Desde la acera de enfrente

Feminismo concreto vs. oportunismo tecnocrático y empresarial

Feminismo concreto vs. oportunismo tecnocrático y empresarial
Feminismo concreto vs. oportunismo tecnocrático y empresarial
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miércoles, 14 de febrero de 2018 · 00:08

Insisto en que concretar luchas es la única manera de transformar la realidad. Es la única manera de no dejarse arrastrar ya no por el lodo, sino por la inercia del orden de las cosas que quiere imponernos resignación.

Insisto en que cada concreción pequeña le da un nuevo sentido y un nuevo motivo a las luchas.

 Hace un año, para el 8 de marzo pasado, entramos en grupo  invadiendo sorpresivamente la materia del doctor Antonio Miranda Aliaga, docente emérito de la carrera de Medicina. Invadimos su clase para repudiar públicamente el acoso sexual permanente contra las estudiantes.

 Irrumpimos su clase, colamos en las paredes una caricatura suya desnudo en respuesta a todos los WhatsApp en los que el doctor mandaba primeros planos de sus genitales a sus estudiantes con frases intimidantes.

 Cuando entramos en su aula mientras daba la clase, Antonio Aliaga, abochornado, bajó la cabeza y salió rápidamente, huyendo avergonzado hacia la jefatura de carrera.

 Se logró el inicio de proceso universitario por la comisión de procesos del Honorable Consejo Universitario.

 Ese proceso ha concluido sancionando al doctor Antonio Aliaga Miranda con la destitución de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y la recomendación de protección de la identidad de las víctimas.

 Esta resolución no sólo representa un triunfo de cara a un docente acosador, sino de cara al conjunto del fenómeno de acoso sexual en la UMSA y en la carrera de Medicina. Recibí los documentos oficiales del resultado del proceso de manos de las estudiantes que iniciaron todo; la luz de sus caras, las sonrisas, el cambio en la actitud corporal, la alegría que provoca el triunfo de la dignidad son para esta lucha un alimento.

 No queremos derechos escritos en un papel, sino justicia concreta. Justicia concreta que se ha logrado no simplemente porque hubo un proceso, sino que lo hubo porque la carrera entera se enteró de la denuncia, porque en una mañana todas las esquinas y rincones empolvados de la facultad tuvieron que hablar sobre el tema, porque docentes amigos del acosador tuvieron que doblar nuestro panfleto y guardarlo en sus mandiles, sin decir ni mu. 

 El método que produjo este resultado no fue la cartita que va a parar al basurero, no fue someterse a ser juzgada por las orejas machistas del sistema que empieza por culpabilizarte; el método fue el escándalo, fue divulgar el problema y generar la indignación, el método fue cuidar la identidad de las víctimas y respetar su palabra, el método fue utilizar el proceso contra un docente como aviso contra todos los acosadores de Medicina.

 A esto le llamo feminismo concreto, feminismo de lucha, feminismo no porque está de moda, ni como pose ideológica, sino como acción transformadora.

Las estudiantes que movilizaron todo no son feministas, ni integrantes de Mujeres Creando, son personas que no soportaron el acoso, que tenían miedo, que habían acudido antes a las instancias formales de la universidad sin haber sido escuchadas y que decidieron asomarse a Radio Deseo y Mujeres Creando porque saben que nuestra militancia es la dignidad de las mujeres.

 En nombre de esa militancia, que se ha convertido en una leyenda social en nuestra sociedad, quiero, en  este mismo espacio, denunciar públicamente que el teléfono para hacer denuncias de violencia publicitado por Viva, ONU Mujeres, FIE  y otras entidades oportunistas que aprovecharon la violencia carnavalera contra las mujeres para hacerse propaganda  ha funcionado deficientemente. 

 En El Alto, más allá de las 10 de la noche, simplemente ni se ha contestado el teléfono; en  Beni nunca funcionó, en Sucre tampoco. Tampoco funciona el número si marcas desde un teléfono fijo o desde un celular que no sea de Viva. Se impone el prefijo de Viva en lugar de ser simplemente un 800, como en todo el mundo. 

 Ya es una propuesta mediocre limitarse a hacer una campaña para divulgar un número de la Policía, porque sabemos que esa no es la solución. Pero es inaceptable que encima ese número no funcione. Hice conocer esta denuncia a la exadjunta de la Defensoría del Pueblo Teófila Guarachi, de ONU Mujeres, quien me confirmó que el teléfono funcionaba. No probó justamente en los días y los horarios en que ese teléfono podría ser cuestión de vida para una mujer.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.

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