Juancito Pinto y la escuela

Juancito Pinto y la escuela
Juancito Pinto y la escuela
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lunes, 29 de enero de 2018 · 00:06

En una agreste geografía, particularmente altiplánica,  donde la soledad rural se afinca pertinaz, lejos de escasas y  precarias casas-vivienda, he visto a un niño arreando unas cuantas ovejas y que llevaba atada con un “guato” a la pata, una gallina que reemplazaba al “cochecito de juguete” que no lo tenía... caminaba por ahí, pero  no iba a la escuela y, consecuentemente, ese niño no recibió el bono Juancito Pinto.

  De retorno, en un recodo de un camino poco transitado,  he visto unos perros famélicos que corrían como enloquecidos tratando de alcanzar el vehículo en el que volvía y cerca, expectantes, otros niños y niñas con el sombrerito extendido, a los que se les desdibujaba una sonrisa porque los perros que corrían más ágilmente se llevaban en la boca el pan de regalo. Como ellos no van a la escuela también se les va de las manos el bono Juancito Pinto.

Muchos niños en el campo, que puede ser también en el valle o en el trópico, con amplia vegetación,  igualmente con pocos habitantes,  ocurre un cuadro semejante  en relación a su formación educativa.

También en la ciudades, entre ellos varios que trabajan y no pueden ir a la escuela, a los que los tecnócratas, con un eufemismo,  los califican de “parte activa de la economía del país” por esa absorción,  tampoco van a la escuela y, por añadidura,  no reciben el bono Juancito Pinto. 

Los retratos antecedentes no tienen otra intención que la de puntualizar, otra vez, que es indispensable hacer correcciones más profundas, cambiar las viejas  estructuras y que todos los niños (ojalá  todos) tengan la posibilidad de ir a la escuela, que puedan formarse, crecer. Es imposible que un país prospere cuando integralmente no se involucra dignamente a la infancia. 

La creación del bono Juancito Pinto, en el año 2006,  según se señala oficialmente, conlleva la buena intención de evitar la deserción escolar, (empero sobre todo en áreas rurales  las intenciones están muy lejos de su concretización en hechos tangibles) en este caso específico  si bien un bono puede servir para algo no soluciona lo esencial.

Ahora, las inscripciones escolares para el nuevo año lectivo en escuelas y colegios privados, públicos y de convenio en el país  se abrieron el pasado jueves 15 de  este mes y el inicio de clases será el lunes 5 de febrero venidero.

Este asunto vinculado estrechamente al bono Juancito Pinto  ha motivado el comentario. Comenzaré por precisar a quién se le tributó homenaje con este nominativo;  Juancito Pinto  nació en 1867, en la zona Tanque del Agua, de la ciudad de La Paz. Fue  enrolado al Ejército,  a los 12 años de edad, para acompañar a los  defensores del Pacífico  como  Tambor de órdenes   del Batallón Colorados de Bolivia.   

Según documentación histórica fue un adolescente  de tez morena, locuaz, burlesco , hacía bromas con los soldados en largas marchas por el altiplano y las cordilleras.  No abandonaba su puesto de “tambor” sino cuando era relevado a porfía de los Comandantes.

Respecto de esa bonificación convengo en que será más útil, como ya se sugirió, que en lugar de que se les entregue ese dinero se les proporcione  materiales escolares y  ropa; que, por otra parte, daría trabajo a imprentas, talleres, etc. En consonancia con aquello de estimular a la industria boliviana, (porque nadie garantiza que el destinatario del bono sea el niño o la niña, y  quien sabe algunos padres  en lugar de comprar útiles escolares los despilfarren en alcohol).  O, alternativamente,  ese dinero -sumando bonos en  importantes  cantidades- sea invertido en bienes comunes de beneficio para colectividades infantiles.

Las mediciones de asistencia a la escuela, en el sector primario, según expertos, como por ejemplo Ernesto Yánez , Ronald Rojas, Diego Silva,  que ha han estudiado detenidamente el tema, revelan indicadores altos. “Sin embargo, aún existen disparidades importantes” para quienes deben enfrentar costos de oportunidad elevados, para el caso son otros datos que muestran índices de pobreza todavía no superados.

Aquel bono, en todo caso, debe alejarse de los añejos antecedentes del populismo -siglo pasado- que aún nos transmiten escenas en las que el presidente de la República, cual supremo patriarca, arrojaba monedas desde los balcones palaciegos, así como recorría el país repartiendo cargos y prebendas. Bien valdría la pena modificarlo, como se ha sugerido anteriormente.  Acaso sería más conveniente que la transferencia condicionada (que los padres no siempre la  cumplen)  y más cabal  homenaje a Juancito Pinto,  el niño héroe de la Guerra del Pacífico.     

Mario Castro es periodista.

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