Agua de mote

¡Tragedia!

Por 
viernes, 16 de febrero de 2018 · 00:07

Superado por los acontecimientos -devastado, en realidad- escribo estas líneas mientras están en curso las investigaciones que determinarán las causas de los desgraciados hechos ocurridos en la ciudad de Oruro, en plena época de Carnaval. Esta circunstancia no me permite racionalizar dicha situación dado que, de momento, son más, muchas más, las preguntas que todos nos hacemos, que las respuestas; la primera de ellas es: ¿tiene alguien en este momento un atisbo de respuesta siquiera?


 Escribo pues desde las entrañas emotivas. Lo hago dejando de lado otras preocupaciones que merecerían este valioso espacio de la prensa -de hecho, venía elaborando otro asunto- porque me sentiría miserable si no manifestara mi sentir al respecto.


 El país ha vivido un remezón de proporciones ante la singularidad del evento, por llamarlo de alguna manera que, literalmente, sacudió la ciudad de Pagador en dos oportunidades, dejando un saldo lamentable no sólo en términos de pérdida de vidas, sino en otros aspectos que surgen luego de la otra pregunta de rigor: ¿por qué?


 Hablo de un solo evento en dos tiempos, porque las características en ambos son similares, más allá de si resultare haber sido obra de mano humana o de otro tipo de origen. Otra pregunta: de ser esto último, ¿de qué estaríamos hablando?


 El rumbo informativo dio un giro violento el sábado 10 de febrero. Hasta que se difundieron los primeros reportes vía redes y confirmar la veracidad de los mismos, las portadas de los periódicos de occidente ya estaban ingresando a la rotativa con una fotografía central de la entrada folklórica orureña y con titulares referidos a la fastuosidad de la misma. Los periódicos del oriente, lo propio, sólo que con la imagen del Carnaval cruceño. 


 Imagino que al grito de “¡detengan la rotativa!” los periodistas hicieron un drástico cambio a la edición del domingo. La tragedia conmovió al país. ¿Se imaginarían los periodistas que tres días más tarde estarían en similar situación?


 Las imágenes reproducidas públicamente me han hecho volver a sentir el horror que experimenté -varias veces multiplicado por tratarse de nuestros paisanos- en los atentados con gas sarín en 1995, en Tokyo, y en el 11M en Madrid. No estoy diciendo que lo ocurrido en Oruro se trate de un atentado; simplemente menciono a lo que me remitieron las imágenes.


 El 20 de marzo de 1995, sectarios del grupo Verdad Suprema esparcieron gas sarín a lo largo del recorrido del metro de Tokyo. En la desesperación, cuyas escenas estremecen, murieron 13 personas y 6.000 quedaron afectadas por el químico. Sus perpetradores, liderados por Shoko Asahara, fueron condenados a muerte pero, hasta donde tengo información, dicha pena aún no fue ejecutada.


 En España, el 11 de marzo de 2004, se suscitaron una serie de atentados cuyo objetivo fueron cuatro trenes de la red aledaños a Madrid, arrojando un saldo de 193 personas fallecidas y 2.000 heridas.

Esas imágenes volvieron a pasar por mi pantalla mental.


 Dos detalles sobre el 11M: un pariente mío resultó levemente herido en dicho momento y, por ello, recibe desde entonces una pensión que le otorga el Estado. El otro es de carácter político: este hecho se produjo tres días antes de las elecciones generales; José María Aznar, que llevaba una ventaja previa relativamente amplia sobre su contendor, Rodríguez Zapatero, se apresuró a atribuir la comisión de los atentados al grupo terrorista ETA. En cuestión de horas, la situación se dio la vuelta y el partido de Aznar (PP) acabó perdiendo las elecciones ante el PSOE. ¡Los autores del acto terrorista eran del grupo Yhijad!


Las autoridades le deben a Bolivia, en general, y a Oruro, en particular, una explicación sensata de lo ocurrido. La tristeza que nos invade es inconmensurable.

Puka Reyesvilla es docente universitario.
 

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