Desde la acera de enfrente

Del Comité Cívico Femenino a Kuña mbarete

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miércoles, 13 de diciembre de 2017 · 00:07

Las barzolas que fueron las mujeres organizadas para el apoyo incondicional callejero y como grupo de choque del proceso comandado por el MNR en el 52, las actuales Bartolinas Sisas, que no son más la organización de mujeres indígenas campesinas, sino que se han convertido en las barzolas actuales que actúan como grupo de defensa y de choque del MAS, el comité cívico femenino de Santa Cruz, todos éstos, y hay muchos más, son fenómenos en la historia de Bolivia de grupos de mujeres anónimas sin nombre propio, aglutinadas en torno de los intereses de sus “machos” para salvaguarda de “ellos”, bajo la premisa de: “en ausencia de los hombres” estamos las mujeres.


 Desde ya, el Día de la Madre en Bolivia se lo debe a los actos de las llamadas Heroínas de la Coronilla, descritas en el libro de la Biblioteca del Bicentenario Juan de la Rosa, libro que leemos en el colegio y que nos instruye a las mujeres desde pequeñas que debemos actuar en defensa de la patria, en ausencia de los hombres, y que las mujeres debemos salvaguardar privada y públicamente la familia y los valores conservadores de la sociedad y, sobre todo, que somos una especie de ejército de reserva.


 Con las distancias históricas de cada uno de estos fenómenos, podríamos decir que lo que tienen en común este tipo de fenómenos es la necesidad de No problematizar el lugar de las mujeres en una sociedad machista y patriarcal, sino de afirmarlo y subrayarlo. Ellas son la expresión, en todo caso, de afirmación del lugar machista que la sociedad patriarcal nos ha otorgado a las mujeres.


Por eso, por ejemplo, las Bartolinas no cuestionan el machismo del Presidente, sino que lo defienden, como quien defiende a un hijo, y sienten inclusive cierta culpabilidad por desearlo eróticamente, pues es inalcanzable. El amo gusta y disfruta de mujeres blancas, flacas y rubias, y no de gruesas y morenas mujeres indígenas que son buenas para la calle, pero no para la cama.


 En el caso del reciente y fugaz ejemplo de Kuña mbarete en Santa Cruz, una de sus actuaciones más emblemáticas resulta llevar huevos a la Cainco, pidiendo un paro cívico. Las puertas de la Cainco son las puertas del amo, cuyo mando y superioridad parten reconociendo. Son una especie de cara juvenil del vetusto Comité Cívico Femenino, dedicado a la caridad y al bordado de banderas fascistas en el corazón de la cruceñidad. 


 Simbolizar la valentía en el hecho de “portar huevos” ya nos subraya ese contenido machista, ustedes están llamados a actuar como hombres, pero en ausencia de los hombres actuaremos como tales.

Podríamos decir que las mujeres de la derecha, de la izquierda y del indigenismo comparten una misma tragedia: son la cara “femenina”, son el escudo de protección, son el grito chillón del amo masculino que defienden, idolatran y sustentan como soporte en el que éste se apoya, se protege, se esconde y del cual se sirve. 


¿Por qué crear Kuña mbarete si ha hay un Comité Cívico Femenino, me preguntarán ustedes? Por actuar desde la novedad, por despistar, porque el comité ha sido descalificado y ridiculizado ya por el avance feminista en la sociedad boliviana. Por renovar con caras jóvenes y simular el surgimiento de algo nuevo, y, por ultimo, por aprovechar el descontento y la indignación fruto de la contundencia del voto nulo en las elecciones judiciales y la declaratoria  como “derecho humano” de la ambición de perpetuarse en el poder, que ha hecho público ya el presidente Evo Morales. 


Las damas del Comité Cívico Femenino simbolizan el envejecimiento prematuro que la condición de esposa fiel de un empresario supone, simbolizan el cuerpo que ha dejado de sentir placer sexual y que se ha desexualizado en el matrimonio; las mujeres del Comité se han anquilosado en ser las madres de los hijos del empresario y tener en su condición de madres su única legitimidad social.


 Todo esto es importante removerlo en las clases altas y mostrar el rostro sumiso, y denigrante de una mujer que viaja en un cuatro por cuatro con trabajadora del hogar, niñera y jardinero. Kuña mbarete defiende, por supuesto, los intereses de esa misma clase alta, pero tiene en sus primeras filas a chicas jóvenes que no han pasado aún por el suplicio de casarse con un buen partido de la  Confederación de Empresarios privadamente violentos de Bolivia.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.

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