Dársena de papel

Presidente, hágalo por los suyos

lunes, 21 de agosto de 2017 · 12:00:00 a.m.
¿Quién hubiera imaginado hace sólo algunos años al humilde Evo Morales yendo en contra de los principios que le valieron una fama mundial de insobornable protector del medio ambiente? ¿Qué le pasó al Presidente menos acicalado del planeta? ¿Por qué ahora firma la sentencia de muerte de un parque nacional como el TIPNIS? ¿El problema mayor es la carretera que atravesará esa reserva natural, la prepotencia del poder que desoye la voz del pueblo o el desconocimiento de las raíces? ¿Es posible que un presidente indígena ordene arrasar con su propia casa, rasgarle el útero a la Madre Tierra?

Haciendo un repaso periodístico de los años de su gobierno, este parece ser el corolario de lo que algunos llaman la "decadencia moral” del Presidente boliviano. Después de Caranavi, Chaparina y Apolo; de la represión ejercida contra los guaraníes de Takovo Mora, que en la comunidad Yateirenda reclamaban por la autorización para explorar las áreas protegidas en busca de petróleo y, a más de un lustro de haber asumido su error, de nuevo el TIPNIS, los métodos que plantea para impulsar el desarrollo de los pueblos originarios alimentan las dudas respecto al interés real de Evo Morales en el sector indígena.

Por otro lado está la representación. El indígena es sinónimo de humildad, no por cómo viste ni por cómo vive, sino por cómo esencialmente es. Y el Presidente ha ido perdiendo la humildad como esencia del indígena. No sería raro que para los indígenas conscientes de la desobediencia a sus principios, a los valores de su cuna, a los mandatos de sus ancestros producto de luchas milenarias, el hecho de que se les vincule con él después de las anotadas descortesías implique no ya un motivo de orgullo, como hace 12 años, sino de mácula.

En aquellos dignos años, cuando muchos concluíamos que Bolivia merecía ser dirigida por un presidente indígena, este país no figuraba en el mapa. Al asumir Evo Morales, aunque fuera desde la mirada condescendiente o como un hito más propio del exotismo que de la justicia, el mundo viró su rostro hacia el nuestro. Reparó en nuestra pobre existencia.

¿Recuerdan al hombre humilde de sonrisa franca que en el exterior, sobre todo, lo identificaban por su chompa roja? En aquellos meritorios años el Presidente indígena paseaba su discurso de defensa de la Pachamama y eso parecía lo correcto. Era coherente: ¡qué mejor que el presidente indígena de un país con una diversidad extraordinaria como Bolivia levantara las banderas de la conciencia y exigiera un desarrollo equilibrado del hombre en armonía con la naturaleza! Eso, es bueno recordarlo, hizo Evo Morales.

Ahora, a título de "desarrollo”, todo cambió radicalmente. El mismo gobierno progresista, el mismo indígena que enorgulleció a los pueblos originarios del planeta y también a muchos de los que no lo son, hoy quebranta los fundamentos más elementales de una reserva ecológica levantando la intangibilidad del TIPNIS.

Presidente, en su momento usted promovió la construcción de la carretera por el corazón del TIPNIS y luego, con tino, decidió suspender ese proyecto. Lo hizo después de escuchar a su pueblo manifestarse con una sacrificada marcha, la última de un total de nueve en un periodo de 12 años, realizada por indígenas como usted.

Hoy, cuando se le cuestiona que abra las puertas de la intervención a un territorio indígena y parque nacional mientras proclama a los cuatro vientos la defensa de los derechos de la Madre Tierra, el mundo espera de usted aquel mismo gesto de grandeza.

Por último, Presidente, no lo haga por ese mundo al que cuestiona a menudo por encontrar en él atisbos de neoliberalismo. Sea de nuevo coherente, no proceda como cualquier hijo del capitalismo salvaje. Mejor respete a sus antepasados, hágalo por los suyos.

Oscar Díaz Arnau es periodista y escritor.
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