Desde el mirador

América, elusiva a la unidad

América, elusiva a la unidad
América, elusiva a la unidad
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lunes, 09 de abril de 2018 · 00:06

Un día 14 de abril de 1931 se ha marcado en el calendario  dentro de los hechos trascendentales de esta parte del mundo, como Día de las Américas, es decir de la superficie terrestre y sus enormes recursos  con los cuales contamos.


Este día dedicado a las Américas, según sus promotores, se originó con el objetivo de promover y reforzar los lazos de amistad, la integración e intercambio comercial y cultural entre los países que integran la región. 


Se celebra en esa fecha porque en otra  igual del año 1890 nació la Unión de Repúblicas Americanas, primer antecedente de la actual Organización de Estados Americanos (OEA). Los intentos que repetidamente se  han hecho en la búsqueda de esas aspiraciones ideales, unas  veces han languidecido en poco tiempo, sin faltar enfrentamientos  por intereses  nacionales.


El ejemplo más claro fue que 10 años antes,  Bolivia fue usurpada de sus costas marítimas en el océano Pacífico y gran parte de su territorio, con  una injusta invasión  de Chile.  Por este delicado asunto se han hecho innumerables reclamos directos y a través de organismos internacionales. Las respuestas fueron de parte del país agresor: argucias, sofismas, tergiversaciones históricas y otras falacias, hasta que Bolivia hizo a Chile un juicio ante la Corte Internacional de Justicia, CIJ, con sede en La Haya y ahora se espera solamente una decisión final.     


Sin duda, hoy sería útil que contempláramos, dentro de nuestras latitudes, más que las frustraciones  las posibilidades que tienen los hombres que las pueblan y el generoso territorio que nos cobija  
No obstante lo mucho que se ha explotado en el nuevo mundo, bautizado  así en homenaje a quien trazó sus primeros mapas, Américo Vespucio,  desde que la vieja Europa, cuna de la cultura occidental,  apenas pudo salir de su asombro por el hallazgo de esta geografía llamada como americana, sigue siendo emporio de riquezas y el fecundo territorio que despierta expectativas y esperanzas.


América  -“la tierra firme” de Germán Arcienegas, el continente de las “venas abiertas” de Eduardo Galeano, hoy por hoy, es una región del mundo en la que la dinámica de los acontecimientos y la versatilidad de sus fenómenos son características permanentes, por ello es aún una unidad  esquiva, en etapa insurgente, cuyos pueblos reclaman avanzar juntos.


Ha habido intentos coherentes en busca de una integración,  a través de diferentes organismos creados con ese propósito, que infelizmente en el corto plazo se han adormecido.   Sin embargo, las frustraciones han dejado una sustantiva enseñanza:   evitar que los sensibles intereses particulares entren en colisión porque  puede hacer que se imponga una filosofía unificadora.


A las decepciones habrá que darles una oportunidad histórica. De ahí la excepcional responsabilidad que tienen los mandatarios de los países de América  si saben armonizar criterios. Un acuerdo de esa magnitud podrá ser la meta que se aspira para el futuro colectivo.         


El marco de la Organización de Estados Americanos es el escenario en el que debe tomarse resoluciones que sirvan, a partir de contribuir a superar conflictos  agudos y crónicos de varios países entre sí, para arrimar soluciones a los problemas comunes. No es que los programas de asistencia de la OEA sean de superlativa importancia, su particular influencia, aún en medio de  severas limitaciones  puede cumplir una labor relevante en el campo político teniendo en cuenta el bien común latinoamericano. 


Que los planteamientos teóricos no se limiten a la formulación de buenos propósitos. Una cadena de reuniones cuyas conclusiones aún no llevadas satisfactoriamente a la práctica se registra en la memoria o balance de una elusiva unidad, de una América capaz de ser una unión contestataria  a los colosos mundiales. 


Estamos agrupados geográficamente, pero podemos acentuar aspectos que ya nos unen; territorio, historia, economía y cultura, con toda la dinámica actual que puede transformarnos para no seguir siendo solamente la tierra conquistada, sino una gravitante fuerza en la esperanzada perspectiva  futura.

Mario Castro es periodista.

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