Género además no la toca porque ella le hizo un juicio al Estado, antes de la demagógica promulgación de esa ley, donde obtuvo el carnet con su nuevo nombre y su título profesional de médica con ese mismo nombre, y apariencia física. 


 Desde su historia de niño nacido en Ancoraimes, desde su historia en el cuartel, donde fue cotidianamente humillado y manoseado; desde una lucha infinita por ser hoy Antonella está en la huelga en la mal llamada “Defensoría del Pueblo”.


 Escribo estas líneas sobre ella para mandarle mi cariño, para decir que está en la huelga sin utilitarismos, sin figuraciones innecesarias. Caminó desde su condición de niño aymara hacia su condición de mujer transexual un camino tan largo que hoy no puede estar en otro lado que no sea la huelga de hambre.


 Hambre de ser, hambre de hablar, hambre de felicidad, hambre de placer, hambre de justicia, hambre de educación, hambre de respeto y dignidad. 


Ella interpela también a las mujeres que creen que ser mujer es tener útero. La condición de las mujeres no es una mera biología y por eso si ella tiene pene o no, no es la pregunta, sino que la pregunta vuelve a ser ¿qué significa ser mujer? Fue Miss Transformismo varias veces y supongo que en las pasarelas buscaba rendir un examen de feminidad, experimentar el deseo masculino sobre su cuerpo, disputar belleza a las mujeres biológicamente definidas. 


 Yo que soy una mujer, que impugno los conceptos de femineidad y masculinidad sobre los que está construida la sociedad, claro que entiendo esa frontera de contradicciones y heridas que esculpen, y taladran el cuerpo de Antonella, -mi cuerpo tiene tantas cicatrices como el tuyo-. 


 A los y las huelguistas les digo: el Defensor les da la espalda porque ya los y las utilizó como un juguete cuando necesitaba espacios de legitimación. La única esperanza de salir con dignidad es presentar el recurso contra el Estado boliviano ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. No necesitan que el Tribunal Constitucional aclare si les restringe el aire, el sol o el derecho de respirar. La comisión fallará a favor de ustedes porque un Estado no puede tener ciudadanxs excluidxs de sus derechos fundamentales. No se dejen confundir, no se dejen desinformar: la huelga es contra las fuerzas conservadoras que campean en el MAS.  


 Este Tribunal Constitucional responde directamente al Gobierno, su línea conservadora expresa el pensamiento del Presidente, y el Tribunal que se viene con las próximas elecciones judiciales será peor aún, porque los candidatos legitimados por el Parlamento son fundamentalistas religiosos que se alistan a negociar votos contra derechos con el MAS. 

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.

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