Desde la acera de enfrente

El estríper

miércoles, 07 de febrero de 2018 · 00:07

Baila en el centro de un gran grupo de mujeres dejándonse tocar y despertando una excitación sexual que aflora fluida y rápidamente, como si de un acto de magia se tratara.


 Ellas responden de inmediato con el grito, con la caricia, con la risa nerviosa, con la broma. Nunca falta alguna que no disfruta del show y se queda petrificada y fría en su esquina, esperando que la escena termine.


No falta tampoco aquella que sale a representar a la femme fatale que lleva en el alma desde sus trece años y que quiere bailar con el estríper para darse el gusto de sentirse sensual, y atrevida.


 Se trata de un juego que ha ido convirtiéndose en uno de los atractivos de la noche de Comadres.


 El estríper se siente seguro entre ellas, sabe que ninguna de ellas lo esperará en la puerta para violarlo, ni su pareja lo majará a palos en la casa, ni lo llamarán puto, ni lo denigrarán por ser el estríper de la fiesta de Comadres. Es más, después del show se sentirá felizmente cansado, algo excitado y hasta rebosante de alegría porque todas, y cada una de esas miradas habrán alimentado su ego. No se recogerán después del jueves de Comadres a estrípers asesinados, envueltos en saquillos; ellos regresarán a sus casas sin ser violados en el taxi.


 El estríper hasta se dará el lujo de poner sus límites y, por ejemplo, bailar en calzoncillos y no llegar a mostrar su pene. Ninguna de las escenas que de él se piden representarán humillación, ni menosprecio, por eso el estríper sale ileso de la escena de baile.


 Su baile no es una prueba de potencia viril, ni mucho menos, no es una prueba de fuerza, ni de hombría; el baile del estríper es un baile que no reproduce el machismo que los hombres practican sobre los cuerpos de las mujeres a la inversa.


 Él no baila para ser cosificado, ni reducido al pene. La presencia del estríper no representa la venganza de las mujeres sobre el cuerpo de un hombre, ni representa tampoco la reubicación del falo como el centro de la diversión entre mujeres. El estríper tampoco es el amo de la escena, ni representa mando o poder, es más, queda despojado en cierta medida de su poder masculino.


 El baile del estríper, su presencia y los juegos de su desnudez parcial desatan una escena interesante porque el estríper no es el jefe desnudo, ni el marido desnudo, ni el novio desnudo, ni el amigo desnudo. 


El estríper es la representación fugaz del cuerpo masculino en un papel de complacencia y seducción física que los hombres en la vida cotidiana no ejercen. Ahí el éxito del estríper, ahí su magia, ahí su condición de ficha infaltable de un jueves de Comadres. 


 Un jueves en el que no sólo aflora el hambre de fiesta y libertad entre mujeres, un jueves en el que no sólo aflora la amistad entre mujeres y, por supuesto, el intercambio de  afectos y sexo entre mujeres, sino también un jueves en el que en el fondo de la canasta salen también las frustraciones, las insatisfacciones. Un jueves en el que la respuesta ante tanto machismo no es la queja ni la rabia, sino la fiesta y el baile con estríper incluido.


 Creo que se pueden sacar algunas pistas interesantes de este sentido común que han ido instalando masivamente y desde todas las esquinas imaginables los jueves de Comadres.


 Las mujeres sabemos divertirnos entre nosotras y eso de que una mujer sin un hombre está sola ya no es ni siquiera un mal chiste.


Pero si desde el cuerpo de un estríper me atrevería a ensayar algunas conclusiones, diría que las mujeres estamos ensayando masivamente experiencias de satisfacción sexual que no pasen por la tortura, la humillación ni el masoquismo.


 Me atrevería a decir que la danza del estríper pone a bailar el deseo sexual de una mujer no pasiva sexualmente, sino demandante y activa.


 Me atrevería a decir que la danza del estríper que parece algo tan vanal no es la reiteración de la centralidad del macho en la vida de una mujer, sino la demanda de una forma de sexo y placer diferente a la que hoy ofrecen los hombres en relaciones machistas, y poco creativas. 


 Me atrevería a decir que la mejor respuesta contra la violencia machista no es la denuncia, la repetición rutinaria del sufrimiento, la victimización social, sino la alegría y el atrevimiento que el jueves de Comadres pone en evidencia.
 
María Galindo es miembro de Mujeres Creando.

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