Con una sola palabra –gracias- se dice mucho

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lunes, 26 de febrero de 2018 · 00:06

No habían transcurrido  muchas horas del fallecimiento de la connotada arquitecta e investigadora Teresa Gisbert y se difundieron  semblanzas, ponderaciones de su  invaluable legado,   rememoraciones,  obituarios; en fin, cuanto cabe para tributar homenaje a su extraordinaria personalidad y su obra. Sin embargo, en la primera plana de este periódico   –Página Síete, edición  20/2/2018 –  se publicó, junto a una fotografía de su rostro y su nombre, la palabra  “gracias”;  sin duda,   en su más profunda significación.   

Somos muchos (incontables) los que le debemos ese “gracias” por tanto que absorbimos de sus inquietudes, de sus afanes, de sus estudios, quienes estuvimos cerca de ella cuando, como catedrática en la UMSA,  nos enseñaba la materia Historia del arte, y un público en general.

Más tarde, tratando de empaparnos de sus investigaciones,  no sólo porque revelaban emprendimientos originales y las fatigas que conllevan, sino por ser incansable en esa tarea que ella se había propuesto y que las traduciría, con pasión genuina,  en sus tantos libros que enriquecieron la bibliografía nacional.  Entonces, cómo no darle las gracias si, específicamente o en forma general ilustraban y,  en algunos casos,  orientaban para profundizar estudios.  

Ahora es importante también detenerme en una de sus obras más allá  de la restauración, como reservorio que alberga el testimonio invaluable de una parte del patrimonio cultural de la nación, el Museo Nacional  de Arte.

Es pertinente mencionar algunos antecedentes:   su existencia íntimamente ligada  al  talento de quienes han contribuido y contribuyen a nuestra rica historia en materia de artes plásticas se origina en una iniciativa de Cecilio Guzmán de Rojas, cuando se desempeñaba como director general de Bellas Artes, al crearse La Pinacoteca Nacional Pérez Holguín, con otras obras de algunos representativos autores de las escuelas paceña y potosina: Gregorio Gamarra, Diego de la Puente, Gaspar Miguel Berrío, Nicolás Cruz, Leonardo Flores y otros.

Esa base se transforma, por una acción del gobierno presidido por Víctor Paz Estenssoro, –1960–  en el Museo Nacional de Arte. Es entonces que el antiguo palacio Díez de Medina (convertido en una vieja casona) se destina a esa finalidad. 

Abre sus puertas mostrando, inicialmente, el Arte Virreinal de la Pinacoteca.  Para la restauración –diseño y ejecución– se convoca a profesionales de alta solvencia en la materia y se los invita a los prestigiados arquitectos Teresa Gisbert y José de Mesa, quienes siguieron en la ampliación actual y con ellos, en esta última etapa,  los arquitectos Carlos Villagómez y Álvaro Balderrama.

En 2001 se allana una necesidad de mayores proporciones.  Se anexa el edificio colindante de la Asociación de Periodistas de La Paz, que  acepta ceder su inmueble, en canje con su actual sede,  por considerar que el museo debe crecer como bien público de especial trascendencia. La comisión de canje, por encargo de la entidad periodística, presidió  quien escribe esta columna.  

Desde julio de 2002 pasa  a ser parte del conjunto de museos que dependen de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia.

Siendo mayor  la necesidad de ampliar aún más este entrañable Museo Nacional de Arte (por el cúmulo de obras en depósito lo mismo que para contar con más salas temporales), se proyectó la expansión,  ante la expectativa de que llegue hasta la esquina conformada por las calles Comercio y Yanacocha.  En varias ocasiones, conversando con la arquitecta Teresa Gisbert, ella con particular anhelo me decía: “ojalá llegue hasta ahí el museo”.    

Así, con enorme beneplácito general, la casona de esa esquina, conocida  como Villa de París o Taypi Qhatu,  construida en 1768, de estilo barroco mestizo, con portada republicana,  reconocida como Monumento Nacional el 5 de julio de l963, ha sido anexada al Museo Nacional de Arte, y ya, en parte, ha sido habilitada.  Oportunamente le habrán informado a la arquitecta Teresa Gisbert y otro de sus sueños se habrá cumplido.     

Ardua será la tarea de reconstrucción y restauración de este patrimonio del país, como fue, en principio, para los arquitectos Teresa Gisbert y José de Mesa. Según información de la Fundación a cargo de la custodia de este bien patrimonial. Se continuará con trabajos de consolidación estructural, dotación de sistemas especiales de iluminación, seguridad y sistemas de red, además del rescate de la imagen histórica arquitectónica de la fachada.     

Seguirá la existencia del museo como valiosa colección; sin embargo, para su constante vitalidad, no sólo se lo debe asimilar como museo, sino como interioridad siempre en marcha, conciencia del pasado y vocación de futuro.

Mario Castro es periodista.

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