Desde la acera de enfrente

Cuerpos embanderados

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miércoles, 28 de febrero de 2018 · 00:07

Más banderas que ideas. Más banderas que argumentos. Banderas en lugar de propuestas. Prejuicios detrás de banderas. Prejuicios contra banderas. Banderas para justificar odios. Banderas para justificar racismos. Banderas para justificar corrupción. Banderas para justificar cinismo.

Embanderarse para diferenciarse del “otro”, embanderarse para sentirse con derecho a empujar.

Embanderarse para sentirse con el derecho de reclamarse dueño de la democracia. Embanderarse para sentirse dueño del futuro. Embanderarse para reclamarse en la única posición válida.


 El 21F fue un escenario tóxico y venenoso de banderas, donde la whiphala, la Bandera Nacional y la bandera del Movimiento Al Socialismo (MAS) funcionaron como colores de piel, diferenciadores y estratificadores de las personas.


 Las tres banderas, nacional, whiphala y del MAS, envenenaron el cielo, el aire y las palabras. La bandera marítima no es la excepción en esta trilogía de banderas, sino parte del mismo envenenamiento social; usar el sueño del mar para tapar con una bandera mezquindades y oportunismos.


 El uso más digno de las banderas el 21F fue el que le dieron los y las decenas de vendedores de banderas, que las usaron para lo único que una bandera merece la pena: subsistir. Los y las observé en mi recorrido por toda la ciudad, de nueve a nueve. Los y las vendedoras de banderas tenían la astucia de ocultar la bandera  según el tipo de público tenían, porque sabían que su producto de venta era más explosivo que la dinamita, por lo que directamente ocultaban la que no correspondía al grupo comprador, para luego, pocos metros más allá, volver a ocultar unas para sacar otras. 


 Dice que defendemos la democracia, pero cuánto ha calado en nuestras almas el uso fanático y fascista que la dictadura banzerista hizo de la bandera. Cuando Banzer mataba y tapaba sus crimenes con la Bandera Nacional, cuando Banzer robaba y tapaba su asalto del Estado con la Bandera.

Cuando nos imponía a patadas el respeto por la bandera, mientras la dictadura, con esa misma bandera, tapaba la construcción de un país llenando de privilegios a los militares. Cuánto banzerista ondea hoy la bandera en nombre de la democracia. Tranquilo y sin rubor porque esa bandera nunca dejó de ser suya.


 Dice que  defendemos el Movimiento Al Socialismo y el lugar de los indígenas en la historia cuando usamos la whiphala para tapar los mismos privilegios de oligarcas terratenientes, de soyeros, corruptos asaltantes del Estado,  de militares y policías con la whiphala masista. 


 Las concentraciones respectivas no eran augurio constituyente de razones y sueños, sino  escenarios de embanderamientos, tal cual nos enseñó en los 70 la dictadura. Gentes que no se tomaban la molestia de argumentar nada, porque con ondear su bandera respectiva era suficiente para sentirse dueños de la verdad absoluta. Era suficiente su banderita para sentirse en el bando correcto.


¿Saben como se llama un proceso en el que una sociedad se embandera entera? Un proceso así se llama fascistización, fanatización, exaltación de odios, acallamiento de argumentos, asfixia del desacuerdo, prohibición de la discusión. Un proceso así es un proceso de idiotización, donde el pensar se hace innecesario, donde entenderse con el o la que piensa distinto se hace imposible. Y  el linchamiento violento en el Facebook contra Rilda Paco es un síntoma de eso mismo, no es que no tiene nada que ver.


 Sentí ganas de llorar al final de la jornada y de lavarme del cuerpo los colores de banderas que se me habían quedado adheridos a la piel.


 La venta de banderas es definitivamente un buen negocio, y no me refiero al negocio de los y las sobrevivientes del neoliberalismo que recorren las calles en busca de un comprador de mentiras, me refiero a quienes se camuflan detrás de las banderas.


 No me interesa saber cuál de las movilizaciones del 21F movió más masa, no necesito saber si unos y otros movilizaron estudiantes, trabajadores o llunk’us, porque todos y todas perdimos.


 Tengo sed de futuro, tengo sed de poesía, tengo sed de silencio.


 Necesito saber el origen de las palabras para tratar a cada una de ellas como se trata una planta que acaba de germinar.


 Propongo un desembanderamiento corporal, un desembanderamiento mental.


Propongo vomitar.

María Galindo es miembro de Mujeres Creando.

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