Dársena de papel

Cuando los medios callan

Cuando los medios callan
Oscar Díaz Arnau
lunes, 10 de julio de 2017 · 12:00:00 a.m.
Callan los medios públicos y privados. Callan los medios blandos y duros. Callan los medios que median y los que no median. Callan los medios por las buenas o por las malas. Callan los medios por publicidad. Callan los medios por impuestos. Callan los medios por licencias de medios. Callan por "órdenes superiores”. Callan "por favor”. Callan "o te callamos”. Callan los medios por miedo. Callan por obligación. Callan por necesidad. Callan por el puño en alto. Callan por cualquier signo político. Callan los medios, callan. Pero si callan, las redes hablan. Hablan y hablarán hasta que les cierren la boca con cinta, con grapa, con una media, con papel. Con el papel(ón) de una ley que atentará contra el derecho a manifestarnos libremente por las redes y por los medios.
 
"Cuando los medios callan, las paredes hablan”; "Cuando los medios callan, las redes sociales hablan”; "Cuando los medios callan, lo alternativo dice presente”. Esos son algunos de los mensajes que, siempre en el mismo sentido: "cuando los medios callan…”, pueblan el Facebook y otros espacios de comunicación democrática a los que los gobiernos autoritarios no han podido callar... todavía.
 
"Si los medios callan; las redes hablan” es un grupo boliviano de Facebook que tiene alrededor de 62.000 miembros. Pienso que no se hubiera creado, al menos con ese nombre, de no creerlo necesario. En su lógica, si hablan las redes es porque los medios callan. Así también, para que las redes "hablen”, antes debe darse la condición de que los medios —masivos o tradicionales de comunicación— enmudezcan.
 
¿Por qué las redes sociales tienen que salir a contar lo que los medios no cuentan? ¿Por qué callan los medios cuando callan?
 
Callan por distintas razones. Los medios públicos, generalmente, por complicidad, por llunk’erío. Los privados por temor, para no ser perseguidos. Callan, los unos y los otros, porque callando se evitan problemas. Porque callando al menos tienen trabajo.
 
Pero hay algo que no pueden evitarse y es la presión. La presión que es de doble vía porque presionan a los medios públicos y a los privados, a los blandos y a los duros, por las buenas o por las malas. Presionan porque no saben tratar a los medios de otra forma y lo incómodo del asunto es que esto no es privativo de ningún gobierno: pacientemente han ido perforando un hueco en la democracia de los medios por donde hoy gotea la libertad.
 
El problema es que si los medios callan, los periodistas trabajan como secuestrados: tienen la voz embargada y actúan con miedo. No hay nada más patético en el periodismo que sus hacedores se muevan guiados por la deontología del miedo.
 
Hay un problema mayor: si los medios callan, la sociedad no se entera. Pero como el pueblo se ha vuelto (tecnológicamente) sabio, cuando los medios callan, otros hablan por ellos. "Cuando los medios callan, las paredes hablan”; "Cuando los medios callan, las redes sociales hablan”; "Cuando los medios callan, lo alternativo dice presente”.
 
Hay gobiernos que se esfuerzan y destinan millones en la creación de reparticiones ministeriales con ejércitos de tuiteros y feisbuqueros para callar a los medios. Y casi, casi lo logran. Pero lo que no pueden es callar al pueblo.
 
No todos callan todo el tiempo. Pero todos callan alguna vez. Callan los medios públicos y privados. Los medios blandos y duros. Los medios que median y los que no median. Por las buenas, por las malas. Por publicidad. Por impuestos. Por licencias. Por "órdenes superiores”. "Por favor”. Callan o los callan. Callan por miedo, por obligación, por necesidad. Pero si callan, las redes hablan. Hablan y hablarán hasta que les cierren la boca con cinta, con grapa, con una media, con papel.

Oscar Díaz Arnau es periodista.
124
2