Vamos a andar

Qué bien el PDC ¿verdad?

viernes, 20 de enero de 2017 · 12:00:00 a.m.
En días pasados hemos sabido del escándalo interno del Partido Demócrata Cristiano (PDC), que se ha mostrado dividido, peleado, cruzado por jugadas sucias que no tenían nada de democráticas —y menos de cristianas—, realmente un espectáculo que deja a la vista la debilidad esencial de la oposición política en este país nuestro. Sabíamos que en Bolivia la oposición es políticamente inepta, que no conoce su propio país, que no es capaz de unirse y menos todavía de renovar algún tipo de liderazgo convincente, pero lo ocurrido el otro día (incluso restándole las hipérboles típicas de la diputada Piérola) supera todo lo esperado.

Pero qué podíamos esperar. Para empezar, el mero concepto de "democracia cristiana” es ya un infundio, ¿desde cuándo la democracia —un concepto esencialmente político— puede tener variantes religiosas?, ¿realmente cabe distinguir una democracia musulmana de una democracia judaica o de una budista? Y dentro de la cristiana ¿se podrá distinguir entre la católica y la bautista, o tal vez la mormona? Por favor, desde su nacimiento la democracia cristiana fue siempre un fraude y si no, veamos su historia en aquellos países donde sí logró constituir partidos de masas: en todos, sin excepción que yo conozca, siempre fueron partidos de derecha (como en Alemania), cuando no de extrema derecha (como en Venezuela, o como en Chile, donde llegó a apoyar el golpe de Pinochet).

 En países donde había propuestas populistas exitosas nunca pasó de ser un taxi-partido (como en Perú, Brasil ¡o en Bolivia!). Y esa condición de partido en miniatura le hacía inevitable tener que ponerse a la cola de la derecha, por eso en nuestro país fue aliada incondicional de la ADN, y con la habilidad suficiente (maña, le llamarían otros) para mantenerse con vida cuando su gran aliado quedaba marginado, que fue lo que ocurrió en nuestro país.

Cuando Tuto Quiroga asumió la jefatura y la candidatura presidencial del PDC estaba reconociendo su carácter marginal y su futuro decadente, y, efectivamente, ahora ni siquiera en el PDC lo quieren; la verdad es que ahí cada uno se quiere a sí mismo y no tiene capacidad —ni ideología— para más. Claro que el resto de los demócratas y democráticos/as tampoco están mejor; pero por lo menos no cometen el fraude ideológico-teológico que caracteriza a la Democracia Cristiana de todo el mundo occidental. Y digo fraude porque se supone que el apelativo cristiana viene de aquel Jesús de Nazareth, llamado el Cristo, cuyo mensaje y cuya vida fueron exactamente lo contrario del PDC.

 Para empezar, es contradictorio llamarle cristiano a un partido político al que nada menos que Lenin (si alguien sabía de partidos era él) define como "germen del futuro Estado”, y el Estado es esencialmente acumulación de poder, por tanto, todo lo contrario de lo que vivió y de lo que predicaba aquel Jesús de Nazaret, que nunca dejó de denunciar al poder constituido, hasta el extremo de que ese poder —el Estado— no lo pudo soportar y ordenó su muerte. Y menos aún cuando se trata de partidos fascistas, es decir, directamente anti-sociales y anti-humanos. 

¿Será compatible ese mensaje de Jesús de Nazaret con la práctica política de Pinochet y de Banzer? ¡Por favor! Por supuesto, todo el mundo tiene derecho de optar por una determinada línea política, pero no tiene el derecho de falsificar su verdadera línea, disfrazando sus tendencias anti-populares y dictatoriales nada menos que con la doctrina y el ejemplo de aquel Jesús llamado el Cristo…

Bien el escándalo del PDC, porque lo deja al desnudo. Ojalá el conjunto de la sociedad —y tal vez algunos militantes de buena voluntad que pudieran estar ahí adentro— saquen las consecuencias; y si quieren ser fascistas, que tengan el coraje de llamarse así y dejen de engañar a la opinión pública…

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 
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