Desde el mirador

La urgencia de afirmar la democracia

lunes, 27 de febrero de 2017 · 00:00
El referendo llevado a cabo hace cerca de un año - 21 de febrero de 2016 - que contenía en su pregunta esencial si debían continuar en la posesión del poder del Estado Plurinacional los actuales mandatarios Evo Morales y Álvaro García Linera en un nuevo periodo gubernamental hasta 2025, que los llevaría a una tercera reelección ininterrumpida, sin lugar a dudas,  ha polarizado a la ciudadanía, por el "Sí” y por el "No”.

Como es natural y corresponde a los editorialistas de medios de comunicación social (particularmente si son independientes), lo mismo que a conspicuos analistas, en relación con este tema candente, se han vertido opiniones todas coincidentes en que los resultados de entonces deben ajustarse a la ley y, con mayor razón, a la Carta Magna, que es la ley de leyes. Es bueno recordar una frase célebre del polígrafo y connotado pensador Franz Tamayo: "La única servidumbre que no mancha es la servidumbre a la ley”.

El resultado es harto conocido. El rechazo mayoritario de los ciudadanos se expresó con el "No” mediante el voto y ante el curioso intento gubernamental de desconocerlo se ha recurrido a defenderlo con la Constitución Política del Estado, que señala en su artículo 168 "el presidente y el vicepresidente no pueden ser elegidos por segunda vez consecutiva”. Por su parte, el oficialismo viene ensayando distintos caminos  para dejar sin efecto la respuesta mayoritaria a la consulta efectuada. 

Las argumentaciones de uno y otro lado se han divulgado copiosamente, que resulta ocioso repetirlas (no falta una buena cantidad de personas que se exime de alinearse en uno u otro lado, pero sin embargo no puede alejarse de estas corrientes que hay días se hacen aguas turbulentas). El país se polarizó. Las movilizaciones al recordar un año del referendo despertaron una tensa expectativa, especialmente por temor a enfrentamientos y aún está latente.

No es que queramos mezclar las cosas sucedidas, sino que se mezclaron en la circunstancia. En esta fecha se dio la coincidencia de un cerco a la plaza principal de la ciudad  de La Paz y una marcha de cocaleros de las provincias paceñas de Inquisivi , y Larecaja y los cultivadores de coca de los Yungas de Vandiola, de Cochabamba, exigiendo al Gobierno que se los incluya en la ley de la coca, por habérselos marginado sin explicación, marcha que degeneró en vandalismo. El desborde de los productores de coca llegó al extremo de destrozar la estructura y los equipos  que se habían montado para los discursos de defensa del 21F desde el prisma oficial, donde fueron aprehendidos 183 marchistas, supuestos protagonistas de estos excesos.     

En virtud de la vinculación de estos asuntos  con el periodismo enfocamos estos hechos: uno, que tiene su origen en habérseles dado tanta "cuerda” a los cocaleros que tendrá que ser el propio Gobierno el que ajuste su mandato y ponga la cuestión en su lugar. Dos, particularmente el polémico tema de las movilizaciones por el "Sí” y el "No” del referendo del 21 de febrero  de 2016, cuya vigencia  induce a hacer alguna consideración más.

Los pronunciamientos masivos en la vía pública no están dirigidos a defenestrar a una persona, en este caso Evo Morales, ni exclusivamente van en contra del endiosamiento de un líder. Para quienes enarbolan el "No” lo esencial es una defensa de la democracia. Un sistema de derechos y libertades en el que podría asentarse firmemente todo cambio, inclusive el planteado hace 11 años, que aún es una tarea inconclusa y a veces distorsionada por algunos de sus propios responsables.

No se puede dejar de puntualizar que es esa democracia por la  que se ha combatido denodadamente, y aún se lucha por perfeccionarla,  se la manosea. Consecuentemente, ahora, el dilema radica en que se lastima la democracia y eso provoca reacciones, como las exhibidas en esos movimientos y sustentadas en la preocupación de muchos. 

Como el anhelo predominante es el de fortalecer un auténtico sistema democrático, gratificante para todos sin exclusiones, lejos de la demagogia,  siempre habrá algunos que toquen campanas de alerta para corregir errores y no habrá que prestar oídos sordos a ese llamado, si con sinceridad se quiere servir al Estado, sobre todo para quienes están detrás nuestro que merecen condiciones más favorables que aquellas que nos han dejado a nosotros.         

Aquí bien cabe un profundo pensamiento del Libertador que recogió la historia: "Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el Poder. El Pueblo se acostumbra a obedecerle y él a mandarlo, de donde se originan la usurpación y la tiranía”.

Mario Castro es periodista.