Desde la acera de enfrente

Jóvenes, sexo y placer

miércoles, 10 de mayo de 2017 · 00:00
Con moralismo y morbosidad mezcladas y sin propuesta alguna en la mano, interviene el gobierno municipal y la Defensoría de la Niñez y la Adolescencia una denominada sexparty, donde jóvenes hombres y mujeres menores de edad van a buscar sexo. Nos relata como si fuera un delito que allí se estuviesen repartiendo condones e insta, la triste funcionaria, a "los padres” a controlar a sus "hijos”.

¿No saben ustedes a qué edad los y las jóvenes en Bolivia inician su vida sexual?

Alrededor de los 14 años. ¿Creen que el mandato de virginidad y comprensión del sexo como acto de posesión tiene alguna vigencia? ¿Creen ilusa y ridículamente que una joven que no ha experimentado su sexualidad a través de varias y múltiples experiencias sexuales es mejor, más integra o más virtuosa porque cumple con las exigencias de su madre?

Los y las jóvenes bolivianas tienen graves problemas sexuales que tienen que ver con el acceso a información, con el respeto de su derecho a la exploración sexual, con el placer de la masturbación y de la exploración de sus deseos sexuales en condiciones no violentas, ni moralistas.

Esas condiciones de libertad que todo joven hombre o mujer necesitan en Bolivia no las tienen y, por lo tanto, las buscan por las vías más laberínticas y tortuosas que nos podamos imaginar.

Vivimos en una sociedad ridículamente hipócrita. En la Defensoría de la Niñez y la Adolescencia se protege al padre violador y violento, se condena a la madre trabajadora, no se respeta a la madre en situación de prostitución; se trabaja desde el criterio de la "familia disfuncional”, que no es otro que tener en la cabeza una supuesta familia ideal de papá, mamá e hijitos, que no responde a la realidad y que tampoco en los hechos ese modelo de familia deja de ser patológico y antidemocrático.

Los y las jóvenes necesitan tocarse, desnudarse, besarse hasta la asfixia. Tener placer un día entre amigas y al día siguiente entre amigos, saber que el sexo es soberanía, saber que el sexo no es posesión y saberlo en la práctica personal. Saber que una relación se construye, pero saber también que se rompe. Saber que nadie te puede denigrar, ni insultar por haber tenido relaciones sexuales, saber masturbarte, saber poner un condón, saber que sin condón no aceptas una relación. 

Los jóvenes y las jóvenes tienen en sus padres los peores ejemplos, tienen en sus padres las voces menos confiables y, muchas veces, tienen en sus padres las voces más violentas y más hipócritas.  Ocho de cada 10 víctimas de violencia sexual ha sufrido esa violencia dentro de sus casas y al interior de esa sacrosanta familia. ¿Por qué seguimos repitiendo que el padre es el que tiene el derecho de controlar la sexualidad de la hija? 

Las sexparty seguramente no son la mejor opción para explorar tu sexualidad, como no lo es la pornografía que se vende por montones en las calles, como no lo es el consumo de prostitución.
 
Pero lo que debemos, sin duda alguna,  es preguntarnos ¿qué le estamos ofreciendo a los y las jóvenes en términos de respeto, para que puedan acceder a esa exploración libre que necesitan?

 La intervención con bochorno sólo suma la vergüenza sobre el cuerpo, sólo suma la idea del sexo como algo sucio que hay que reprimir, sólo suma la idea del sexo como un delito. Es una intervención enfermiza que retrata el fascismo en términos de vivencia del cuerpo que vivimos en Bolivia.

Cuando la Policía encuentra dos jóvenes amándose, en una esquina fría y oscura de la ciudad, los humilla como si fueran delincuentes, pero cuando vas a denunciar una violación te tratan como si estuvieras denunciando que te han roto un bolsillo. ¿Es eso justo?

Si yo hubiera tenido hoy 14 años seguramente me hubieran sorprendido en la sexparty, intentando esclarecerme sobre mi temprano lesbianismo. No sé si hubiera tenido la fuerza para reírme en la cara de la funcionaria municipal abochornada.

Sugiero a la tal funcionaria no hacer escarnio de la búsqueda de sexo y placer. Entender que el lecho matrimonial es un refrigerador donde no hay placer y que la gran mayoría de las mujeres bolivianas casadas y monógamas no han experimentado un orgasmo en su vida, y que sus hijas lo sospechan y no lo quieren repetir.

Qué pena me da tanta estupidez forrada de poder para censurar, abochornar y humillar.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
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