La Paz, Bolivia

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Desde la acera de enfrente

El médico abortero

El médico abortero
No crean ustedes ingenuamente que el médico abortero es un defensor de la despenalización del aborto. ¡No! todo lo contrario, él es un firme defensor de la penalización del aborto porque su negocio mayor es que el aborto sea clandestino. 

Su negocio es que las mujeres lleguen presas del pánico y la vergüenza. Su negocio es no tener que ofrecerles condiciones de internación, de reposo, de higiene y de una cirugía cuidadosa como para no causarles ningún daño. Por eso el médico abortero es un firme defensor público dizque de la vida, hace encendidos discursos entre sus colegas. Se muestra contrario al aborto cuando es el primero en saber de forma directa cuáles son las condiciones de riesgo en las que una mujer que tiene que abortar se encuentra. 

Es inútil discutir con él porque no es una discusión de valores, información o argumentos; la discusión médica sobre el aborto es una discusión teatral, una farsa social, un acto gigante de hipocresía pública. 

El médico abortero tiene casa y auto. Sus hijos van a colegios privados y recientemente se ha hecho socio de una clínica privada, todo gracias al aborto clandestino.

Con los años ha descubierto que puede rentabilizar su negocio cuando el embarazo lleva más de ocho semanas, cuando la mujer va sola, cuando la que aborta necesita ocultar el hecho a su marido.

Tiene un discurso preparado para cada caso: unas veces es un discurso de reproches, otras invoca la responsabilidad, otras apela a las culpabilizaciones. La idea de fondo es intimidar a la paciente y reducirla a la actitud más pasiva posible para que no se crea que tiene derecho de reclamar nada.

El médico abortero en una mañana cualquiera puede llegar a atender hasta ocho mujeres, porque además no les da margen para la recuperación. Anestesia, aborto y fuera. Las mujeres salen adoloridas, todavía un poco atontadas, pasan mucho frío, nada de eso le importa al médico abortero, cuya mina de oro no cuenta sino con las condiciones más precarias. 

Ninguna mujer que pasa por su consulta tiene opción a regresar si tiene dificultades, no hay revisión postaborto, lo que quiere el médico abortero es que desaparezcan y pasen la voz a la próxima amiga necesitada. 

El médico abortero no sabe el devenir de los abortos atendidos, no sabe cuántos terminaron en infecciones mortales, cuántos en otro tipo de complicaciones. 

Sus colegas saben que él se dedica al rubro y que por eso ha hecho dinero rápido y fácil pero nadie se lo reprocha. A más de uno les ha hecho el favor con sus hijas o sus amantes y además sabe que renombradas clínicas de las mejores de todas las ciudades del país hacen también abortos que se registran con otros nombres, así que entre médicos no hay drama, discusión ética, ni señalamiento alguno.

No crean tampoco que el médico abortero no pertenece al honorable Colegio Médico de Bolivia, no, claro que pertenece  y es un miembro reconocido en el medio. Justamente porque es abortero busca refugio en el Colegio Médico para darse un barniz de honorabilidad de un colegio en decadencia, vetusto, no sólo en sus oficinas empolvadas y viejas, sino en la real capacidad de convocar a los médicos y las médicas más jóvenes del país. 

El Colegio Médico logra aglutinar con suerte al 10% de los médicos del país, a muchos no les interesa la membresía porque no supone la pertenencia a una entidad cientificamente prestigiosa, pero justo a nuestro médico abortero, que necesita camuflajes, la pertenencia al Colegio Médico  le viene como anillo al dedo. 

Hay muchos médicos hombres y mujeres que están de acuerdo con el aborto porque atienden en hospitales y centros de salud pública, y ellos mismos reciben los desmanes cometidos por el sistema de aborto clandestino. Están a favor del aborto por razones médicas y éticas: salvar la vida de las mujeres y realizar una atención que al propio sistema de salud pública precario le será más económico, porque resulta de menor costo atender un aborto en las primeras semanas de embarazo que atender una infección por aborto mal practicado o una hemorragia. 

Estos médicos y médicas no pertenecen al Colegio Médico porque no tienen tiempo para pertenecer a una institución que en términos de salud y ciencia nada representa para el país. 
 
María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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