Vamos a andar

Conflicto médico y salud pública

viernes, 22 de diciembre de 2017 · 00:05

El carácter dramático que está asumiendo el conflicto médico -más dramático si se tiene en cuenta que la gran mayoría de nuestra población cree nomás en la medicina académica y en los productos farmacéuticos- es en realidad muy complejo. Por una parte, es cierto que existen médicos inescrupulosos e irresponsables que debieran ser sometidos a control (y si es necesario, sancionados); pero también conocemos a médicos responsables, capaces y con vocación que merecen todos los respetos. En todo caso, se puede afirmar que el conflicto no debió haber llegado a los extremos actuales y que ahí ambas partes -el Ministerio de Salud y el Colegio Médico- son responsables…


 Pero lo que más nos debiera preocupar es garantizar que toda la población tenga acceso a servicios adecuados y oportunos de salud, cosa que a estas alturas -luego de 11 años de proceso de cambio- está muy lejos de ocurrir. Nuestro gobierno tiene las mejores relaciones con la Revolución cubana y nunca ha dejado de ponderarla, pero no ha hecho ningún esfuerzo por aprender lo que a estas alturas podemos afirmar es el mayor logro de dicha Revolución: un servicio de salud de alta calidad y totalmente gratuito para toda la población. 


 Cierto que en los últimos años nuestro Gobierno ha construido numerosos hospitales, pero el panorama general de la salud pública no se puede afirmar que haya mejorado. En primer lugar porque el crecimiento de la población ha sido mayor que el de la infraestructura hospitalaria; segundo porque no basta con infraestructura para atender al creciente número de personas enfermas.


 El problema de fondo parece ser el presupuestario. Gracias a un informe preparado por Gastón Cornejo -médico él y exsenador del MAS-, podemos afirmar que el presupuesto de salud (que para empezar siempre aparece como “salud y deportes”, no se sabe si para disimular el bajo porcentaje destinado a la salud propiamente dicha), nunca dejó de ser insuficiente. El año 2016, que por lo visto fue el mejor, el gasto sectorial en salud, “incluido deportes”, fue de 15.955 millones, lo que equivale al 7,35% de los 217.140 millones del Presupuesto General del Estado (gastos consolidados); y al 13,56% para los 117.631 millones del de gastos corrientes; pero sólo el 6,78% de los 235.290 millones del PIB PPA de ese año. 


 Lo menos que cabe preguntar es, por ejemplo, a cuánto asciende el presupuesto del Ministerio de Defensa, ¿será verdad que asciende al 40%? Y aunque llegara sólo al 20% ¿no deja de ser un despropósito? ¿Alguien podrá afirmar que nuestras necesidades de Defensa son mayores que nuestras necesidades de Salud?


¿Ha olvidado nuestro Presidente su prometedora afirmación de que Bolivia iba a seguir los pasos de Suiza (por lo demás un Estado auténticamente plurinacional, buen comienzo para nos acabáramos pareciendo) que ha invertido en industrialización y servicios sociales todo lo que se ahorra en gastos militares, dado que es un país histórica y exitosamente neutral? 


 Pues no, no hemos dado un solo paso para aprender de Suiza. Ni de Cuba, donde por cierto nunca se ha sabido que sus gobernantes vayan a tratar sus problemas de salud en otras partes (mientras aquí tanto el Presidente como los ministros Arce y Ferreira han viajado a curarse en el exterior…).


Pero no sólo nos gastamos el dinero en Defensa, sino también en palacios y edificios suntuarios, en el Rally París-Dakar, en museos que nadie visita, en costosos aviones y helicópteros; gastos todos que pueden tener sentido -eso nadie lo niega-, pero que en ningún caso son menos importantes que la salud de la población. Pero por lo visto ni Suiza ni Cuba son ahora nuestros modelos, ahora el modelo parece que es Guinea Ecuatorial… ¿No estamos a tiempo de recapacitar?


Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba. 

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