Desde la acera de enfrente

Carla y Jesús: nadie descansa en paz

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miércoles, 24 de enero de 2018 · 00:07

Si hoy sabemos lo que les ha ocurrido a Carla y Jesús es por la persistencia, insistencia y ruegos de las familias de ambos. La Dirección de Trata y Tráfico de Personas, a donde acudieron los familiares de Carla y Jesús a denunciar la desaparición de ambos, no mueve un dedo en la búsqueda de nadie, sino hasta que pasan las primeras 72 horas de la desaparición. Suelen recibir la denuncia con desaire, con dejadez y sospechando que ésta es falsa.


 En la Terminal de La Paz, al fondo, hay una pared entera espeluznante de fotografías de desaparecidos y desparecidas, fotocopias selladas con el sello policial de quienes, en su mayor parte, jamás se llega a saber nada. Dicha fotocopia con la descripción de la persona es lo que la Dirección de Trata y Tráfico suele ofrecerte como gran aporte a la búsqueda de tu ser querido. La Dirección de Trata y Tráfico, a cargo de la teniente Coca, se ha dedicado a criminalizar y extorsionar a las mujeres en prostitución, pero nada ha hecho para prevenir la desaparición y trata de personas.


 La Policía no sólo permanece indiferente a la denuncia de la desaparición de las personas, sino, más aún, a las denuncias de violación. Si te violan pero no te matan es como si no se hubiera cometido delito alguno. Se recibe la denuncia con desgano, con sospecha sobre ti. Denunciar una violación en un taxi, en una fiesta, en una calle, en la madrugada, es prácticamente denunciar un hecho del que fueras tú misma la responsable por haber estado allí.


 Tienes que demostrar que te han violado y básicamente la demostración de tal hecho, que la Policía suele aceptar, es de que además te hayan matado. Las violaciones en los taxis y minibuses especialmente son un riesgo cotidiano que las mujeres enfrentamos en nuestras ciudades. Tampoco hay una política de prevención desde el gobierno municipal respecto de un registro de radiotaxis y transportistas, registro que es urgente y que se viene anunciando, pero que no se concreta. 


 En el caso de Jesús y Carla, la Policía se movió por la presión de la familia, por el dolor con el que nos contagió a todos y todas su búsqueda desesperada; por la convicción de que si estaban desaparecidos es porque algo terrible les había ocurrido. Fueron los celulares y los mecanismos electrónicos con los que ambos aparatos cuentan la única pista útil para dar con ellos. 


 El gobierno municipal de La Paz se lavó las manos con una conferencia de prensa en la que declaró que como el lugar era clandestino, ellos no tenían responsabilidad alguna, como si esa respuesta fuera suficiente, como si esa respuesta fuera aceptable. Como si con decirnos que la discoteca era clandestina hubieran cumplido con su trabajo. 


 Pero más allá de las responsabilidades institucionales del gobierno municipal y de la Policía en el desenlace de Jesús y Carla, creo que es importante entender como sociedad lo que a ellos les ha ocurrido.


No son víctimas del destino o la mala suerte, no son víctimas responsables de su propia muerte por haber estado en el lugar equivocado; ambos son víctimas de una forma de violencia que devora nuestras vidas y especialmente las vidas de las mujeres, sin que se esté haciendo realmente nada para frenar este río de sangre.


 Jesús y Carla fueron víctimas de violencia machista. Él y ella se sintieron seguros porque estaban en pareja; sin embargo, Carla era la presa que los asesinos y violadores querían y para violarla mataron a Jesús. Actuaron con total saña y crueldad como si estuvieran siguiendo una ruta que ya conocían y que, probablemente, ya habían probado. Me atrevo a pensar que Jesús y Carla no fueron sus primeras víctimas y que por eso mismo no tuvieron ningún reparo.


 Las mujeres que acompañaban a los violadores también fueron parte del crimen como cómplices socapadoras de la violencia machista y eso también es un hecho recurrente que hay que entender como sociedad. 


 Hoy una mujer en la sociedad boliviana es un objeto disponible, esté sola o acompañada, sea joven o vieja, tenga dinero o no lo tenga, es esa la realidad que hay que cambiar, es esa la realidad sobre la que debemos actuar.


 El caso de Jesús y Carla es espeluznante: él murió por haber estado con ella y haberla defendido; ella fue violada y torturada hasta la muerte por ser mujer.   


María Galindo es miembro de  Mujeres Creando.

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