Nuevo Código Penal: ¿De qué tenemos miedo?

viernes, 27 de octubre de 2017 · 00:00
La reforma del Código Penal, por parte de la Asamblea Legislativa Plurinacional, está incorporando una serie de artículos que denotan algo así como temor a posibles movilizaciones o iniciativas de la sociedad civil, cosa inexplicable en un proceso de cambio que parte del respeto y valoración de las iniciativas e inquietudes de esa sociedad civil. Un ejemplo concreto es el Artículo 294, recién aprobado, que dice así:
 
"Las personas que formen parte de una fuerza armada o grupo de personas que se atribuyan los derechos del pueblo y pretendan ejercer tales derechos a su nombre serán sancionadas con prisión de dos años a cuatro años y, cuando corresponda, inhabilitación para el ejercicio de la profesión, oficio o cargo”.
 
Por su parte la Presidenta de Diputados nos explica que con la nueva formulación apenas se cambia el artículo correspondiente del Código Penal vigente (que lleva el número 124), ya que sólo se aumenta la duración de la sanción (de "uno a tres años” se pasa a "dos a cuatro años” de posible prisión). Pero aparte de que dicho cambio es nomás significativo, nos encontramos con que también se añade "la inhabilitación para el ejercicio de la profesión o cargo”, una seria amenaza para ciudadanos o ciudadanas que se atrevan a pronunciarse como parte del pueblo.
 
Pero, además se supone que la elaboración de un nuevo Código Penal es para mejorar el actualmente vigente, y no para reforzarlo en sus puntos flacos. Y en el artículo que nos ocupa la mayor aberración es darle el mismo tratamiento a una "fuerza armada” que a un grupo de personas "que pretenden ejercer los derechos del pueblo”. En el primer caso es evidente que el Estado tiene que intervenir (y eso lo tienen claro quienes se atreven a organizar un grupo armado, si no pregúntenle a nuestro Vicepresidente). En el segundo caso, que merece tratamiento aparte, se tiene que empezar por clarificar qué significa pretender "ejercer los derechos del pueblo”… Para empezar ¿quién es "el pueblo”? Lo que en realidad existe son diferentes sectores u organizaciones populares, que además no tienen por qué estar siempre de acuerdo entre sí.
 
¿Se trata de reprimir a cualquier grupo que se considera "pueblo”? ¿O hay alguna instancia que se sienta autorizada para distinguir quién es pueblo y quién no? Dicho artículo merecía por tanto ser reformado, pero en el nuevo Código no se lo reforma, simplemente se lo refuerza, manteniendo su ambigüedad amenazadora.
 
Uno se pregunta: ¿A qué le temen nuestros/as asambleístas del MAS? ¿Le temen a la oposición? A estas alturas está claro que en Bolivia -a diferencia de Venezuela y otros países vecinos- la oposición no representa ningún peligro. Ni sus partidos ni sus líderes. Para empezar no conocen su país; además su actuación en anteriores etapas históricas fue un tremendo fracaso; y no tienen una sola propuesta digna de tenerse en cuenta. Podemos darnos el lujo de tolerar todas las ideas y propuestas de cualquier grupo sin correr ningún peligro. De hecho de 2006 al 2009 así fue. La participación social era una práctica cotidiana, e incluso frente a las amenazas de la "Media Luna” nuestro Presidente se pudo dar el lujo de formular, como principio, que "a los que piensan diferente que nosotros los tenemos que convencer, no los tenemos que vencer”. Y efectivamente la "Media Luna” se tuvo que rendir (más aún, cuando comprobó que no nos podía derrotar tuvo la capacidad de penetrarnos; pero éste es otro tema).
 
Sin embargo, llevamos ya más de siete años -desde la primera marcha en defensa del TIPNIS- intentando vencer en lugar de convencer; cualquier discrepancia o crítica interna es calificada de traición -cuando no de sometimiento a USAID- y es objeto de amenazas. El miedo es tan grande que parecemos convencidos de que si Evo descansa de ser Presidente por un período estamos perdidos.
 
¡Por favor, compañeros y compañeras asambleístas, represéntennos sin chantajearnos! Ajina kachun.
 
Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
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