Vamos a andar

¿Y quién inventó el desarrollo?

viernes, 06 de octubre de 2017 · 00:00
La semana pasada comentábamos la preocupación de nuestro Presidente por el origen  de la división de poderes. En la misma línea —y motivados por un artículo de Oscar Díaz Arnau— quisiéramos preguntarnos quién inventó la teoría del desarrollo y el subdesarrollo, ahora que nuestro Gobierno parece decidido a sacrificar los derechos de la Madre Tierra en aras del desarrollo, aparentemente comprendido como un derecho humano…

 Y éste sí que fue un invento del imperio norteamericano, concretamente del presidente Truman, que en los años 60 del siglo pasado recorrió nuestro continente explicando que hay países desarrollados y países subdesarrolla dos (ahí el nuestro) y que la solución es que los países subdesarrollados aprendan de los desarrollados, y poco a poco se vayan desarrollando. De ahí el mito del desarrollo que ha marcado la preocupación de muchos de nuestros gobiernos, incluidos los neoliberales.

 Sin embargo, a estas alturas está comprobado que para que los países del sur lleguen a tener, por ejemplo, el nivel de consumo energético que tienen los del norte, haría falta siete planetas Tierra y, escasamente, nos queda uno…  Todo esto no es novedad, fue precisamente a partir de esa reflexión que nuestra actual Constitución dejó a un lado —por engañoso— el horizonte del desarrollo y lo sustituyó por el horizonte del Vivir Bien…

 Sin embargo, hoy asistimos a una permanente argumentación basada en el derecho al desarrollo para justificar, por ejemplo, la carretera por el TIPNIS, haciendo caso omiso de la defensa de dicho parque nacional por la mayoría de las comunidades indígenas que lo habitan y por parte de muchas otras voces, y organizaciones que pretenden seguir defendiendo las derechos de la Madre Tierra.

 Y es en esa línea que nos deprime la información transmitida por Díaz Arnau a propósito de la entrega del parque nacional conocido como la Serranía del Iñao a la empresa petrolera francesa Total. Por lo visto, se trata del último parque nacional formalmente reconocido, con 263 mil hectáreas y poblado por comunidades guaraníes. Lo triste es que, a diferencia de lo que ocurre en el TIPNIS, la población guaraní del Iñao acaba aceptando la presencia de la petrolera Total, sabiendo que eso entraña una amenaza, pero haciéndose la ilusión de que también supone una oportunidad… 

 Algo parecido a lo que ocurrió con los guaraníes de Itika Guayu, en Tarija, y, de alguna manera, con el conjunto de ese tradicionalmente heroíco pueblo —los Iyambae— que después de siglos de resistencia contra el Estado incaico, contra el Estado colonial español y contra el Estado neocolonial republicano, parecen irse resignando a que contra el Estado es inútil pelear. Y esto agravado por el hecho de que sienten que este Gobierno es el suyo y no se quieren pelear con él.
 
Y, por lo visto, a estas alturas la única capitanía guaraní que se mantuvo consecuente y rechazó el ingreso de empresas petroleras ha sido la de Tentayape.

 Sin dejar de lamentar la claudicación del pueblo Guaraní —por lo demás bastante comprensible— no se puede dejar de responsabilizar en primer lugar a nuestro propio Gobierno que, el año 2013, en el III Congreso Internacional Petrolero, expresó que los territorios gasíferos y petroleros, conocidos ya desde mucho tiempo atrás, fueron declarados parques nacionales para que no los exploremos, para que los guardemos, seguramente para alguien… (parece una cita de Rafael Correa). En todo caso, son nuestras autoridades de gobierno las que están buscando argumentos para justificar el olvido definitivo del Vivir Bien y para recuperar el viejo y demostradamente ilusorio horizonte del desarrollo.

Resulta deprimente, pero nos  queda el ejemplo de Tentayape, donde los guaraníes sí han logrado resistir. ¿No es un punto de referencia esperanzador?

Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.
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