Desde el mirador

De la importancia de los árboles

lunes, 05 de diciembre de 2016 · 00:00
En estos días se habla, con frecuencia y en diferentes ámbitos, de la falta de agua y de la sequía. El tema lo relacionan con el cambio climático global causado por las grandes industrias mundiales. No deja de haber razón pero, en el pedazo que nos ha tocado vivir (nuestro país) muy pocos  señalan y condenan la deforestación.      
 
Acabar los bosques  causa un inmenso daño a la calidad de los suelos y al recurso vital, agua. Bolivia perdió 1.820.000 hectáreas de bosques por efectos de la deforestación en el periodo 2000 y 2010, señaló el estudio Mapa de deforestación de las tierras bajas y Yungas de Bolivia, elaborado por la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN-Bolivia). 

Según los expertos, cuando se elimina un bosque y el terreno es destinado, por ejemplo, a la explotación agrícola disminuye en gran medida la superficie útil para controlar su propio clima y composición química, de ahí podemos deducir que las plantaciones de coca, por ejemplo, ocasionan esa negativa situación (con el agravante de que la zonas ricas en cítricos,  como los Yungas, casi no ofrecen esa producción y tenemos que importar naranjas, mandarinas y otros del Perú).   

Otra faceta es la tala de árboles ilegal para obtener  una variedad de maderas y forma parte del contrabando que reporta importantes ganancias. El inductor subyacente de la deforestación es la agricultura. Mucha gente tala los bosques con el fin de tener más  espacio para sus cultivos o para el pastoreo de ganado. Grandes  grupos de agricultores despejan hectáreas de terreno arbolado  con esa finalidad.

Por otro lado, la deforestación tiene muchos efectos negativos para el medio ambiente. El impacto más dramático es la pérdida del hábitat de innumerables especies. Más del 70% de los animales y plantas habitan los bosques  y muchos no pueden sobrevivir la deforestación que destruye su medio.

La deforestación es también un factor coadyuvante del cambio climático. Los suelos de los bosques son húmedos, pero sin la protección de la cubierta arbórea  se secan rápidamente. Los árboles también ayudan a perpetuar el ciclo hidrológico devolviendo el vapor de agua a la atmósfera. Sin árboles que desempeñen ese papel, muchas selvas y bosques pueden convertirse rápidamente en áridos desiertos.

Por mucho tiempo no se tomó conciencia de algo vital para el país: la conservación  de parques, áreas naturales y la explotación racional de los bosques.  Se adoptó formalmente algunas disposiciones, recién en 1939. Y pasado largo tiempo, en tanto ocurría el descuido de áreas naturales y la depredación de los bosques en el territorio nacional, no se contaba con disposiciones legales hasta hace más de diez años.

Hubo una complacencia generalizada con las leyes de medio ambiente y forestal. Empero, hay sectores que aún no están de acuerdo porque afecta a sus intereses; especialmente aquellos que han explotado irracionalmente ese rubro. Pero en contraposición a esa actitud, más de 300 agrupaciones ambientales, rurales, urbanas, técnicas y empresariales, que particularmente estaban agrupadas en el Foro de Medio Ambiente y Desarrollo apoyaron su vigencia por considerar indispensable preservar los 22 parques nacionales y áreas naturales  con una gran diversidad de fauna y flora. (Ejemplo de esa riqueza ecológica:  en el parque nacional Madidi  se ha registrado 1.080 especies; la misma cantidad de aves de toda la Amazonia sudamericana).
 
Y no fuimos ajenos a la preocupación general por ser, en el mundo entero, un factor determinante para la salud del planeta y de sus habitantes.  Participamos en la  Cumbre de la Tierra de 1992, en Río de Janeiro, Brasil, donde entre más de 150 países suscribimos el acuerdo  Agenda 21, pero lamentablemente no se ha hecho lo suficiente para apoyar ese desarrollo, cuando, además, se produce un natural crecimiento demográfico. 

Actualmente se sigue lastimando esa riqueza  y socavando el bienestar futuro. Antes de lamentar la pérdida de nuestros recursos naturales es necesario  tomar conciencia  con efectivas políticas públicas. Sería irracional seguir depredando las zonas protegidas. 

Es  obligación no perder de vista que los árboles absorben  el dióxido de carbono, que es transformado en substancias nutritivas para la misma planta y el resto de los seres vivos, liberan oxígeno, con sus raíces airean la tierra, purifican el aire,  desempeñan una función vital en la regulación de los ciclos climáticos, en la producción del agua y sirven de alimento y refugio a decenas de seres vivos, incluyendo a los seres humanos. 

Mario Castro es periodista.