Discriminación:  antes  y ahora

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Discriminación:  antes  y ahora
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lunes, 23 de abril de 2018 · 00:06

Desde su conformación como república la discriminación fue una característica de nuestro país. Históricamente se han registrado los motivos para sellar diferencias.  Mirando sólo esta parte del mundo, en el todo continental, tenemos nuestra parte.  Resultaría elemental  por ser un tema ampliamente divulgado hacer aquí un repaso retrospectivo de lo que provocó esa discriminación, en la que pesó el factor de poder del conquistador sobre el   nativo, al que le puso otro acento el colonizador.

Sin embargo, es inevitable tomar en cuenta los antecedentes para el análisis de los resultados de comportamientos discriminatorios que hoy lamentamos. Sobre la base de viejas raíces culturales la mezcla impuesta de la cultura europea fue el punto de partida. La pugna de imponerse la una sobre la otra. El resultado:  hombres dominantes y otros marginados, a pesar de haber contado con el aporte de estos últimos en la lucha independista.   Al consolidar la nueva nación pervivieron grupos de poder y otros sometidos a los primeros.           

Hasta hoy se confronta esa realidad que genera pugnacidad y entorpece la  convivencia armónica. Cruento fue el intento de superar esa situación parcelada a fuego. Y, sin lugar a engaño, al paso del tiempo se han dado más discriminaciones,  no sólo de la minoría a la mayoría sino a la inversa y aún dentro se sectores de iguales patrones culturales y del mismo pigmento de piel.   

Ubicándonos en la actualidad, cuando se tenía una especial expectativa para eliminar distancias del modo más sabio y pacífico, penosamente nos alejamos de esa esperanza.  No obstante  enarbolar  banderas de cambio, el problema no sólo persiste sino que se lo agrava sembrando  odio. El afán  es político sectario y no disimula su mezquindad por ubicar su enfoque a unas elecciones no tan cercanas y polémicas  en el planteamiento oficialista.

Los argumentos de discriminación son esgrimidos sistemáticamente y el resultado de envilecimiento de algunos grupos sociales lo consiguen. Pero eso no es construir país, ni gobernar para todos.          

Muchos, por conveniencia, la califican de “racismo”.  Viene al caso una puntualización en el análisis sobre el concepto del racismo que es reciente. Se lo define con más propiedad como discriminación, marginalidad,  desigualdad,  postergación de ciertos sectores poblacionales, y esas prácticas deliberadamente se confunden con racismo. En el concepto de racismo contemporáneo actual, no el antiguo en el que se asumía que existían razas, y que se ha desechado.

No existen las razas puras, las razas biológicamente establecidas en grupos “clasificados”  sino que lo que hay son diferencias fundamentalmente culturales.

Sobre definiciones de racismo se puede agregar que una vez descubierto el genoma humano muchos investigadores han descartado totalmente aquello de las razas, planteando que hacen la diferencia características culturales que son aprendidas, adquiridas, establecidas en el contexto que vivimos, y ahí surge la necesidad de mejorar la educación y erradicar la ignorancia. Avala lo apuntado una reflexión nunca desmentida:  “el hombre es producto del medio en que vive”.   

Con la abstracción de hacer una apología de la ideología de un Carlos Montenegro, cuidadosamente analizada en los rasgos de “coloniaje y  nacionalismo” y  remarcada  en la “alianza de clases”   consideramos un planteamiento atinado  para  romper moldes anacrónicos en procura de construir un país. 

Ideología que asentada, con los dos pies en la tierra,  no se enmarcaba en una utopía sino que contrastaba inteligentemente a la posición de la dialéctica materialista de la “lucha de clases”  distante de ser el instrumento político  capaz de alcanzar la unidad entre nosotros.

El momento conflictivo en el que estamos inmersos hace que innumerables ciudadanos, con mando y del llano, con genuina honestidad cívica busquen y hasta sugieran algunas soluciones, pero por qué no  apelar a esa  alianza de clases  que bien enrumbada puede ser la efectiva respuesta a la discriminación.  No habrá que insistir en seguir la vida estrecha de cada etnia, de cada sector, de cada región, amalgamándolas todas no sofoquemos toda grandeza.

Mario Castro es periodista.

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